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Sant Jordi visto desde Polonia y Eslovenia

Representantes de una quincena de ciudades literarias de la Unesco descubren la fiesta en su visita a Barcelona

ERNEST ALÓS / BARCELONA

Los representantes de las ciudades literarias de la Unesco, en el Ateneu Barcelonès.

Los representantes de las ciudades literarias de la Unesco, en el Ateneu Barcelonès. / CARLES MUÑOZ / MONMAR COMUNICACIÓ

La responsable del programa Barcelona Ciutat de la Literatura de la Unesco, Marina Espasa, ha paseado este fin de semana acompañada de una quincena de representantes de otras ciudades reconocidas por la organización internacional, que han aprovechado su asamblea anual para conocer la fiesta que quiere ser declarada patrimonio de la humanidad y el sistema bibliotecario y editorial catalán. ¿El resultado?

La polaca Justyna Jochym, de Cracovia, coordinadora de la red, dice que lo primero que sorprende es ver que la fiesta inunda toda la ciudad. “Yo creía que veníamos solo a la Rambla. Es muy excitante ver a toda la ciudad, lectores, libreros, editores, implicada, demostrando su amor por el libro;”, confiesa. “También me ha sorprendido hasta qué punto el sistema de librerías es fuerte: la cifra de un 55% de la población con carnet es envidiable”, añade.

A Tina Popovic, de Ljubljana, le impresiona el aspecto comercial de la fiesta. “Con dos millones de eslovenos, nuestro problema es que la base demográfica es baja y además no compran libros; sí leen, y los toman prestados en la bibliotecas, que son muy fuertes. Lo que necesitamos es que compren para que nuestras editoriales sean viables”, apunta.

A Justyna Jochym, de Cracovia, le impresiona que la fiesta no esté limitada, como creía a la Rambla

Jordi Puntí les ha intentado explicar qué hay tras las multitudes que se agolpan frente a las mesas de firmas, esos autores cuya presencia quizá solo han intuido: “La experiencia de firmar es maravillosa y al mismo tiempo una lección de humildad, porque por un lado tienes un contacto directo con el librero y el lector pero por el otro ves cómo las ‘celebrities’ se lo han comido todo un poco, tú tienes tres lectores fieles y ellos 120 personas que quieren un autógrafo”.

Aunque Barcelona se haya tomado como una dosis de autoestima pasar a formar parte de la red de ciudades creadoras de la Unesco en el capítulo de literatura (ese es el reconocimiento real que se obtuvo de la organización internacional, no el de capital de la literatura que a menudo aparece en los discursos de los políticos locales), la lista de integrantes obliga a bajar un poco la pelota al suelo. No ni Nueva York, ni Londres, ni Buenos Aires, ni París…Las que han participado en el encuentro de Barcelona son algunas de las 21 integrantes del club: Edimburgo, Dublín, Granada, Heidelberg, Iowa, Ljubljana, Lviv, Nottingham,  Praga, Reykjavik, Tartu, Cracòvia y Óbidos, con ausentes como Bagdad.

Quizá, como 'efecto capital', sea más relevante que el todopoderoso consejero delegado mundial del grupo Penguin Random House, el alemán Markus Dohle, se haya enamorado de Sant Jordi y ya haya venido a Barcelona en tres de las cuatro últimas ‘diades’. La primera, cuando Núria Cabutí invitó a la cúpula de la multinacional Bertelsmann a celebrar uno de sus encuentros en Barcelona. Las dos siguientes, por puro gusto, con reuniones de trabajo pero también asistencia a festejos de Sant Jordi y paseo con jersey veraniego al cuello. Hasta el punto de bromear con que quizá estaría bien trasladar la sede mundial del grupo a la ciudad catalana. Ese desembarco, a la vera de la sede de su competidor Planeta, eso sí que sería capitalidad.