Ir a contenido

CRÓNICA DE CONCIERTO

Elisa Serna y Julia León, canciones por el cambio

Las trovadoras madrileñas se aliaron en un cálido y peleón recital en el auditorio Barradas, dentro del festival Barnasants

Jordi Bianciotto

Ahora que vuelve a hablarse de canción comprometida, oportuno es recuperar a las voces que la cultivaron en una era lejana y difícil, como Elisa Serna y Julia León. Las integrantes del colectivo madrileño Canción del Pueblo, hace ahora 50 años, revivieron aquellos tiempos y aquellas causas, muchas de ellas todavía inspiradoras, en un recital a la vez simpático y guerrero, este domingo, en el auditorio Barradas, de L’Hospitalet, acogidas por el festival Barnasants.

Dos voces que se dejaron oír por separado y juntas, envueltas en un aura de leyenda contrastada por una puesta en escena risueña, coloquial, de instantánea conexión con el público. Abrió Elisa Serna, que es capaz de construir canciones y comunicar emociones e ideas con cualquier cosa: los golpes de las patas de una silla contra el suelo o el chasquido de los dedos de los asistentes. ‘Arte povera’ hecho música con hondas resonancias, de ‘En la mina El Tarancón’ a la sefardí ‘Por qué lloras blanca niña’, aquí acompañándose de la guitarra. Y recordatorios de que la urbe madrileña dispone de un subsuelo de folclore, evocado en la nana ‘Landú’ y ‘Los mandamientos del amor’, piezas recogidas por el musicólogo Agapito Marazuela.

MEMORIA FEMINISTA

Canciones retomadas con una mezcla de severidad y dulzura, que adoptaron otro modo de estar en la voz de Julia León. “La primera mujer a quién escuché hablando de feminismo”, así la presentó Serna. Arropada por el pianista Antxon Sarasua, imprimió un talante apasionado a piezas de tacto poético como ‘La luna detiene el sol’, ‘Se le olvidó’ o ‘Qué lástima’, esta con texto de León Felipe. Ambas se juntaron en una atolondrada ‘Jota de las habas verdes’, que haría feliz a Los Hermanos Cubero: “Sé cantar y sé bailar y sé tocar la pandereta / El que se case conmigo lleva música completa”.

El patio se agitaba y llegó el momento de los vivas a la república, de un ‘A galopar’ que llegó a sonar dos veces (bajo la mirada cómplice de Paco Ibáñez desde el fondo de la sala) y, sin manías, ‘La internacional’, enlazada con el regreso a las minas, donde había comenzado el recital, de ‘En el pozo María Luisa’, con un verso cambiado en atención a los refugiados. Canto con ambición de transformar el mundo: “¡Viva el cambio de mentalidad!”.