31ª EDICIÓN

Peralada despega con la magia de Béjart

La compañía creada por el revolucionario coreógrafo francobelga abre la muestra ampurdanesa con un homenaje al maestro en el décimo aniversario de su muerte

El Béjart Ballet Lausanne.

El Béjart Ballet Lausanne. / MIGUEL ANGEL MOLINA (EFE)

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ESTER TORRAS / BARCELONA

Considerado por muchos el fundador del ballet contemporáneo, Maurice Béjart (1927-2007) quería que la danza fuera "el arte del siglo XX". Para acercarla a públicos masivos, la trasladó de las salas de ópera a grandes espacios, concibió más de 200 coreografías y fundó la revolucionaria compañía Ballet del Siglo XX, que con el tiempo se convirtió en el Béjart Ballet Lausanne. Ahora, cuando se cumplen 10 años de la muerte del maestro, Gil Roman, bailarín que cogió las riendas de la compañía tras la muerte de Béjart, ha querido rendirle homenaje con dos obras muy diferenciadas. Con ellas inaugurará, los días 6 y 7 de julio, la 31ª edición del Festival Castell de Peralada"Empezar esta cuarta década con danza es toda una declaración de intenciones", apunta Oriol Aguilà, director artístico de la muestra ampurdanesa.

La primera pieza que llegará al Auditori Parc del Castell es 't'M et variations…', una "especie de diario personal", dice Roman, en la que maestro y discípulo se reencuentran encima del escenario. "Con esta coreografía respondo a las cartas que Maurice me escribía casi cada día y que nunca le contesté". Aunque buena parte de la correspondencia se perdió en un incendio, el actual director del Béjart Ballet Lausanne confiesa que cuando se siente triste relee las cartas que aún conserva. El vestuario, la iluminación y la decoración son secundarios para el director, quien los ha diseñado "para que no se noten" y así evitar que los espectadores se distraigan con elementos externos.

Lo que no faltará encima del escenario será la música en vivo a través de dos percusionistas, uno de jazz y otro especializado en sonoridades africanas. "La música y yo tenemos una relación difícil, me gusta tanto que en ocasiones se me come", asegura Gil Roman. Para no sentirse "encorsetado por los barrotes de la música", hay fragmentos aleatorios en los que el coreógrafo deja a los músicos dar rienda suelta a la improvisación.

HOMENAJE FESTIVO

La segunda parte del programa, 'Béjart fête Maurice', es un conjunto de diez extractos de coreografías de Béjart, algunas de ellas poco conocidas. Roman ha optado por piezas nacidas entre 1977 y 1993, como '1789… et nous', estrenada en París con motivo del bicentenario de la Revolución Francesa, o 'Patrice Chéreau (devenu danseur) règle la rencontre de Mishima et Eva Perón', que se presentó en Bruselas en 1988. "Este repaso a su trayectoria es un montaje muy festivo con el que quiero mostrar las diversas facetas de Béjart", señala el director. "Mientras la gente lo tildaba de ser el bailarín moderno por excelencia, él hizo cosas muy clásicas".

El espectáculo se cerrará con un fragmento de la 'Novena Sinfonía' de Beethoven, en una coreografía que no tiene nada que ver con la de gran formato que Arantxa Aguirre capturó en el documental cinematográfico ‘Dancing Beethoven’.documental cinematográfico ‘Dancing Beethoven’ "Me resulta difícil ver la película porque hay cosas muy personales y no me gusta hacerlas públicas, pero estoy muy feliz con el recibimiento que tuvo", indica Roman.

NUEVA CREACIÓN

Roman: "He luchado mucho por sobrevivir. Los fans de Béjart enterraron su ballet tras la muerte de Maurice"

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¿Cuál es el legado de Maurice? Esa es la pregunta que más le repiten al director. "Y como no podía responder con palabras, he decidido hacerlo a través de este ballet". A pesar de que Béjart quería que su compañía muriera con él, al final decidió que siguiera adelante porque era el alimento de los bailarines y lo que el público le pedía. "Maurice no quería que tras su muerte la compañía se dedicase a hacer únicamente repeticiones de lo ya existente". Por eso la dejó en manos de un creador, como Roman.

"He tenido que luchar mucho por sobrevivir. Los grandes fans de Béjart enterraron su ballet el día después de la muerte de Maurice", explica. Otra dificultad que pone en peligro la continuidad es la economía: la compañía suiza recibe una subvención anual de cinco millones de euros, una cifra "insuficiente" que solo sirve para pagar a los bailarines y les obliga a buscar financiación exterior.