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Apoteosis forestal con Fleet Foxes en el Vida

El Vida Festival 2017 llegó a su punto álgido con la actuación de estos pioneros del revival folk 'indie'

Juan Manuel Freire

Fleet Foxes, en el Vida Festival.

Fleet Foxes, en el Vida Festival. / MIKA KIRSI

Una de las mejores actuaciones que este cronista recuerda tuvo lugar en el festival inglés End Of The Road en el 2009. Fleet Foxes, pioneros del revival folk indie de la década pasada, presentaban su segundo álbum con un sonido de complejidad catedralicia y armonías vocales celestiales, y el único ruido que sonaba por los alrededores era alguna cigarra. Quedaba bien, iba a juego.

En su disco de regreso tras unos años de parón, 'Crack-up', el grupo de Robin Pecknold se ha mantenido fiel a su visión sutilmente neotradicional. Ni asomo de arreglos coyunturales o intentos de arrastrar su estilo hacia algo claramente 2017. Sus canciones siguen encajando a la perfección en un paisaje natural como, por ejemplo, el del Vida. Mientras todos surfeamos por nuestras pantallas luminosas, Fleet Foxes defienden el gozo de valles, montañas y bosques.

Si los 'hits' de la radio actual se basan en anzuelos repetidos, ellos apuestan en su nuevo repertorio por suites de tres ('I am all that I need / Arroyo seco / Thumbprint scar') o como mínimo dos ('Third of May / Ōdaigahara') partes, en un ejercicio expansivo e impredecible, surcado por fases de cierta experimentación atonal, que exige concentración. No todo el mundo cedió. Hubo que esperar hasta la llegada de los clásicos del primer disco, 'White winter hymnal' en particular, para que se apagaran las ganas de conversación. 

Una emoción salvaje

Al hablar de la cantaora Rosalía sería fácil hablar de postismos, de raíces renovadas, etcétera, pero lo que ayer hizo en El Vaixell fue recuperar con emoción insólita el lamento más antiguo: una voz de otra galaxia explicando la vida en la Tierra. A su lado, Raül 'Refree' elucubraba sobre una guitarra flamenca con influencias punk o del primitivismo americano de John Fahey. Cuando alguien gritó a Rosalía "¡eres muy grande!", ella tuvo la elegancia de contestar señalando a Refree. Son muy grandes.

El Vida contaba ayer con amplia representación catalana, y era interesante observar las reacciones del público foráneo a Rosalía & Refree, Mishima Pau Vallvé. Mishima parecieron convencer por una intuición melódica y fortaleza instrumental que traspasan barreras idiomáticas. En el directo de Vallvé costó más localizar al público de fuera, pero seguramente entenderían su idioma musical: melodías cercanas a los Beatles, 'angst' eléctrico propio de Radiohead o psicodelia marca Pink Floyd, a los que homenajea en 'Nem fent i endavant'.

Ritmos de guerra

Tras el concierto de Fleet Foxes era hora de dejarse hipnotizar por Warpaint, grupo íntegramente femenino que juega hábilmente con referencias de pop gótico, pospunk o hip hop para crear canciones que deben tanto a la melodía como a la atmósfera y al ritmo. Su arma secreta es la batería Stella Mogzawa, febril pero precisa, durante toda la actuación un espectáculo en sí misma.

Arrancaron con la angulosa 'Keep it healthy', siguieron con la más 'groovy' 'Feeling alright', dieron buena muestra de su olfato pop en 'Undertow' y, conforme avanzaba la noche, se rindieron progresivamente a la posibilidad de ser un grupo dance. No quieren que se las conozca como las chicas de 'New song', pero, a tenor de la respuesta del público, el viraje definitivo hacia la pista de baile es todo lo que necesita Warpaint para acabar de despegar.

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