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CRÓNICA

Los Planetas levantan su catedral

El grupo granadino estrenó 'Zona temporalmente autónoma' en Apolo fundiendo su doble esencia, la cósmica y la pop, y con la aparición sorpresa de Yung Beef, de Los Santos

Jordi Bianciotto

J, en el concierto de Los Planetas en la sala Apolo.

J, en el concierto de Los Planetas en la sala Apolo. / FERRAN SENDRA

Los Planetas, un grupo colocado de un día para otro en el cruce de caminos del amor y el odio, el dinosaurio del ‘indie’, defiende su derecho a relacionarse como le plazca con la realidad, fundiendo misticismo y posicionamiento político en sus nuevas canciones, en las que domina la densidad y la zancada larga. Concierto con liturgia severa y destellos de argot de calle, cósmico y pop, el de este viernes en Apolo, un puñetazo sobre la mesa para estrenar su primer disco en siete años, ‘Zona temporalmente autónoma’.

Trabajo de síntesis, con palos flamencos, cadencias profundas y dinámicos trazos melódicos, cubierto por un aura trascendente, que aportó la mayor parte de su contenido, diez de sus catorce canciones, en una sesión de casi dos horas iniciada con ‘Los poetas’, de ‘Una ópera egipcia’ (2010). Un cambio de última hora: el concierto debía comenzar con ‘Islamabad’, que fue relegada al final. Luego entendimos por qué.

PIEDRA A PIEDRA

El grupo procedió luego a la construcción de su catedral, piedra a piedra, compás a compás, a través de las secuencias hondas de dos canciones nuevas, ‘Soleá’ y ‘Seguiriya de los 107 faunos’, en diálogo con rescates como ‘Señora de las alturas’ y ‘Ya no me asomo a la reja’. El empaque espacial de Los Planetas, en su pleno desarrollo, camino de nuevos estrenos, un ‘Hierro y niquel’ clásico y con punteos de Florent, y el romanticismo sarcástico de ‘Porque me lo digas tú’. De ahí a un ‘Rey sombra’ con tacto ‘shoegazer’, y la imagen de J, descolgándose la guitarra y agarrando el micro con las dos manos para inyectar toda su intención a ‘Santos que yo te pinté’.

Momento de entrar a fondo en el nuevo material, y ahí estuvo el desarrollo al alza de ‘Amanecer’, con cuerdas suministradas por el teclista, Banin Fraile, y el turbio conjuro de ‘La gitana’, envuelto en luces rojas, dando paso a dos momentos pop: ‘Ijtihad’, con esas guitarras tan ‘sixties’, y un ‘Espíritu olímpico’ luminoso, con herencia de The Cure. ¿Los Planetas, rumbo al ‘indie’ pop de los 90? Algo así, porque luego rescataron nada menos que ‘José y yo’, de su segundo disco, ‘Pop’, en un tramo final que incluyó ‘David y Claudia’ y que culminó con ‘Zona temporalmente autónoma’.

Y abriendo el bis, ahí sí, ‘Islamabad’, con Yung Beef, de PXXR GVNG (ahora Los Santos), como cómplice y líder de esas estrofas sobre “calles malas” que “necesitan medicación”. El ‘indie’ y el ‘trap’, compartiendo focos. Operación diálogo. El pop retomó el poder con ‘Un buen día’, ‘Pesadilla en el parque’ y, en otra tanda de propinas, ‘Segundo premio’ y ‘Reunión en la cumbre’, con el grupo contemplando el legado desde lo alto de su torre monumental.

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