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ENTREVISTA

Joan Miquel Oliver: "Mallorca puede acabar como la Atlántida"

El músico, excomponente de Antònia Font, publica 'Atlantis', un disco que presenta este viernes en el festival Strenes y del 20 al 22 de abril en la Sala Beckett

Jordi Bianciotto

Joan Miquel Oliver.

Joan Miquel Oliver. / ALBERT BERTRAN

El que fuera guitarrista y compositor de Antònia Font consolida su lenguaje pop de bolsillo con ‘Atlantis’, un disco en el que evoca al mítico continente desaparecido como metáfora de la decadencia de nuestra civilización. Lo presenta este viernes en el festival Strenes, de Girona (teatro Principal, 21.00  horas) y del 20 al 22 de abril en la Sala Beckett.

¿Qué le sugiere la Atlántida? Es la civilización perdida por las inclemencias divinas. De un día para otro, patapam, se acabó. Mi disco anterior, ‘Pegasus’, era un escenario vacío, y en ‘Atlantis’ van apareciendo personajes. El tema principal del disco son las personas.

¿Personas que se están cargando el mundo? Sí, más bien. Mallorca puede acabar como la Atlántida. Este año, Aena ha dado permiso para que aterricen en Palma más de 80 aviones por hora. A este paso, ¡Mallorca se hundirá por su peso!

Definitivamente, a Joan Miquel Oliver no solo le interesan el cosmos y la abstracción. La tolerancia tiene un límite. En mis canciones no hay una intención ni didáctica ni adoctrinante, pero cuando llega el momento en que ya no puedo andar por la calle, ¡me cago en todo! ‘Posidònia’ es la canción más clara.

"Nunca viajo por turismo. Hoy en día, ir a otro país es ir a molestar. Ya es una cuestión de ética"

La metáfora de la destrucción de la flora. Habla de la invasión de turistas. El Caló d’es Moro, donde caben 35 personas, desde que sale destacada en una guía está colapsada, y a efectos prácticos, ¡es como si hubiese desaparecido de Mallorca!

¿Cómo lo arreglaría? Yo no lo sé. Pero los políticos tampoco, y son ellos quienes están ahí para anticipar los problemas. ¿Son unos inútiles? No sé, se podría decir que a partir de un número de personas ya no se puede ir a Mallorca. Plazas limitadas, como en una atracción.

¿Usted nunca viaja por turismo? ¡No, qué va! ¡Nunca! Hoy en día, ir a otro país es ir a molestar. Ya es una cuestión de ética. No puedes invadir un país de esta manera.

En ‘La mar treu sabates’ menciona plásticos, botellas, detrimentos... Pero esta es una canción estética. Se basa en una playa real que está llena de zapatos, restos de porexpán de las barcas... Y aunque no sea correcto decirlo, es tan guapo ver eso... La arena del futuro será de colores, con muchos tipos de plástico.

Así que no todo es tan terrible, ¿ve? Ese es el único aspecto positivo que le veo.

Comenzó a hablar de estas cosas hace tres años, cuando publico el libro ‘Setembre, octubre i novembre’. Porque antes yo actuaba como portavoz de un grupo, Antònia Font. Y vivía la política de una manera lejana. Pero Bauzá fue horroroso. El PP antiguo, de Cañellas, era de empresarios metidos en política para hacer chanchullos, pero nunca entró en temas de cultura. De repente sale Bauzá y se quiere cargar el catalán, y eso te hace reaccionar.

Pero, la motivación inicial para este disco, ¿tiene que ver con estos temas o es estética y musical? No, para mí un disco representa la evasión de la realidad. En este hay dos o tres alusiones directas a ella, pero mis motivaciones siguen siendo lúdicas y estéticas. Quiero que mi música sea una vía de escape.

Consolida un formato musical casi autosuficiente: todos los sonidos, menos la batería, los produce usted mismo. Pero, en realidad, yo solo toco la guitarra, porque todo eso de los sintetizadores lo escribo en partitura y lo meto en el ordenador.

Tiene un acabado casero muy distintivo. El sonido es limitado: una membrana que vibra, una voz... Pero con la electrónica tú creas una onda que puedes modificar de mil maneras, y eso me fascina. Un instrumento acústico te remite a referencias culturales: si oyes un tambor piensas en África, si suena una guitarra con caja piensas en el jazz... Y en un sintetizador, la sonoridad es abstracta.

"Me estoy encontrando a mucha gente que va a mis conciertos y que no conoce a Antònia Font."

Como en ‘Rumba del temps’, que poco tiene que ver con la rumba gitana. Es una reconstrucción de la rumba, donde lo único que hace que sea rumba es el bajo.

Evita los géneros canónicos, no suele hablar de influencias... ¿Oliver, el artista sin herencia musical? Para mí, la música tiene que ver con el fenómeno físico, acústico, no con una intención cultural. Mi música sale de la combinación armónica y rítmica. Es así. El funk, el techno, la rumba, son lenguajes. Si puedo recurrir a ellos es porque a veces también me gusta que me entiendan.

Segundo disco en solitario tras Antònia Font. ¿El público del grupo le sigue ahora a usted? Pues me estoy encontrando a mucha gente que va a mis conciertos y que no conoce a Antònia Font. De aquel público solo viene un 15 o 20%. El resto es gente nueva. ¡Flipo con lo rápido que pasa todo! Tengo la impresión de que si Antònia Font se juntara, ¡tendríamos que empezar de cero otra vez!