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El Hamlet prenatal de Ian McEwan

Ian McEwan presenta en Kosmopolis su última novela, 'Cáscara de nuez, una reescritura de la obra de Shakespeare narrada por un feto

ELENA HEVIA / BARCELONA

De aquel sorprendente grupo de escritores que irrumpieron a finales de los 70 en la escena literaria británica, muy posiblemente el que más transformaciones ha experimentado sea Ian McEwan (los otros, es sabido, son Julian Barnes y Martin Amis). En sus comienzos como jovencito rebelde McEwan solo intentaba asustar a los buenos burgueses con sus historias inquietantes que no le hacían ascos a ser desagradable (y asqueroso, añadirían algunos) y que le valieron el epíteto de McAbro. Luego con los años se volvió más reposado y clásico, pero no por ello dejó de imponerse retos estilísticos y de trama, los más inusuales.

El último ejercicio de estilo en el que se ha encerrado, 'Cáscara de nuez' / 'Closca de nou' (Anagrama) tiene un narrador solo aceptable para los defensores pro-vida, aunque su intención está lejos de hacer un alegato contra el aborto. Es un feto. Han leído bien, un feto, que no solo siente y filosofa sino que está al tanto de la actualidad del mundo gracias a la BBC y de sus propias miserias familiares, porque nadie está en mejor situación que él para darse cuenta de que el hombre que se está acostando con su madre no es su padre. En fin, vuelve el McEwan más divertido. Ni siquiera los inevitables comentarios sobre Trump, ese negador del cambio climático, y el Brexit, por el que el autor pidió perdón con divertida compunción -“es una catástrofe total. Espero que no estemos dando combustible a los populistas”- desvirtuaron su ironía.

Y armado de ese humor inequívocamente ‘british’, elegantemente irónico, se ha presentado este jueves en el CCCB, en una sesión a modo de prólogo del próximo Kosmopolis, que se celebrará del 22 al 26 de marzo. McEwan es “capaz de todo”, como ha advertido el periodista Antonio Lozano, su maestro de ceremonias en el acto. Incluso de realizar una versión muy sui géneris de 'Hamlet', porque este es un ‘príncipe no nato’, cargado de dudas, al que atenaza la sospecha de que el amante de su madre, su propio tío, esté maquinando con ella el asesinato de su progenitor para heredar una mansión georgiana.

UNA VOZ INTERIOR 

McEwan, encantado con la travesura, entrecierra sus ojillos orientales para recordar cómo vino a él esta ocurrencia. "Me estaba aburriendo en una conferencia y de la nada surgió la primera frase de la novela, ‘aquí estoy, cabeza abajo dentro de una mujer’. Esa voz fue una gran liberación para mí porque es una voz en la oscuridad, sin ataduras, filosofía, amigos o religión". Y añade malicioso: “Se supone que un feto siempre dice la verdad. Y además puedes explicar el sexo desde una perspectiva distinta cuando tienes el pene del rival de tu padre a pocos centímetros de tu nariz”.

Hacer esa voz plausible no fue la menor de sus preocupaciones, pero se consoló pensando en una de sus obras favoritas, ‘La metamorfosis’, si Kafka logró que nos creyéramos que el enorme insecto se despierta pensando que va a llegar tarde al trabajo, todo es posible. “Me divertí mucho escribiendo esta historia, pero a la vez me impulsaba la tarea de que el lector se decidiera a entrar en el juego”.

Pero más allá del mero divertimento, McEwan aprovechó la oportunidad única de tener un protagonista que tan solo es una voz. Así que ha podido practicar el fluir de la conciencia, esa habilidad que ha marcado las novelas del siglo XX gracias a James Joyce o a Virginia Woolf. “Pero el primero que lo practicó fue ‘Hamlet’, un ser humano específico cargado de dudas, que con sus monólogos abrió la puerta a la edad moderna”.

A FAVOR DE LA TIERRA

Ya en los 80, McEwan era un firme militante a favor de medidas medioambientales que detuvieran el cambio climático -incluso llegó a escribir una novela satírica sobre el tema, 'Solar'-. “Pero las cosas han ido a peor desde entonces” y en esa valoración tiene en cuenta al flamante e hiperactivo presidente de los Estados Unidos. “Él dice lo que dice la derecha, que es la industria la que tiene que resolver el problema de las energías”. La buena noticia, según el autor de 'Expiación', es que el desastre está tocando fondo y las energías alternativas, como la solar o la eólica, están a punto de ser competitivas. “Estamos muy cerca de conseguir una batería que permita a un automóvil una autonomía de 800 kilómetros”, celebró.