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Un Canet Rock muy vivo

Las 12 horas musicales, consolidadas en su cuarta edición atrapando al público más joven, viajaron por el pop rock más tradicional hasta terminar con la catarsis de Txarango

Ignasi Fortuny

Txarango cerraron el festival de madrugada

Txarango cerraron el festival de madrugada / FERRAN SENDRA

Empezaron mirando las nubes amenazantes y acabaron viendo salir el sol. El tiempo no fue un obstáculo para que el Canet Rock se llenará de nuevo en la que es ya su cuarta edición de la era moderna, consolidando así la gran verbena anual de la música catalana. El festival agotó días antes de su celebración las 20.000 entradas a la venta.

A pesar de la gigantesca competencia festivalera, el Canet Rock repitió éxito gracias a haber atrapado al público más joven. Así,la cita mira al futuro como sus asistentes miraron al cielo al poco de llegar: con optimismo. El gran maratón de la música hecha en Catalunya, este año con solo un grupo de fuera, los valencianos Zoo, reunió lo más nuevo y lo más tradicional. Pop rock de siempre, representado por grupos como Sopa de Cabra o Jarabe de Palo, y el mestizaje que lo impregna todo, como el de Txarangoprotagonistas de la catarsis final.

Este baile anual de fin de curso empezó con los más novatos, Raska, ganadores del concurso de grupos emergentes del Canet Rock. Les siguieron una quincena de grupos. En Canet la música no se detiene hasta que salga el sol. Lo agradecieron los 20.000 asistentes que coparon el mítico Pla d'en Sala. Su inclinación invita a contemplar, hacer la siesta y, más entrada la noche, dejar que las hormonas se revuelquen. «¿Eres de cau?», preguntó ella. «Bueno, yo soy de esplai», respondió él. Se dieron una oportunidad, se convencieron de que podían dejar a un lado las diferencias.

MÚSICA Y POLÍTICA

El festival, además de ser el más juvenil del año, también es el más político. Lucieron estelades -también se vió algún orgulloso andorrano con la bandera del principado- mientras el incombustible Josep Maria Mainat cantaba una divertida versión de 'The final countdown', en una clara alusión a la «cuenta atrás» para el referéndum del 1-O.

Antes, La Iaia había interpretado sus canciones de lenguaje familiar. El grupo de Osona presentaba por segundo día consecutivo su nuevo disco, Tornar a ser u, que 24 horas antes había inaugurado en el Vida Festival. Más entrada la tarde, el festival empezó a coger forma de, como algunos lo llaman, la fiesta mayor de Catalunya.

Gossos, con un directo renovado y enérgico, tuvo el honor de ser el primer gran agitador con Corren, el tema que grabaron con Macaco y sus gallos-falsete.

La noche empezó a caer con Jarabe de Palo, que celebró sus 20 años de vida con sus grandes éxitos. Al mando del coraje de Pau Donés no faltaron BonitoDepende y la veterana, pero cautivadora, La Flaca. Antes de la medianoche, El Amics de les Arts confesó que «hemos venido a robaros las mujeres» con su irónico El gran hit.

Después, el magnífico e imaginativo agitador Miquel del Roig daba paso a uno de los grupos más esperados del maratón: Sopa de Cabra. El grupo ampordanés juntó a varias generaciones alrededor de sus temas más conocidos, una lista que elaboraron los propios asistentes en una votación popular previa.

La madrugada deparaba los ritmos más bailables y combativos. Los protagonizaron Zoo, Itaca Band, Buhos y Doctor Prats hasta la catarsis final con Txarango.

El Canet Rock vive, la música catalana sigue. O al revés.

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