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Robe, temporal en el Palau

El líder de Extremoduro recorrió sus dos discos en solitario en un recital de sonoridad matizada y fondo turbulento

Jordi Bianciotto

Roberto Iniesta en el Palau de la Música.

Roberto Iniesta en el Palau de la Música. / FERRAN SENDRA

Se presagiaba un clima enrarecido este lunes en el Palau: “el cielo no es igual, cambió de forma”, advirtió en su primera canción Robe, sentado en la penumbra, acompañándose de una guitarra eléctrica y de cinco músicos, amigos de su Extremadura natal. Inicio de un concierto distinto, por su forma y por su fondo: el líder de Extremoduro, musicalmente matizado y enriquecido, recorriendo sus dos discos en solitario.

Concierto en dos partes de una hora cada una, cortesía del festival Guitar BCN, en el que Robe se acogió a unas formas musicales originales, ni rock, ni canción de autor, con un poco de ambas cosas, y un violín dramático, líneas melódicas de clarinete y el canto lírico-aflamencado de Lorenzo González. Material denso, con escaladas instrumentales e inflexiones trágicas. Podrá gustar más o menos, pero nadie suena como Robe Iniesta.

INTENSIDAD Y BARROQUISMO

El material del segundo disco, ‘Destrozares. Canciones para el final de los tiempos’, se abrió paso entre el ‘crescendo’ de ‘Hoy al mundo renuncio’ y los aires sentimentales de ‘Donde se rompen las olas’. El violín y los instrumentos de viento, ya fuera clarinete o saxo, acompañaban las estrofas subrayándolas, con momentos de cierto barroquismo. Hay en estas canciones un reflejo antiguo, quizá de cierto rock andaluz setentero, sujeto a un estilo compositivo con un punto imprevisible y de una poética entre empanada y visionaria. Y esos intrincados estribillos que el público cantaba de pe a pa.

Tras ‘Ruptura leve’, esta del disco anterior, ‘Lo que aletea en nuestras cabezas’ (2015), Robe señaló que “son malos tiempos para la libertad de expresión, o que se lo digan a Albert Pla, que está por aquí”, y anunció su intención de “herir” nuestras sensibilidad. “Porque, ¿de qué sirve un filósofo que no hiere los sentimientos de nadie?”, preguntó antes de abordar ‘Nana cruel’, camino de una pieza de llanto, ‘La canción más triste’.

La segunda parte la abrió una cita parcial a ‘Extremaydura’, del grupo madre, con la que el Palau se vino arriba, y que condujo a ‘Cartas desde Gaia’. Repertorio un poco más corpulento, con Robe tocando de pie y elevando la voz para cantar cosas como “bienvenido al temporal / he perdido el interés / en la puta humanidad”. Tocó techo ‘Por encima del bien y del mal’, de trayecto épico, y un bis con, ahora sí, una canción entera de Extremoduro, ‘Si te vas…’, cerrando una sesión severa de un artista que ha creado un mundo propio. 

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