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TRIBUNA

Cien años de tebeos

Ahora que se cumple un siglo de la aparición de 'TBO', conviene recordar que esta cabecera, que con el tiempo bautizó a todas las publicaciones de historietas, forjó también un modelo de revista a imitar

Antoni Guiral

Exposición sobre el TBO en el Salón del Cómic.

Exposición sobre el TBO en el Salón del Cómic. / ALBERT BERTRAN

Ahora que se cumplen los 100 años de la aparición de 'TBO', conviene recordar que esta cabecera, que con el tiempo bautizó a todas las publicaciones de historietas, forjó también un modelo de revista a imitar. 'TBO', una revista teóricamente infantil, incluyó de forma regular además de secciones de textos, historietas, tanto de aventuras como humorísticas, aunque con especial hincapié en este último género.

El modelo 'TBO' fue más o menos imitado por otras revistas durante los avatares históricos que confluyeron entre la restauración borbónica y la guerra civil. A mediados de los años 30 del siglo XX, la importación de los cómics de prensa norteamericanos abrió la veda a una utilización regular del bocadillo como herramienta para reproducir los diálogos de los personajes, y también a una nueva manera de contar historias, adscritas a géneros diversos con un grafismo realista. Los tebeos seguían siendo “publicaciones infantiles y juveniles”, pero lo cierto es que tanto algunas series norteamericanas como muchas de la historietas de humor de la revista 'Pulgarcito' (reaparecida en 1946), no pensaban en los niños como destinatarios, sino en lectores adultos; el tono de los argumentos, la relación entre los personajes y el en ocasiones furibundo reflejo de la cotidianeidad de la posguerra delataban una ambición que sobrepasaba a las mentes infantiles.

Durante la posguerra y el desarrollismo, el modelo de revista fue perfeccionándose, casi siempre dividida entre “las de aventuras” y “las de humor”, seguidas muy de cerca por la censura. Aparecieron y se popularizaron los cuadernillos de aventuras, tebeos apaisados con historias de género aptas para lectores juveniles. Nuestra historieta seguía, por imperativo legal, dirigida a compradores menores de edad, salvo contadas excepciones como las primeras etapas de revistas como El 'DDT' (1951) o 'Tío Vivo' (1957), que intentaron reflejar las frustraciones sociales y sexuales del momento. Fue a partir de 1968 cuando llegaron los lejanos ecos de allende los Pirineos; la historieta era un medio de comunicación que podía transmitir mensajes de todo tipo, también para los adultos. Aun con la censura a cuestas, publicaciones como 'Dossier Negro' (1968), 'Gaceta Junior' (1968), 'Trinca' (1970) o 'Drácula' (1970) presentaron relecturas de los géneros, experimentaciones estéticas incluso, y confirmaron que en la historieta española ya se podían plantear motivaciones sociales, que no políticas.

EL 'COMIX UNDERGROUND' ESPAÑOL

El 'comix underground' español certificó que la historieta era en efecto un medio para adultos, lo que validaron entre 1973 y 1975 revistas como 'El Papus' (1973), 'Star' (1974) o 'Butifarra!' (1975), que plantearon cuestiones cotidianas, sociales y hasta políticas. Con la democracia y la desaparición de la censura, en 1977 llegaron a nuestro país gracias a la revista 'Totem' aquellas historietas de autores europeos y latinoamericanos que en los años 60 y 70 cambiaron para siempre la visión que teníamos de los tebeos, hasta el punto de que, para diferenciarse de ellos, empezamos a hablar de cómics. Fue el 'boom' del cómic para adultos, que hasta finales de los años 80 supuso la aparición de una larga lista de cabeceras que hicieron historia. Al mismo tiempo, y ya desde los años 60, empezó a regularizarse la edición de álbumes o libros de cómics, lo que de alguna manera aportaba no sólo una nueva comercialización de los productos, sino la confirmación de las posibilidades estéticas y de contenidos de la historieta. Las revistas y los álbumes compartieron quioscos con el formato de 'comic-book', especialmente con personajes superheroicos.

Desde finales de los años 70 sabíamos que los libros de cómics de larga extensión lo eran también para adultos, con historias de tintes sociales o políticos. La aparición en España de la novela gráfica de Will Eisner 'Contrato con Dios' (en 1979), y posteriormente la primera edición española de 'Maus' (1989) sembraron las semillas de lo que a principios del siglo XX asumimos como novelas gráficas: libros con viñetas para adultos en formato de novela o ensayo, ambiciosos en su estructura y contenidos. La práctica desaparición del formato de revista periódica y la casi exclusividad del 'comic book' para los títulos de procedencia norteamericana, abrieron las puertas de la novela gráfica como casi único medio de expresión para la historieta de adultos producida por autores españoles. Un formato que representa la libertad absoluta para tratar de formas muy diversas la realidad que nos envuelve o la revisión de la historia. Pero también una cierta precariedad económica para los autores, que a no ser que consigan un éxito de ventas han de compaginar esas viñetas con otras producciones artísticas.

Cien años después de la aparición de 'TBO', estamos, aquí y ahora, en esta tesitura. Y como la historieta es un medio vivo, hemos de prepararnos para nuevas propuestas.

Antoni Guiral es divulgador de tebeos

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