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Benjamin Biolay, amo y señor

El cantante francés ofreció una exhibición de sus artes en la neo-'chanson', ahora bajo el influjo de Buenos Aires, en la sala Barts

Jordi Bianciotto

Benjamin Biolay, en el concierto que ofreció el viernes por la noche en la sala Barts, dentro del Festival Mil·lenni.

Benjamin Biolay, en el concierto que ofreció el viernes por la noche en la sala Barts, dentro del Festival Mil·lenni. / FERRAN SENDRA

Siete años después de su última visita, Benjamin Biolay vino fortalecido en experiencia, crecido en escena y envuelto en los aromas mundanos de su último disco, ‘Palermo Hollywood’, que le sitúa en un imaginario bonaerense llevado a su terreno. Trabajo que ya tiene su segunda parte a punto, con título en castellano y resonancias tangueras, ‘Volver’ (saldrá el 19 de mayo), del que adelantó un par de canciones este viernes en Barts (Festival del Mil·lenni).

Qué lejos queda aquel Biolay que parecía escudarse tímidamente en el teclado cuando pasó, en el 2004, por el Primavera Sound del Poble Espanyol. Ahora sale a escena paseando su figura de galán romántico, sentándose cuando le apetece al piano con una copa de vino (‘Négatif’), extrayendo acordes ‘punkie’ de la guitarra eléctrica (‘Pas d’ici’, ‘Mon amour m’a baisé’) y fundiendo el perfil de ‘crooner’ con el de lánguido trompetista, tal como el mismísimo Chet Baker: ese ‘Tuyo’ aún inédito y la suave bossa nova de ‘Jardin d’hiver’, compuesta hace más de 15 años con Keren Ann para el ya desaparecido Henri Salvador, a quien saludó señalando el cielo con el dedo índice.

CUMBIA ASIMILADA

El nuevo material establece una atmósfera viscosa en que los susurros de ‘Palermo Hollywood’, muy ‘gainsbourguianos’, las cosas como son, se citan con audaces préstamos de ritmos latinos, como esa sensual cadencia de cumbia de ‘Palermo Queens’ (con la peliculera, enlatada, voz de la argentina Sofía Wilhelmi) y de ‘Palermo Soho’, donde se atrevió incluso a incorporar unas estrofas de ‘Me gustas tú’, de Manu Chao. Un Biolay acaso más caliente, pero sin dejar de ser él mismo, con su sensibilidad por los climas envolventes y evocadores y su don por la melodía embriagadora, tocado por referencias sentimentales ‘retro’ (Francis Lai, Michel Legrand) en piezas disfrutables como la instrumental ‘Borges Futbol Club’ y ‘La débandade’.

Concierto serpenteante pero compacto, de discurso modulado por encima de ritmos y géneros musicales, imponiendo siempre la personalidad del artista, ya fuera en el funk-pop de ‘Roma (amor)’, el ‘single’ de avance de ‘Volver’, o en el ejercicio de ‘chanson’ clásica de ‘Ton heritage’. Y en el tramo final, un Biolay total, desgarrado y teatral, forzando la voz y alzándose, mayestático, entre los arreglos orquestales de ‘La superbe’ y ‘À l’origine’, rumbo a un bis con su primer clásico, ‘Les cerfs-volants’, y una cita final al último disco, ‘Pas sommeil’. “El corazón roto, el cuerpo dolorido… / No tengo sueño”, cantó Biolay para despedirse. No sería raro sufrir de cierto insomnio tras un concierto como este.

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