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ENTREVISTA

Costa-Gavras: "Toda película es política"

El director de 'Z' y 'Missing (Desaparecido)' ha recibido esta semana el Premi Internacional Catalunya concedido por la Generalitat en su 29ª edición

Quim Casas

El director francés de origen griego, estandarte del denominado cine político de los 70 con títulos como 'Z', 'La confesión', 'Estado de sitio' y 'Sección especial', recibe un galardón que en ediciones anteriores ha recaído en personalidades de la cultura, el arte o la política como Desmond Tutu, Haruki Murakami, Doris Lessing, Jaques-Yves Costeau, Jimmy Carter y Václav Havel. Así que la primera pregunta era obligatoria.

¿Cuál es su sensación al recibir un premio de estas características? Siento una gran emoción. No es un premio de cine y por eso resulta muy particular, sobre todo viendo quienes lo han obtenido en años anteriores.

Siempre ha dicho que el cine puede cambiar, o ayudar a derribar, prejuicios y conductas. ¿Sigue pensando así? El cine ha tenido una influencia enorme. Ha cambiado cosas del mundo y te ha permitido ver como viven muchas otras personas. Antes, para ello, solo teníamos la fotografía. La identificación con los personajes de una película es la forma de ver como vivimos, mucho más que en el teatro. Además, el cine nos ha mostrado nuestros cuerpos desnudos, tal como somos. Aún tengo el recuerdo de la primera vez que vi a una mujer y un hombre desnudos en una pantalla, fue romper la tradición. El audiovisual en general sigue siendo muy importante.

Se le cataloga como director de cine político. ¿Está de acuerdo con ello? Un director es alguien que tiene relación con todo tipo de realidades. Toda película es política, nunca tuve la voluntad de hacer “solo” cine político, hacía las que me interesaban. Política no es votar en las elecciones, es nuestra relación cotidiana con los otros.

“Si alguien hubiera propuesto hacer una película sobre Trump como presidente, nadie lo habría creído, la realidad es más fuerte que la ficción"

Costa-Gravas

Director de cine 

Usted debutó en 1965 con Los raíles del crimen y hasta El capital, su último trabajo por el momento, realizado en 2012 ha dirigido 18 películas. ¿Cómo contempla su obra? Veo mi obra en los ojos de los otros. Mi segundo film (Sobra un hombre, 1967) fue un desastre para la crítica y el público. Después se ha editado en DVD y ha tenido un éxito enorme. Con el tiempo, las cosas cambian… Los filmes viven, no desaparecen. 

Ha dirigido varias películas en Hollywood, como Missing (Desaparecido), El sendero de la traiciónLa caja de música y Mad City, ¿Fue una experiencia complicada? Las hice porque conseguí libertad absoluta, rodando con equipo francés mayoritariamente y haciendo la posproducción en Francia. No quería la tensión permanente que se tiene con las majors.

Uno de sus filmes más importantes en Hollywood es Missing (Desaparecido), sobre el golpe de Estado de Pinochet en Chile. La elección de Jack Lemmon es muy coherente, ya que Lemmon representó al americano medio en el cine de Billy Wilder. Desde el principio le quería para interpretar a este estadounidense que se encuentra con la realidad de la dictadura y represión en Chile. Cuando me reuní con los inversores, las caras de todos cambiaron cuando dije el nombre de Lemmon. Ellos pensaban en Gene Hackman para el papel. Había que resistirse a su manera de ver el cine. La suerte es que el film fue un gran éxito. Hollywood puede ser la meca del cine, pero es una auténtica pesadilla, aunque bien pagada.

Ya imagino que es muy difícil elegir, pero ¿cual sería su película o películas preferidas de las que ha realizado?Los filmes son como los hijos, los que fallan son los que te interesan mucho más. Hanna K, sobre una mujer polaca de origen judío, es una de las que he dirigido que más me interesa, pero nadie quiso verla.

Usted estableció una gran relación con el escritor Jorge Semprún, y con el actor Yves Montand. Los hecho mucho de menos. Con Semprún hicimos tres películas, todas sobre historias verdaderas. La relación con él era cotidiana, vivíamos juntos en casas de amigos en el campo cuando hacíamos un guión. Nos conocimos en un momento muy concreto, en 1968, que fue una explosión cultural, social, política. Todos los de mi generación queríamos ser comunistas, pero debíamos contestar después a los cambios que se produjeron.

Tiene el cargo de presidente de la Cinémathèque Française, una de las filmotecas más importantes del mundo. ¿Cuál cree que es la misión que deben desempeñar? La filmoteca francesa empezó en los años 30 con Henri Langlois. Entonces hizo un trabajo importante, salvar el legado del cine mudo, aunque hoy solo se conserva un 25% de las películas que se hicieron. Langlois tuvo una idea extraordinaria, no solo conservar los filmes, sino también los escritos, libros, pósters… Parecía coleccionismo, pero hoy es auténtica Historia. Las filmotecas son museos de cine. Recuerdo que de joven vi allí películas rusas con subtítulos en chino, pero fui tremendamente feliz con esos hallazgos. Las filmotecas salvan la memoria del cine.

“Los filmes son como los hijos, los que fallan son los que te interesan más"

Costa-Gravas

Director de cine 

¿Cómo percibe los cambios de los últimos tiempos? La revolución digital ha sido importante, cambia la concepción, la economía y la relación del espectador con las películas. Pero también es verdad que grandes grupos como Netflix pueden controlar el cine, si se lo permitimos, y hacer morir la expresión personal. Tenemos una generación política que no entiende el digital ni la mundialización. Creo que es el gran problema que hay en este momento en Europa, sin hablar de la piratería y todo esto.

¿Y el auge de la extrema derecha, Trump como presidente, el brexit, los intentos independentistas, la crisis de la política en general? Todo el mundo tiene derecho a elegir, hay que preservar la libertad. Trump es un caso cómico: si alguien hubiera propuesto hacer una película sobre Trump como presidente, nadie lo habría creído, la realidad es más fuerte que la ficción. La extrema derecha en Francia es una burbuja que se ha pinchado. La gente busca nombres nuevos y jóvenes en política. Ha pasado en Grecia, Italia, Canadá, en España también, en Francia ahora. Ha sido increíble, una persona de 39 años como Emmanuel Macron, que nadie conocía hace dos años, se convierte en presidente. La izquierda tradicional está desapareciendo, no muriendo, pero bajando enormemente, porque no ha dado los resultados de las promesas que había hecho.