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Josep Maria Flotats: "Europa no ha avanzado, tiene miedo y se está protegiendo"

El actor será nombrado doctor honoris causa por la Universidad Autònoma y regresa con 'Serlo o no' en el Teatre Borràs

David Torras

Josep Maria Flotats, en la platea del Teatre Borràs, en junio pasado.

Josep Maria Flotats, en la platea del Teatre Borràs, en junio pasado. / FERRAN SENDRA

No hace mucho, Josep Maria Flotats recibió una llamada inesperada desde Barcelona. No era una propuesta teatral porque el calendario ya le marcaba el regreso a casa, con la reposición en castellano de 'Serlo o no' en el Teatre Borràs. Pero alguien como él, acostumbrado al aplauso, curtido en mil funciones, sucumbió a la emoción ante lo que asume como mucho más que un reconocimiento personal. El martes, el artífice del Teatre Nacional subirá a un escenario muy especial. Y no para actuar. Será el protagonista de una obra mayúscula, una ceremonia en la que será investido doctor honoris causa por la Universitat Autònoma de Barcelona.

¿Qué sensaciones tiene ante un papel como este? Me siento muy feliz y al mismo tiempo muy sorprendido. Cuando me llamaron para comunicármelo dije: '¿A mí? ¿Por qué?' Y después añadí: '¿Y ya?' Esto se le da a la gente mayor. Como diría Josep Pla, me ha tocado la lotería, una propina suplementaria de la vida. Pero tengo conciencia de que se le da a un hombre de teatro y, a través de mí, a todo el mundo de la escena. Lamentablemente nuestro oficio no está valorado como debería, y es una profesión en una situación muy precaria, muy difícil. La cantidad de actrices y actores que no viven de su oficio es descorazonadora. Este reconocimiento es un homenaje a la gente del teatro, así lo entiendo y así lo recibo. No puedo dejar de compartirlo porque soy lo que soy gracias a todas las personas con las que he trabajado. Y son muchas. Y lo valoro porque es algo raro. Este tipo de premios se suele dar a la gente del cine, no a la del teatro.

"Europa ha vivido a las órdenes de Estados Unidos. Ya está bien que tenga un poco de personalidad"

Y al día siguiente, el estreno. Vuelvo a Barcelona con esta obra y me hace mucha ilusión. Ya triunfó en el Lliure. Recuerdo que se agotaron las localidades el primer día y la gente se quedó en la calle. Despues, hicimos gira por Catalunya, y en la versión castellana, estuvimos en el Teatro Español en otra gira por España. En todas partes ha tenido muy buena acogida.

Y todo empieza con una pregunta entre vecinos: '¿Es usted judío?' Al principio, el autor, Jean-Claude Grumberg, y yo pensábamos que aquí igual no funcionaría tan bien porque el tema judío es bastante desconocido, sobre todo, en comparación con Francia donde sigue vigente. Y ha sido al revés. Se ha entendido y se ha recibido muy bien porque, en realidad, el núcleo del texto tiene que ver con la tolerancia, con el derecho a la diferencia. Mi vecino no piensa como yo, ¿y qué? Mientras mantengamos las reglas de convivencia, de educación, está en su derecho. Y además el autor desmonta todos los tópicos que solemos aplicar ante el desconocimiento con humor y  mucha inteligencia. Un poco a lo Woody Allen, pero en lugar de humor neoyorquino, humor judeo-parisino. Y te hace reir, incluso, sobre temas muy serios y graves.

No es fácil mantener esa línea sin herir según qué sentimientos. Pero como es un humor  tan inteligente, en ningún momento resulta ofensivo para alguien que piense lo contrario. Por ejemplo, uno de los protagonistas de vez en cuando dice: 'Sueño con Hitler'. Y cuando se despiden, el otro le pregunta: '¿Que? ¿Aún sueñas con Hitler? ¿Ha vuelto Hitler?' Y él responde: 'Uy, nunca está demasiado lejos'.

Queda lejos (o no), pero no hay día en que no haya motivos para reflexionar sobre estas cuestiones. Exacto. La tolerancia y la identidad donde sea y de la manera que sea, tanto si eres judío o no, tienes una religión, o formas parte de un país... Dicen que es teatro político en clave de comedia. Casi todo es político, pero yo lo entiendo más como un texto filosófico-humanista. Es lo mejor que puede dar el teatro. Me divierte, me distrae, me instruye, me hace pensar y después provoca el diálogo.

"¿Doctor honoris causa? ¿A mí? ¿Por qué? ¿Ya? Es una propina de la vida y un premio a toda la gente del teatro"

También aparecen las grandes preguntas de la humanidad: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? Y ¿por qué somos lo que somos? O ¿aceptamos ser lo que somos? ¿Estamos de acuerdo con la educación que hemos recibido? ¿Y conmigo mismo? ¿Soy libre? ¿Estoy viviendo de una manera que me han enseñado y que acepto o lo hago porque es una tradición y no hago nada por cambiarlo? Al final, es todo lo que tiene que ver con la libertad individual, el derecho a decidir.

