Ir a contenido

ENTREVISTA

David Pastor: "No quiero perderme nada"

El viernes en el Jamboree el músico valenciano presenta 'Motion', el cuarto álbum de la banda Nu-Roots

ROGER ROCA / BARCELONA

David Pastor, trompetista de jazz y líder del trío Nu-Roots.

David Pastor, trompetista de jazz y líder del trío Nu-Roots. / RICARD CUGAT

El trío Nu-Roots es el proyecto más personal de un trompetista que está en todas partes. El viernes en el Jamboree el músico valenciano presenta 'Motion', el cuarto álbum de la banda.

Vino a Barcelona a estudiar en 1995 y se quedó. ¿Cómo eran las cosas entonces para un músico de jazz? Se vivía mejor. Nada más llegar encontré trabajo tocando cuatro noches por semana en la sala de baile Tango. Cobraba 40.000 pesetas por semana y pagaba 30.000 de alquiler mensual. Un músico de jazz que tocaba en clubes y de vez en cuando tenía un bolo un poco grande podía mantener una familia. Pero yo no quería ser músico de jazz. Yo quería meter la trompeta donde pudiera.

Lo ha conseguido: música sinfónica, big bands, Miguel Poveda... Yo  vengo de pueblo, mi primer contacto con la música es una banda. Tocábamos pasodobles. Tampoco he querido renunciar a esto. Soy como un viajante, no quiero perderme nada.

¿Qué ha aprendido de estos otros mundos? A mirar al público a la cara. No comulgo mucho con los músicos que hablan con la gente mirando al suelo. También he aprendido cosas del pop y el rock que no haré nunca. Como este postureo. Yo creo en la naturalidad. A los que más admiro es a los más naturales, como Santiago Auserón o Slide Hampton. Gente que aunque estén en un auditorio con 3.000 personas saben ponerse el público cerca como si fuera un club. Porque lo bueno que tenemos los que tocamos en locales de jazz es que estamos muy cerca del público.

Está en muchos frentes. ¿Nu-Roots es su auténtico yo? Si por algo se me conoce es por mi versatilidad y por mi eclecticismo. Nu-Roots es una parte de mí, quizá la más personal. De todo lo que hago quizá es con lo que más identificado me siento. No es que no quiera tener estética definida, es que así es como soy. Aunque yo admiro muchísimo a músicos como el trompetista Raynald Colom porque siempre han tenido claro que querían ser músicos de jazz.

Trompeta, teclados y batería. Es un formato poco común. En mi anterior proyecto éramos entre 10 y 30. Fue muy bien pero ostras, si tienes que organizarlo todo... Necesitaba hacer algo más cómodo, preocuparme de menos cosas. Y salió la idea de Nu-Roots, también para hacer algo un poco más experimental, probar nuevas texturas. Y ya vamos por el cuarto disco.

En Nu-Roots es el líder pero no es siempre el protagonista. Vuelo a mis orígenes. La primera formación en la que toqué éramos 90. Allí no pintaba nada. Si con 9 años tenías alguna esperanza de ser alguien se te bajaban los humos rápido. Y Nu-Roots es muy democrático. Hay temas sin solo de trompeta. ¿Que podría ser más virtuosístico? Sí, estudié virtuosismo cuando hacía clásico y te podía tocar el concierto de Venecia con los triples picados y tal, pero cuando hago un disco intento ser lo más sincero posible conmigo mismo.

Tampoco hay exhibiciones emocionales. Siempre he sido una persona muy tranquila, de ir con mucha calma. Toco tal y como me siento. No quiere decir que no sea un músico pasional y no tenga emociones, que las tengo todas, porque también me pone la carne de gallina, también me enfado, y me río. Pero estos extremos emocionales... creo que ya pasé tantos de joven que intento alejarme de esto. El estudio de la música clásica te lleva a estos extremos porque siempre estás como jugándote el tipo. Igual estas haciendo un pasaje o un solo y tienes esa presión de que hay mucha gente mirándote que está pendiente de ti y los buenos compañeros está apoyándote, pero los que no esperan que la pifies. Ahora cierro los ojos, escucho la música y pongo mi sonido ahí dentro, es como tirarte al mar. Me gusta mucho este tipo de calma.