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40 años después

La galería Mayoral explora la relación de Millares con Barcelona

La exposición, que reúne 17 grandes arpilleras, es la primera monográfica del artista en la ciudad desde 1976

Natàlia Farré

Una imagen de la exposición en la galería Mayoral con las tres piezas que estuvieron en la Bienal de Venecia de 1958 en primer plano.

Una imagen de la exposición en la galería Mayoral con las tres piezas que estuvieron en la Bienal de Venecia de 1958 en primer plano. / RICARD FADRIQUE

En 1976, la galería Trece inauguraba nuevo espacio en la Rambla de Catalunya y lo hacía con una exposición de Manolo Millares (Las Palmas, 1926-Madrid, 1972). De eso hace 41 años, y esa fue la última monográfica de envergadura dedicada al artista canario en Barcelona. Mucho tiempo de olvido para uno de los grandes del arte de posguerra, cuyas razones, las de tanta amnesia, escapan del "entendimiento" del crítico y teórico Alfonso de la Torre, también autor del catálogo razonado del artista. Y más si se tienen en cuenta los vínculos del canario con la ciudad, y que dos hechos capitales en su trayectoria sucedieron en Barcelona: "Aquí celebró su primera exposición individual, y aquí fraguó su relación con Joan Miró, que fue fundamental para la internacionalización de su obra", apunta De la Torre. Motivos más que suficientes para ahondar en ello. Y De la Torre lo hace en 'Millares. Construyendo puentes, no muros', la exposición que comisaria junto a Elena Sorokina en la galería Mayoral (hasta el 25 de julio).

Aquí debutó con una individual y aquí conoció a Miró que fue fundamental para su internacionalización

"Estos vínculos no habían sido del todo percibidos en el marasmo de las cronologías al uso del artista", afirma el comisario, así que se sumergió en el archivo de la familia y encontró auténticas joyas que cuentan la historia entre la ciudad y el artista. En 1951 expuso su primer solo en la Galería Jardín, pero antes ya había fraguado contactos con personajes catalanes. En 1950, con Dau al Set a través de Modest Cuixart. Y con Rafael Santos Torroella a través de Eduardo Westerdahl. Está última relación imprescindible para entender la celebración de su primera individual. Volvió a exponer en la ciudad  en el 52, en el 53 lo hizo en Girona y en el 55, en Tortosa y Tarragona. Hasta llegar a 1959 con otra importante cita: A través de Eduardo Cirlot, cuatro miembros del grupo El Paso (Feito, Canogar, Saura y el propio Millares) presentaron muestra en la Sala Gaspar.

CONTACTO CON LA MODERNIDAD

Y ahí estaba Joan Miró, puntal para los jóvenes artistas del momento. "Miró apadrinó a Millares hasta tal punto que fue el impulsor de su carrera internacional". ¿Por qué? Cuando Pierre Matisse, el hijo de Henri Matisse, creó una de las grandes galerías neoyorquinas de ese momento pidió consejo a Miró sobre qué artistas españoles exponer, y el autor de las 'Cosntelaciones' le recomendó a Millares. "Eso supuso el despegue internacional de su obra", sostiene De la Torre. Luego llegaron la invitación del Moma para exhibir cuatro piezas y la del Guggenheim para participar en la exposición 'Before Picasso / After Miró'. Todo ello lleva al comisario a afirmar que "el contacto de Millares con la modernidad se produjo en Barcelona, por entonces una ciudad activa, con Dau al Set, El Club Cobalto 49, los salones de jazz...".

La muestra ahonda, también, en la contemporaniedad de su obra, totalmente vigente tras 50 años 

Pero la exposición no solo se centra en eso. Tiene otro punto fuerte: las 17 arpilleras "grandes en formato y grandes en calidad" que ha reunido. Un número altísimo e infrecuente. Son todas de la década de los 60, "del Miralles maduro", pero es que "el Miralles maduro es todo el Miralles, porque su vida de pintor transcurre en 15 años, desde 1957 que va a la Bienal de Sao Paulo hasta su muerte, en 1972".  Están tres de las que lucieron en la Bienal de Venecia de 1958, entre ellas la reconocida 'Cuadro 32', y una de las que estuvieron en la muestra de la sala Gaspar de 1959, además del tríptico 'Divertimentos para un político', y la poco vista, lleva 45 años en una colección particular, 'Personaje caído'.

La muestra tiene una segunda vertiente: La constatación de que la obra de Millares sigue siendo vigente y contemporánea. "Lo es", sentencia Sorokina. "Tiene una mirada muy próxima a la mirada actual sobre el poscolonialismo". Y eso es así porque entiende la cultura guanche como suya. De la Torre también asiente: "Su mensaje sigue siendo válido 50 años después. Habla del ser humano, del ser humano vapuleado por la historia, de la violencia que se ejerce sobre él desde la acción política, del drama de la guerra, del exilio, de la tortura y la violencia", concluye el comisario. 

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