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ESTRENO EN BCN

Perversión, sexo y juegos de rol en el Liceu

El coliseo acoge 'Quartett', una moderna versión de 'Las amistades peligrosas' con música de Luca Francesconi y puesta en escena de Àlex Ollé

Marta Cervera

Quartett, de Luca Francesconi, con dirección escénica de Àlex Ollé. 

Quartett, de Luca Francesconi, con dirección escénica de Àlex Ollé.  / GRAN TEATRE DEL LICEU

"Es una ópera caníbal", afirma el director furero respecto a esta obra contemporánea estrenada en la Scala en el 2011

El director escénico Àlex Ollé (Barcelona, 1960) regresa este miércoles al Liceu con 'Quartett' una ópera contemporánea del compositor italiano Luca Francesconi, discípulo de Berio. El libreto, escrito en inglés por el compositor, se basa en la obra teatral de Heiner Müller que a su vez se inspira en 'Las amistades peligrosas' de Pierre Choderlos de Laclos. "Es una obra que ilustra la decadencia de la sociedad occidental. Habla de la miseria moral a partir dos personas de la clase alta que viven de espaldas a la realidad", comenta Ollé.

El montaje identifica a sus protagonistas con una pareja acomodada y aburrida que para salir de la monotonía establece un juego y un desafío entre ellos que conduce a la muerte. "Metafóricamente, ‘Quartett’ es una especie de relación caníbal porque a través de las palabras se destrozan el uno al otro", apunta el director. El reparto, el barítono Robin Adams y la versátil mezzosoprano Allison Cook, es el mismo que estrenó esta pieza de hora y media que combina música en directo a cargo del coro y los músicos de la orquesta del Liceu, y música electrónica pregabada creada en colaboración con el IRCAM de París, centro pionero en la investigación musical.

Los perversos juegos de seducción y de rol entre el vizconde de Valmont (Robin Adams) y la condesa de Merteuill (Allison Cook)  son exigentes, tanto a nivel teatral como vocal. "Aquí la pornografía está en el texto, no tanto en las acciones de ellos", admite Ollé. "Lo que sí genera en el espectador es una claustrofobia" añade. Y es que los cantantes están encerrados en un pequeño espacio diseñado por Alfons Flores suspendido por 600 cables de tres milímetros.

ESPACIO AISLADO

El dramaturgo alemán Heiner Müller definió el espacio donde transcurría su obra como "un salón  antes de la revolución francesa" y "un búnker tras la tercera guerra mundial". Ollé sitúa lo que ocurre en el interior de esa caja, mientras que el exterior simboliza la mente de ambos personajes a través de imágenes de vídeo de Franc Aleu proyectadas en una gran pantalla al fondo del escenario. "Allí aparecen los miedos, los sueños y las pesadillas de los personajes". Ollé habla con auténtica pasión de este montaje estrenado en la Scala de Milán en el 2011. "Es brutal poder trabajar con el compositor, nada que ver con montar un título que ya existe porque todo es mucho más rico. La puesta en escena puede entrar dentro del proceso del compositor porque ves qué pasajes necesitan más ritmo o menos, porque discutes muchas cosas".

La propuesta de Ollé crea tres espacios: el 'inside' (la realidad de la pareja, el día a día...), el 'outside' (sus pensamientos, miedos y sueños) y después Francesconi, el compositor, creó el último, el 'out', un espacio que representa la naturaleza frente al hombre y que engloba a los otros dos. "Eso genera a nivel compositivo tres niveles de música diferentes". Aunque explica que la casualidad también influye. "Poco antes de iniciar los ensayos los dos cantantes se retiraron, llegaron otros nuevos y no tenían tiempo para aprender todo el texto así que decidimos coger unos trozos y pregrabarlos. Y es chulísimo porque ellos se quedan en escena como congelados y en 'off' suena su propia música. Funciona muy bien".

