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'Farishta', de Marc Pastor: de Afganistán a la Polinesia

¿Es Pastor el David Lynch de la literatura catalana?

Vicenç Pagès Jordà

Marc Pastor.

Marc Pastor. / JOAN PUIG

Marc Pastor (Barcelona, 1977) es el David Lynch de la literatura catalana. Sus novelas nos atrapan desde la primera página, pero a partir de cierto momento nos hacen entrar en otra dimensión: entonces tenemos que reconsiderar todo lo que hemos leído a la luz de las novedades, que en el caso de Pastor suelen incluir  viajes en el tiempo. Como en Lynch, las imágenes nos capturan, pero lo que resulta más característico es la trama.

Marc Pastor es un autor catalán al que vale la pena leer y que puede competir en cualquier librería del mundo

'Farishta', la quinta novela del autor, incluye menos juegos lingüísticos que las anteriores, pero en cambio las formas que adopta la narración son más variadas: dietario personal, recortes de prensa, transcripciones de entrevistas, informes, mapas, croquis, dibujos infantiles, postales, fotografías, notas manuscritas, análisis clínicos, un 'top five' de besos...

'Farishta'

Marc Pastor
Amsterdam / Catedral
Traducción al castellano de Josan Hatero
20,90 / 20,50 euros
472 / 544 páginas

Esta diversidad de formatos no es una diversión autocomplaciente, sino que está situada al servicio de una trama compleja. Farishta -afgana adoptada por una familia rusa- es una chica de 18 años que en 1993 empieza a trabajar en un archixipélago secreto de la Polinesia en el que viven una docena de parejas de millonarios retirados del mundo. Indicios como el descubrimento de micrófonos y la aparición de helicópteros nocturnos la llevan a pensar que en este microcosmos se le oculta alguna cosa oscura. Una de las hipótesis más plausibles es la experimentación con clones; otras son una conspiración mundial y la paranoia (quizá inducida).

El material base de 'Farishta' es el dietario de la protagonista, que incorpora tanto sucesos como sospechas. Al contrario que ella, el lector accede a otras fuentes de información, aunque no responden todas sus preguntas. De esta manera, sabiendo más que Farishta pero sin llegar a la omnisciencia, nos ponemos en manos del autor, que nos conduce de manera inexorable al final. Entonces, tras los tiros y las bombas, sentiremos también cómo la trama explota, se retuerce y cosquillea dentro de nuestra cabeza. Los personajes se refunden, el paisaje no es lo que parecía, el dietario es un instrumento al servicio de un crononavegador, hemos sido engañados de forma astuta. En palabras del narrador,  “tots patim la síndrome de Zugzwang quan ens enfrontem amb el Contínuum”. 

EVOLUCIÓN

Rectifico, pues: Marc Pastor no es nuestro Lynch, sino nuestro Cristopher Nolan. Como él, empezó con producciones sencillas, en blanco y negro, y poco a poco ha ido enriqueciendo las tramas con cuartas y quintas dimensiones. El camino que va de 'Following' a 'Interstellar' pasando por 'Memento' no es muy diferente del que conduce de 'Montecristo' 'Farishta' pasando por 'Bioko'. Los libros van ganando en volumen, pero sobre todo en capas de significación. Como en el caso de Nolan, corremos el riesgo de maravillarnos tanto con la superproducción que se nos escape el trasfondo narrativo o filosófico, pero igualmente la experiencia vale la pena.

Íntimamente relacionadas, las novelas de Pastor retoman los temas clásicos de la cultura pop (los vampiros, los nazis, el rock, los crononautas), pero no desde una postura retroconservadora, sino con la personalidad propia que proporciona la imaginación, la disciplina y la frecuentación de los clásicos modernos. Actualmente, Pastor no es solo un autor catalán al que vale la pena leer, sino que sus libros, traducidos a una docena de lenguas, pueden competir en cualquier librería del mundo. Si Jaume Cabré alcanza la globalidad a partir de lo local, Pastor es leído por los catalanes incluso globalizando las tramas.