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Daniela Barcellona y Jessica Pratt, un tándem casi perfecto para "Tancredi"

EFE

Joan Castelló

Daniela Barcellona y Jessica Pratt han formado un tándem casi perfecto y han bordado los papeles protagonistas de la producción de la ópera "Tancredi", de Gioachino Rossini, con la que el Palau de les Arts de València ha cerrado la temporada 2016-2017.

A la excelente actuación tanto de la mezzo Baercellona como de la soprano Pratt hay que añadir la apasionada y esforzada dirección musical de Roberto Abbado, que ha llevado a la Orquesta de la Comunitat Valenciana con una eficaz mano izquierda, ya que la derecha la tenía en cabestrillo debido a una reciente operación de hombro.

En una ópera que exalta el sentido de la patria, narra traiciones políticas, infidelidades no siempre reales y matrimonios de conveniencia, la Barcellona ha estado impecable con su voz portentosa en el papel masculino de Tancredi, mostrando una agilidad y frescura que emocionó al público en varios momentos.

No se quedó a la zaga la soprano británica Jessica Pratt, de voz cautivadora y con una agilidad portentosa, que encarnó una Amenaide que luchadora ante la adversidad, que no se resignaba al matrimonio que había pactado su padre y que mantuvo hasta el final su amor hacia Tancredi a pesar de que él creía que le ha sido infiel.

Pratt consiguió claramente el favor del público con el virtuosismo con que cantó arias y cavatinas como "Più dolci e placide" y "No, che il morir non è", además de mantener bellísimos dúos con Daniela Barcellona.

Las dos protagonistas se batieron el cobre con valentía, ya que sus respectivos papeles son de una gran exigencia vocal. Ofrecieron momentos evocadores en los que, por encima de todo, destacó la belleza de sus voces.

Otra nota positiva la dio el tener chino Yije Shi, en el papel de Argirio, padre de Amenaide, que conquistó al público valenciano y demostró que es un experto rossiniano al dejar patente su virtuosismo en pasajes como el aria "Pensa che sei ma figlia".

Cumplieron con sus cometidos el barítono italiano Pietro Spagnoli (en el papel del vengativo y usurpador Orebazzano), la también italiana Martina Belli (Isaura, la criada de Amenaide) y Rita Marques (Roggiero), del Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo.

La acción de la ópera se ha trasladado desde la Sicilia de los inicios del siglo XI al último cuarto del siglo XIX en un momento histórico en el que emergían los nacionalismos de Estado y en el que se estaba fraguando la Italia unificada.

Las luchas entre familias sicilianas contra el enemigo sarraceno del libreto original se convierten aquí en una especie de intriga palaciega contra un enemigo de la patria no identificado explícitamente.

A esta imagen de lucha palaciega contribuyó en gran medida la escenografía de Daniel Bianco, que nos sumergía en un salón de columnas marmóreas, que igual se convertía en el plenario del senado que en un escenario bélico con las sillas por el suelo y con soldados armados con linternas.

De los tres finales que existen de este drama heroico, Roberto Abbado ha escogido el más humano: Tancredi, que lucha hasta el final por defender a su patria y su honor, muere en brazos de Amenaide sabiendo que su amada nunca le ha sido infiel.

La escena final se desarrolló con un mausoleo a los héroes nacionales en medio de la escena, en el que no faltaban los ángeles caídos y la corona de laurel, una ambientación que concordaba con el vestuario militar de los personajes, diseñado por Pepa Ojanguren.

La versión de Tancredi representada en Valencia es una coproducción de la ópera de Laussanne y el Teatro Municipal de Santiago de Chile, con dirección de escena a cargo de Emilio Sagi.

La última ópera de la temporada en Les Arts no ha despertado un excesivo interés entre los aficionados, que apenas llenaron los tres cuartos del aforo y que, al parecer, prefirieron celebrar en la playa la noche de san Juan.

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