NUEVOS PROYECTOS

Ollé debutó en el Liceu con la primera ópera de nueva creación de La Fura, 'D.Q. Don Quijote en Barcelona', con libreto de Justo Navarro y música de José Luis Turina. Y ya prepara 'Frankenstein', que estrenará La Monnaie de Bruselas en el 2019, con música del norteamericano Mark Grey y libreto la barcelonesa Júlia Canosa.

El Liceu no acostumbra programar demasiada ópera contemporánea, aunque la temporada pasada tuvo en cartel 'Written on skin' (2012), del británico George Benjamin. Ollé aplaude la valentía de Christina Scheppelmann, directora artística del Liceu. "Producir óperas es caro y traer obras como ésta supone un riesgo porque no tendrás la taquilla de una obra de repertorio. Es de agradecer que el Liceu programe 'Quartett".

Acto seguido recuerda las ventajas de esta producción. Primero, "se monta y ensaya en ocho días", algo que rebaja considerablemente los costes. Y segundo, viene avalada tanto por su éxito en La Scala de Milán como por su amplio recorrido en otros escenarios, como París, Viena, Lille, Oporto y Buenos Aires. "Que llegue al Liceu tras el éxito que ha cosechado me parece lógico", afirma el director.

'TURANDOT' CON LA OBC 

Tras haber estrenado cuatro producciones nuevas la temporada pasada (dos en Londres, una en París y otra en Turín), su agenda sigue a tope. Entre sus proyectos para antes del 2020 destaca una 'Turandot' en Tokio. "La dirigirá Kazushi Ono que tiene intención de llevar a la OBC a Japón para hacerla", avanza.

Aunque admite llevar un ritmo de trabajo por encima de lo normal, no se atreve a cambiar ni a darse un respiro. "Debería tomármelo con más calma pero esto es un vicio, me gusta mi trabajo. Además, si tienes un momento en el que todo te viene de cara has de aprovecharlo porque nunca sabes cuando puede acabar la racha".      

Y cuando se le pregunta por su visión de Barcelona a alguien que viaja tanto responde: "Uff! Lamentablemente, ahora Barcelona se mira mucho el ombligo. No tiene una visión abierta. Notas que se está colocando tanta energía en algunos temas que hace que se pierdan muchos otros. Estoy a favor del referéndum. Pero el desgaste y el coste en energía que toda esta situación está comportando no nos deja ver muchas otras cosas que son importantes en cuanto a cultura y otros temas. Esperemos que de una vez por todas pase algo y se abra un poco el horizonte".

De 'Accions' a la ópera

Àlex Ollé como Carles Padrissa son desde hace años dos solicitados directores escénicos en el mundo de la ópera, mundo al que llegaron tras triunfar con La Fura del Baus. Su estilo era el de un teatro agresivo, con mucha 'performance' y lejos de las convenciones, que interpelaba directamente al espectador, siempre de pie y obligado a moverse para seguir la acción. De hacer montajes como 'Accions' o 'Suz o Suz', a principios de los años 80, pasaron a la ópera tras impresionar al mundo con la espectacular ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Después llegó su primer encargo de música culta, la cantata 'La Atlàntida' de Manuel de Falla estrenada en el Festival de Granada. "Nuestra llegada a la ópera fue bastante natural pues pese a ser tan opuesto nuestro lenguaje también había coincidencias", explica Ollé. "Trabajábamos desde un punto de vista dramatúrgico-rítmico con la música y podíamos trabajar con el coro de la misma manera que movíamos al espectador". Y resume: "El lenguaje de La Fura, como el de la ópera, es multidisciplinar". Y el primer éxito internacional llegó con 'La damnation de Faut', de Berlioz, en el Festival de Salzburgo, invitados por Gérard Mortier.

Ollé recuerda que desde el principio La Fura intentó hacer "el espectáculo total". Sorpresa fue la suya "al descubrir años después que Wagner había perseguido lo mismo con sus óperas".