Derecho a decidir. En otro sentido y en clave más política, es el tema que marca el día a día de Catalunya y de España. Cuando elegí la obra en ningún momento pensé que era un tema que iba por esa vertiente política. En la obra se abren puertas, que cada uno interprete y haga lo que quiera. Yo no entro.

¿Y en el 'procés' quiere entrar?. Vivo en Madrid, vengo muy a menudo a Barcelona, pero públicamente me reservo mi opinión sobre este tema. Considero que mi trabajo es hacer teatro y que mi teatro refleja unas ideas humanistas, de democracia, de libertad, de respeto por las minorías, las que sean, y yo lucho gracias a este instrumento. Y ahí me quedo. Cuando vas a votar, se cierra la cortina y es un voto dentro de una urna y es secreto.

En otros tiempos siempre se declaró nacionalista. Siempre me he manifestado a favor del gobierno que abogaba por un Teatro Nacional, fuera del color que fuera. Para mí, el teatro está por encima de todo. Mi sueño siempre había sido tener un gran espacio en el que pudiera crear, recibir,  difundir y conectarse con el resto de Europa. Y vine y lo hice. Voté por el gobierno que quería hacerlo. Si hubiera sido otro, también le habría votado.

"En Madrid hay radios que se dedican a la propaganda anticatalana poniéndonos a todos en el mismo saco"

-¿Y cómo vive desde Madrid el 'bombardeo' constante sobre la situación política de Catalunya? Hace mucho tiempo ya me preguntaban: '¿Cómo recibes todo este bombardeo?' Y entonces no tenía esa sensación. Pero este último año sí que la gente de la calle ha empezado a hacerme preguntas que no me había hecho nunca. 'Uy, ¿vas a Barcelona'. 'Sí, ¿qué pasa?'. Lo dicen como si me fuera no sé dónde. Y la verdad es que por la mañana en Madrid algunas radios se dedican a hacer una propaganda anticatalana sistemática. No es contraria a un gobierno determinado, no, a todos los ponen en el mismo saco. Es desagradable porque crea una situación de tensión y empeora las relaciones entre las personas. Y es lo que decíamos sobre la tolerancia y el respeto a las diferencias. Y, además, hay muchas cosas que no son verdad: como que en Catalunya no se puede hablar castellano, que si hablas catalán no puedes entrar en una tienda, que no te reciben bien. Todo el mundo sabe que es mentira pero siempre hay quien se lo cree. Yo, por ejemplo, hago esta obra en castellano, después de haberla hecho en catalán, con toda naturalidad. Una cosa son las políticas de ciertos gobiernos y otra la riqueza de una lengua y las tradiciones.

En la comparación con las situaciones de la obra, sobre todo en el tema judío, podríamos pensar que hemos avanzado en cuanto a tolerancia y convivencia, pero el día a día nos lo desmiente con imágenes dramáticas y vergonzosas. Quizá no hemos avanzado tanto. La democrática Europa no ha avanzado. Se está protegiendo, tiene miedo, que es lo peor que puede pasar. Hasta ahora ha vivido a las órdenes de Estados Unidos, haciendo todo lo que le decía. Y ya está bien que Europa tenga un poco de independencia, de criterio y de personalidad que no ha tenido. La actuación con los refugiados es terrible. No sé cómo se puede resolver, pero es tristísimo. Hace poco leí una noticia que me puso la piel de gallina. Una pobre barca cargada de gente, que fue abordada por unos piratas libios. Les robaron el motor y los abandonaron. Y la mayoría de los refugiados murió. Es la miseria de la miseria humana. No hay derecho y no se hace nada. España tendría que acoger a no sé cuantos miles y han venido cuatro. Y cada uno tiene su responsabilidad, pero individualmente poco puedes hacer. Este país parece olvidar a los miles de españoles que después de la guerra civil tuvieron que irse y fueron acogidos.

Nos hemos acostumbrado a convivir con este drama. Sí, es terrible. Hace unos días fui a la costa. Me hacía mucha ilusión bañarme, y cuando estaba en el agua, de repente, pensé: 'Este es el mismo mar donde cada día muere gente, niños, mujeres...' Y me sentí muy mal, me entró una sensación de angustia, y tuve que salir. Y ya no pude volver a bañarme.

Para acabar. Se cumplen 25 años del estreno de 'Angels of America', la obra con la inauguró el TNC y que provocó una gran polémica. En Londres la acaban de reponer. ¿No ha pensado en recuperarla? Pues sí. No hace mucho le dije a Xavier Alberti: 'Tengo ganas de volver a montar 'Angels of America', piénsatelo y, naturalmente, tendría que ser en el Nacional'. Estaría bien porque, además, tiene una vigencia rotunda. Entonces era Reagan y ahora es Trump.

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