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Ricky Martin, latino y atemporal

El cantante de Puerto Rico se valió de sus éxitos clásicos, con 'crossover', baladas y guiños salseros, para reconquistar a 12.000 fans en el Palau Sant Jordi

Jordi Bianciotto

RICKY MARTIN en el Palau Sant Jordi

RICKY MARTIN en el Palau Sant Jordi / FERRAN SENDRA

El reggaetón y la nueva música urbana han propinado algunos arañazos en la base social potencial de Ricky Martin pero no han podido con él: su música latina crecida en los 90, aquel ‘crossover’ que presumía de “vida loca”, aguanta el tipo. Aunque el astro puertorriqueño se sitúa a las antípodas del aliento callejero de los ídolos emergentes, su pasarela de ‘greatest hits’ causó furor este martes en un Palau Sant Jordi ocupado por 12.000 personas, según la promotora.

Con todo, la parcela más dudosa fue la primera, la más anglófila y pop, con esos ‘Mr. Put it down’ y ‘This is good’ abriendo fuego y el cuerpo de baile, un octeto paritario, desparramado atropelladamente mientras Martin, hecho un pincel, con americana y corbata, hacía de ‘crooner’ ligero engolando la voz. Arranque confuso, aturdidor. No fue hasta la quinta canción que cambió el inglés por el español (‘Adrenalina’) y el público se alzó por fin de sus asientos.

AQUELLA 'VIDA LOCA'

Martin compaginó sus mensajes ‘new age’ (“me llevo mucha luz de este lugar maravilloso”) con el cambio compulsivo de vestuario, cinco, seis veces, de la camisa blanca a la falda tribal en ‘It’s alright’, adoptada por sus bailarines. Antes del ecuador del concierto, el misil de ‘Livin’ la vida loca’, apología dionisíaca en contraste con el posterior vídeo de la Fundación Ricky Martin, advirtiendo que hay “27 millones de víctimas de la trata humana”. Suavizando el choque conceptual, el concierto se reemprendió con ‘Asignatura pendiente’, una balada crítica con la ansiedad materialista y la vida en la ‘jet set’. “Me olvidé que en el suelo se vive mejor”, dice.

Las baladas centraron el siguiente tramo: ‘Disparo al corazón’, un ‘Tu recuerdo’ con guitarras acústicas, ‘Te extraño, te olvido, te amo’ y ‘Vuelve’. Ricky Martin, héroe romántico, víctima del amor. “Tantas noches en vela / aferrado a mi almohada”. Clasicismo relamido, tan lejos, también ahí, del pulso de barrio, del verso duro y el perreo de la última latinidad.

ATRACÓN RÍTMICO

Volvió el ritmo con ‘Adiós’, arrimándose a la cumbia, y de ahí a ese ‘Vente pa' ca’ que le acerca a las audiencias más jóvenes de la mano de Maluma. El Sant Jordi, listo para bailarlo todo: ‘María’, ‘La bomba’ y un ‘Por arriba, por abajo’ con mensajes inspirados en las banderas que salpicaban las gradas. Énfasis en cierto país suramericano: “Venezuela, nunca te quedas callado, ¡habla fuerte, que el mundo te está escuchando!”.

Latinidad desbocada, con gestos salseros, y estribillos que no es preciso escuchar dos veces para que se te peguen, coronados por ‘La copa de la vida’ (la del mundial Francia 98) y ‘La mordidita’, con lluvia final de confeti. La música latina ha dado un vuelco en los últimos años, pero, a ojos de los fans que acudieron al Sant Jordi, Ricky Martin no es antiguo sino un clásico.