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Slayer, el diablo en escena

El grupo californiano implantó su thrash metal pata negra con una furiosa selección de clásicos en el Primavera Sound

Jordi Bianciotto

Concierto de Slayer en el Primavera Sound.

Concierto de Slayer en el Primavera Sound. / FERRAN SENDRA

De repente, una multitud abandonó despavorida el enorme escenario Mango como si hubiera visto al diablo. Bueno, en cierta forma, era así: comenzaba la actuación de Slayer. Sirviendo al metal desde 1981. Y el contraste entre el delicado Bon Iver, que actuó antes, y su thrash de primera generación fue de los más violentos que se recuerdan en el festival.

El público que se quedó, abundante aunque menor que el del ‘folktrónico’ Justin Vernon y la diva Solange, pudo disfrutar de un señor concierto de Slayer dispensado sin ningún complejo. Como si estuviera en el Rock Fest BCN, donde actuó el año pasado. El repertorio no fue muy distinto, aunque la duración algo inferior facilitó la condensación del material en un arrollador ‘greatest hits’ encabezado por la canción que da título a su último disco, ‘Repentless’.

Tom Araya, a sus anchas, barba blanca de chamán, dirigiendo una sesión especialmente enérgica, con las guitarras de Kerry King y Gary Holt echando gasolina a las llamas en ‘War ensemble’ y ‘Seasons in the abyss’. Araya, que pese a su origen chileno utilizó más el inglés que el castellano al dirigirse al público, tiró de recursos humorísticos conocidos: “ahora vamos a tocar una canción de amor”, soltó al presentar la siniestra ‘Dead skin mask’, inspirada en el ‘serial killer’ Ed Gein, “el carnicero de Plainfield”. Poderosas fuentes de inspiración: su último clásico, ‘Angel of death’, alude a otro perla, el nazi Josef Mengele. 

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