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galardón

Premio al innovador arte total de William Kentridge

El polifacético creador surafricano gana el Princesa de Asturias de las Artes

NATÀLIA FARRÉ / BARCELONA

El polifacético creador William Kentridge, premio Princesa de Asturias de las Artes. / AP / PETER RIMELL

El polifacético creador William Kentridge, premio Princesa de Asturias de las Artes.
El polifacético creador William Kentridge, premio Princesa de Asturias de las Artes.

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Polifacético y multidisciplinario, además de comprometido, son los adjetivos que mejor describen a William Kentridge (Johannesburgo, 1955), el galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Artes de este año. No en vano, el autor surafricano ha tocado todos los palos de la creación, y lo ha hecho con éxito. De ahí el acta del jurado: que lo premia "por ser uno de los artistas más completos e innovadores del panorama internacional". Vean, si no: pese a ser conocido sobre todo por sus dibujos animados, películas dibujadas las llaman los expertos, Kentridge ha cultivado también  el cine y el teatro, la escenografía, el 'collage', el grabado, la escultura y el videoarte. Y  lo ha hecho siempre abordando la sociedad de su país de origen, fuertemente marcada por la división racial y el 'apartheid'. Razón por la cual, además de su virtuosismo, la elección haya tenido en cuenta que "se trata de un artista profundamente comprometido con la realidad". Algo que le viene de familia, pues sus padres ejercieron como abogados especializados en las víctimas del 'apartheid'.

La primera y última gran exposición de su obra por estos lares fue en 1999, cuando el Macba le dedicó una amplia muestra a sus películas dibujadas. Cintas que realiza a partir de dibujos al carboncillo que modifica (borra y añade elementos) a la vez que filma. Y cuyo estilo, tan variado como su creación, remite tanto al dadaísmo y al expresionismo alemán, como a los dibujos animados de los años 60 o a los grabados de Goya. Su pasión por el dibujo le viene de niño, de cuando observaba trabajar con el carboncillo a Damiel Feni, algo que con los años le hizo comprender que no le hacía falta pintar al óleo para ser artista. Y la querencia por la figuración es consecuencia del reto que le lanzó uno de sus profesores de la prestigiosa Johannesburg Art Foundation, donde estudió tras graduarse en Ciencias Políticas y Estudios Africanos por  la Universidad de Witwatersrand.

MAL ACTOR

"Un gran honor"

"Encantado" afirma estar William Kentridge con el premio, galardón que considera "un gran honor" recibir dada la nómina de figuras que lo han cosechado antes que él, "no solo en el campo de las artes visuales y de la literatura, sino también de aquellos que lo han recibido por su trabajo en un contexto más directamente social", afirma. Personajes entre los que destacan Núria Espert, la ganadora de la última edición; Francis Ford Coppola, Frank O. Gehry, y Riccardo Mutti. 
En esta edición el nombre de William Kentridge se ha impuesto a, entre otros, al de Bil Viola, Jaume Plensa y David Hockney.

También pasó por la Escuela Internacional de Teatro Jacques Lecoq de París. Allí descubrió que era un mal actor, cosa que no le hizo abandonar el teatro sino redirigir sus intereses hacia la puesta en escena. Y a esta producción plástica a través del teatro y de la ópera le dedicará una exposición el Museo Reina Sofía de Madrid en octubre. Un aspecto de su trayectoria que tanto en el Palau de la Música como en el Temporada Alta se ha visto recientemente. En el primero, el año pasado, cuando ilustró con videoproyecciones el monumental 'Winterreise (Viaje de invierno)' de Franz Schubert que interpretó Matthias Goerne. En Girona, ha sido programado en tres ocasiones: 'Ubu and the Truth Commission' (2015), 'Woyzeck on the Highveld' (2009) y 'Il ritorno d’Ulisse' (2008), todas obras realizadas con la prestigiosa compañía de marionetas The Handspring Puppet. Pero pese a que empezó y nunca ha abandonado el trabajo escénico, el reconocimiento internacional se lo dieron las artes plásticas tras su participación en la primera Bienal de Johannesburgo (1995) y, sobre todo, después de exponer en la Documenta X de Kassel (1997).

Creador meticuloso y profundo, ha utilizado siempre su obra, independientemente del formato, para expresar emociones relacionadas con la realidad sociopolítica de su país: para hablar del maltrato y del sufrimiento, de la culpa y de la confesión, de la dominación y de la emancipación, pero no para ilustrar directamente el 'apartheid' sino para comunicar su mensaje a través de la metáfora. Obra que  ha expuesto en todos los grandes museos del mundo.  

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