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LANZAMIENTO EDITORIAL

Bowie, en un objeto de arte pop

El libro 'Bowie is inside', que acompaña la exposición, combina el despliegue visual con una serie de ensayos sobre los diferentes perfiles del artista

Jordi Bianciotto

Uno de los espacios de la exposición Bowie is en el Museu del Disseny.

Uno de los espacios de la exposición Bowie is en el Museu del Disseny. / FERRAN SENDRA

Si ‘David Bowie is’ ha llenado de preciadas reliquias el Museu del Disseny, el libro que la acompaña no se queda atrás y es, a su vez, una objeto de arte pop, un artefacto de 320 páginas, de 24,5 por 31,5 centímetros, con tapa dura, que Malpaso lanza en edición española y que rinde cuenta de los objetos reunidos con la compañía de textos analíticos ausentes en la exposición. ‘David Bowie is inside’, título del volumen, rinde un ilustrado homenaje al hombre que, como anuncia en las primeras páginas, “abrió las puertas que a otros les habrían cerrado el paso”.

Un libro-espectáculo, con reproducciones a página entera y doble de los trajes y las encarnaciones estéticas que marcaron época: Ziggy Stardust, el Duque Blanco, los abombados pantalones náuticos de la gira de ‘Heroes’, el mono verde inspirado en Le Corbusier. Fotos del álbum personal, de familia, la partitura original para guitarra de ‘Space oddity’, la letra manuscrita de ‘Rebel, rebel’. Con pórticos solemnes: textos de Martin Roth, director del londinense V&A Museum, y los comisarios, Frida Giannini y Paul Withing (traducidos, como todo el libro, por Ezequiel Martínez Llorente), que sitúan a Bowie en un eslabón que conecta con Warhol, Brecht, Nietzsche y Dalí. Alta cultura.

MÚSICO ANTE TODO

Ante tanto festín plástico, está bien recordar que Bowie fue, en primer término, no tanto un icono que marcó tendencias en la moda o un transformista sino, sobre todo, un creador de música, y a esa misión se entrega el compositor y estudioso Howard Goodall en el ensayo situado en el corazón del libro. Un texto contundente y minucioso en el que recuerda que, si a Bowie lo despojáramos de sus “flamantes personalidades”, del pelo rojo de Ziggy y el arlequín de ‘Ashes to ashes’, es decir, si cerráramos los ojos, seguiría siendo “uno de los músicos más significativos del siglo XX”.

Para Goodall, su desarrollo como compositor siguió el camino de Beethoven, Mahler, McCartney y Gershwin, si bien no fue un innovador genuino sino que se situó en una “segunda ola”, con una “muy aguda intuición” para leer el momento y saber el modo de desarrollar su inventiva. No es grave: en esa categoría, apunta, se sitúan todos los grandes, como Bach, Mozart y Wagner.

DE CAMILLE PAGLIA A JON SAVAGE 

Otros ensayos reclaman el interés: Camille Paglia, con su repaso detallado a los cambios de imagen en sintonía con la evolución de los roles sexuales en los 70 y la incorporación del imaginario gay en el pop, y Jon Savage, recorriendo la conversión de Bowie en icono de fans, en líder en transformación para que sus seguidores nunca se cansaran de él, y deleitándose con sus citas con el ácido William S. Burroughs. Y otro intenso texto, de Christopher Breward, sobre “el estilo y el poder de las carátulas (1967-1983)”.

El libro concluye con un mapa del Soho londinense en el que se ubican una veintena de enclaves asociados al artista, muchos hoy ya inexistentes, como el UFO Club o los estudios Trident. Notas que nos recuerdan que Bowie se ha convertido en algo que, en su día, se situó a las antípodas de su figura dinámica: un objeto de museo.