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CITA CON LA HISTORIETA

Hugault, los aviones más sexis del cómic

El dibujante y piloto francés, autor de 'El piloto del Edelweiss', presenta en el Salón del Cómic su último álbum de aviación, 'Angel Wings'

Anna Abella

El piloto y dibujante francés Romain Hugault, este sábado en el Salón del Cómic. / RICARD CUGAT

El piloto y dibujante francés Romain Hugault, este sábado en el Salón del Cómic.
Viñeta de la serie El piloto del Edelweiss, de Romain Hugault y Yann. 
Viñeta de la serie El piloto del Edelweiss, de Romain Hugault y Yann. 

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A nadie le habría extrañado ver al dibujante francés Romain Hugault (1979) subiéndose al caza Texan o al MiG 15 de la exposición del Salón del Cómic. Llega a la entrevista ataviado con una cazadora de piloto de cuero marrón con las insignias de la escuadra birmana, la de un escuadrón de su título más reciente, ‘Angel Wings’ (Norma) y una de sus ‘pin-ups’ en la espalda, amén de un pañuelo de seda a juego ilustrado por él –“son talismanes, todos los que volamos llevamos alguno, igual que los estampamos en el fuselaje de los aviones”. Porque lleva las alas en la sangre: él mismo es piloto e hijo y hermano de pilotos. “La aviación y el dibujo son mis dos pasiones. Yo de niño era bastante introvertido y dibujar me permitía crear algo mío y distinguirme del resto de mi familia, donde todo era  aviación. Con el dibujo era yo”. 

Es probablemente el mejor dibujante actual de cómics de aviación, capaz de crear imágenes casi fotográficas y con una tridimensionalidad brutal de combates aéreos, vuelos y aparatos. Con una ilustración superrealista, detallista y absolutamente documentada en museos y conversaciones con pilotos, utiliza sobre todo su propia experiencia en el aire. “Nunca he copiado fotos porque no te dan los ángulos o la perspectiva que quieres, me fío de mi misma observación de las cosas”. Y así, plasma hasta el última pincelada de luz que atraviesa los cristales de las cabinas o cómo el aceite del motor en pleno vuelo va tiznando el fuselaje. 

La mayoría de sus historias, muchas con el guionista Yann, transcurren en la primera mitad del siglo XX, con álbumes con historias ambientadas en la Gran guerra, como la trilogía 'El piloto del Edelweiss', o la segunda guerra mundial, como 'El gran duque' o 'El último vuelo' (todos en Norma). En este último reúne cuatro historias con el nexo común del título, sobre un estadounidense, un alemán, un ruso y un japonés. Para ello habló con tres kamikazes del Imperio nipón sobre cómo se preparaban para morir. “No eran, como se ha dicho, solo jóvenes con pocos días de vuelo, entrenados solo para inmolarse. Ellos eran apasionados  pilotos experimentados con centenares de horas de vuelo y cuando estaban a punto de subir al avión para morir como kamikazes terminó la guerra y se salvaron. Ellos creían que su sacrificio era necesario”. 

A Hugault, cuyo primer héroe de cómic fue el piloto Buck Danny, le gusta la épica de su mundo, “muy distinto de la crudeza de la guerra terrestre”. “Es cierto que las historias reflejan el horror de la guerra y que hay enemigos y todos luchan, pero cada bando tiene derecho a defender lo suyo y entre pilotos existe un código caballeresco. Por ejemplo, si un alemán derribaba un avión americano en la segunda guerra mundial no disparaba luego al piloto si había saltado en paracaídas. El objetivo era derribar aviones”.  

MUJERES PILOTO SEXIS 

Una de las características de los cómics del autor de ‘Más allá de las nubes’ son ‘sus’ mujeres, son sexis, exuberantes y curvilíneas, igual que las 'pin-ups' de la época. “No siguen los cánones de la moda actual, a mí me gustan así y mi editor me deja hacer lo que quiero”, sonríe con cierta timidez”. Pero no son meros adornos o secundarias en sus historias sino que tienen papeles protagonistas, como en ‘Angel Wings’, donde lo  es una piloto que se gana el respeto de sus compañeros en las WASP (Woman Airforce Service Pilot), que abastecían las bases de guerra en el Pacífico de un Ejército estadounidense que prohibía la presencia de mujeres en sus filas. “Me gusta mostrar cómo esas pilotos tenían mucho glamur, hay fotos de ellas y eran muy guapas. Y tras volar se retocaban el pintalabios en el retrovisor del avión”.    

LAS BRUJAS DE LA NOCHE

También junto a Yann como guionista rescataron en ‘El gran duque’ a otras mujeres piloto reales, el de las conocidas como las brujas de la noche, rusas que volaron durante la segunda guerra mundial, una de las cuales, en la trama, mantiene una relación con un colega alemán. “No hacemos biografía ni historia, solo contamos historias de ficción con anécdotas que fueron reales y de forma realista”. Tanto como sus aviones.   

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