ARTES ESCÉNICAS

Lluís Homar humaniza al villano más despreciable de Shakespeare

Xavier Albertí dirige 'Ricard III' en el TNC con un reparto que incluye a Julieta Serrano, Carme Elias, Lina Lambert y Joel Joan

Lluís Homar junto a Lina Lambert, en ’Ricard III’.

Lluís Homar junto a Lina Lambert, en ’Ricard III’. / MAY ZIRCUS

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ELENA HEVIA / BARCELONA

Apenas un poco de atrezzo ortopédico: un collarín, una bota especial, una leve chepa y dos dedos inmovilizados recalcan lo que debería ser la figura contrahecha de Ricardo III, el villano más maléfico de toda la infame turba que imaginó Shakespeare, lo que no es poco, porque sus malos son de aúpa. El bardo lo quiso físicamente horrendo para que el espectador supiera de un solo vistazo cómo era la abyección. Él es el traidor marginal que no duda en quitarse de enmedio a todo el que se interponga en su camino hacia el trono (que no es el de Hierro, aunque se le parezca mucho). Xavier Albertí desdibuja ese modelo en el ‘Ricard III’, que se estrena este jueves, y no le quita del todo apostura (es difícil hacerlo) a Lluís Homar, protagonista y titular de una de las más sangrientas tragedias (casi una historia de terror) del dramaturgo en lo que apunta a uno de los grandes hitos de la temporada en el Teatre Nacional de Catalunya (TNC), con el permiso de Baryshnikov que visitará el teatro en junio).

Se trataba de hacer un “chimpún”. Con esta onomatopeya (aunque quizá hubiera le hubiera cuadrado más un ale hop) intentan definir Albertí y Homar, el enorme esfuerzo que ha supuesto montar una obra con casi 50 personajes ( podada cuidadosamente por Lluïsa Cunillé) con 14 actores, aunque los agoreros aseguren que solo se debe hacer con 12, so pena de que resulte un fracaso. “Es que somos más chulos que un ocho”, aclara Albertí sin miedo, pero no ello deja de tocar madera.

MAY ZIRKUS

Lluís Homar en un momento del montaje de 'Ricard III'.

La ambición está sobre todo en los nombres. Con una Julieta Serrano, 80 años de nada, feliz de la vida, que hace 15 que no participa en un montaje en catalán y que cumple seis décadas de profesión; Carme Elias; Lina Lambert; Anna Sahun, y Joel Joan. “Porque se necesita un gran instrumento actoral para que se oiga con fuerza esta maquiavélica, diabólica y magistral partitura”. El símil musical de Albertí no es desacertado. ‘Ricard III’ incluye mucha música en directo, con arreglos muy especiales, y el traductor de la pieza, Joan Sellent, que ha optado por mantener el ritmo sin alejarse del original, también lo ve así.

'HOUSE OF CARDS'

Homar confiesa no acabar de saber desde dónde tenía que crear a un personaje que le seducía y la vez le imponía respeto. “Acabo de cumplir 60 años y tenía miedo de llegar tarde”. Leyó mucho, vio a los grandes monstruos que lo ha llevado a escena como Laurence Olivier, Ian McEllen, Ariel García Valdés, Al Pacino o Kevin Spacey (es imposible no ver los apartes con el espectador de ‘House of Cards’ como una consecuencia directa de su ‘Ricardo III’). “El dilema que me planteaba es si es realmente una encarnación del mal o bien un personaje rechazado que actúa en consecuencia. Shakespeare, por suerte, no es explícito y propone hábilmente grietas para que puedas colarte por ellas”, explica el actor. Y recuerda una frase de Thomas Ostermeier, que firmó uno de sus montajes de cabecera: "Un día en la vida todos hemos querido ser Ricardo III". De ahí que produzca una inmensa atracción junto a un profundo rechazo.

MAY ZIRKUS

Joel Joan encarna al duque de Buckinham. 

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Albertí, didáctico y profesoral como siempre, ha construido al personaje con un ojo puesto en Freud. Cómo actuarías cuando tu madre te dice algo tan poco poco cariñoso como: “Lo que tendría que haber hecho cuando naciste es matarte”. “Tradicionalmente suele aplicarse al personaje una idea gratuita de la maldad y yo creo que no hay que olvidar, como asegura Jan Kott, el máximo conocedor de Shakespeare, que esa maldad es ante todo un mecanismo de dolor y de poder”. Quizá el villano no nace sino que se hace. 

Shakespeare escribió la obra para glorificar la dinastía de los Tudor que ascendió al trono en Inglaterra tras la caída de la casa de York, cuyo indigno último representante fue precisamente Ricardo III. Naturalmente ese trasfondo histórico es poco interesante para Albertí, aunque el personaje histórico se le imponga irónicamente. Hace tres años, en la construcción de un párking en Leicester, encontraron la tumba del rey que intentó cambiar su reino por un caballo y, lejos de ser un ser deforme, solo sufría una ligera escoliosis.