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CRÓNICA

Un gran 'Requiem' de Duruflé en el Palau

El Orfeó Català celebró los 125 años de su primera actuación con un programa religioso culminado con la misa de difuntos

César López Rosell

Simon Halsey, dirigiendo el Orfeó Català, en el Palau de la Música. 

Simon Halsey, dirigiendo el Orfeó Català, en el Palau de la Música.  / ANTONI BOFILL

El Orfeó Català ofreció su primera actuación pública el 5 de abril de 1892 en la fábrica de pianos Bernareggi interpretando el ‘Ave Verum’ de Mozart. La noche del miércoles se cumplieron 125 años de esta aparición escénica y para celebrar la efeméride la formación que dirige el británico Simon Halsey preparó un programa de música polifónica religiosa tan variado como ambicioso que desarrolló en el Palau de la Música, la ‘casa dels cants’. En el repertorio figuraban, además de la citada obra, conocidas piezas de Pau Casals, Francis Poulenc y el luminoso y emocionante ‘Requiem, op 9’ de Maurice Duruflé, una obra idónea para mostrar el estado de forma y los progresos realizados por el coro desde que trabaja con su nuevo titular.

El resultado no pudo ser mejor y el público acabó aplaudiendo reiteradamente a los protagonistas de esta velada, sobre todo tras la recreación de la mencionada misa de difuntos. Varios factores contribuyeron al éxito de este notable esfuerzo programático. En primer lugar, la meticulosa preparación del concierto, a partir de una dirección atenta a los mínimos detalles y destinada a potenciar una sonoridad acorde con el espíritu de las obras interpretadas. Un gran trabajo de Halsey, sin duda, reforzado por el impecable rol del organista Alex Mason, solista importante en el engranaje de una pieza como la de Duruflé, concebida en su reducción, después de una primera versión con orquesta, para órgano, coro mixto, mezzoprano y barítono, estos últimos muy bien representados por Tànit Bono y Josep-Ramon Olivé.

EL BELLO DUETO CLARET-BONO

El buen ensamblaje de estos intérpretes y el violoncelista Lluís Claret con la coral en la recreación de la misa hizo que la interpretación subiera un escalón más. Fue particularmente bello el dueto entre Claret y Bono, con el respaldo del órgano, en el movimiento ‘Pie Jesu’ y siempre perfectas en el estilo las intervenciones de Olivé. La obra, de 1947, basada en el canto gregoriano pero con una relectura actualizada tras unos siglos de pérdida de la riqueza expresiva de esa música, utiliza el mismo texto que el célebre ‘Requiem’ de Fauré.  Desde el ‘Introito’, pasando por el ‘Kyrie’, ‘Domine Jesu Christe’ y ‘Sanctus', hasta llegar al citado ‘Pie Jesu’, el trabajo de órgano y coro perfiló muy bien el color y los cambios de las melodías gregorianas en función de cada movimiento y lo propio ocurrió con el ‘Agnus Dei’, ‘Lux aeterna’, el vibrante ‘Libera me’ y el esperanzador ‘In Paradisum’ de cierre.

‘O vos Omnes’, basada en un texto medieval, y ‘Nigra sum’, dedicada a la Escolania de Montserrat con versos del ‘Cant dels Càntics’, ambas de Pau Casals, abrieron el concierto seguidas de unas letanías de Poulenc centradas en la Virgen Negra del monasterio de Rocadamour. Estas obras llenaron junto al bien interpretado ‘Ave Verum’ una variada primera parte, en la que también brilló Mason con una improvisación alrededor del ‘Veni creator’. En conjunto, una cita tan histórica como estimulante.

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