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MUESTRA EN BARCELONA

De animales y dioses, en el Museu Egipci

Una exposición con 70 piezas, muchas inéditas, de la Fundación Arqueológica Clos muestra el papel de las bestias sagradas en el Antiguo Egipto

Anna Abella

Máscara procedente de una momia de cocodrilo, en la exposició Animales sagrados, del Museu Egipci. / RICARD CUGAT

Máscara procedente de una momia de cocodrilo, en la exposició Animales sagrados, del Museu Egipci.
Capitel de columna con la diosa Hathor, en la exposición Animales sagrados, en el Museu Egipci.
Esfinge con cuerpo de león y cabeza d cerdo, en la exposición Animales sagrados, en el Museu Egipci.
Escarabajo que perteneció a Rodolfo Valentino, en la exposición Animales sagrados, en el Museu Egipci.
Busto de granito de la diosa leona por excelencia, Sekhmet, en la exposición Animales sagrados, en el Museu Egipci.

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Un medallón de escarabajo que iba cosido sobre el pecho de una momia y que perteneció a Rodolfo Valentino; un ejemplar de oxirrinco, el pez que se comió el pene del dios Osiris; una esfinge de cuerpo de león y cabeza humana de la colección de lord Carnarvon; la momia de un minúsculo cocodrilo, cuya columna dorsal aparece rota en las radiografías y TACS; o una cría de gato con traumatismo craneal, posiblemente sacrificada para momificarla. Son algunas de las curiosas 70 piezas de la colección de la Fundación Arqueológica Clos, muchas de ellas inéditas, que forman la nueva exposición del Museu Egipci de Barcelona 'Animales sagrados del Antiguo Egipto', que puede verse hasta el 30 de septiembre. 

Ya lo decía Heródoto: en el Antiguo Egipto los animales “gozan de las prerrogativas de las cosas sagradas”. De ellos, y de mostrar su relación con los humanos y su presencia omnipresente en la cultura y la vida egipcias, se ocupa la muestra -que toma el relevo de la exposición sobre el mito de Osiris, que cerró en enero con 65.000 visitantes-, comisariada por el conservador del centro Luis Manuel Gonzálvez. 

RICARD CUGAT

Estatua del dios Horus, con aspecto de halcón.

Los egipcios momificaban animales para que sirvieran de alimento al difunto, a sus mascotas más queridas para que los acompañaran en sus tumbas en el más allá, pero también lo hacían porque eran manifestaciones terrenales de los dioses y porque los usaban como exvotos u ofrendas a los dioses. Tenían hasta granjas y criaderos de bestias que, tras ser momificadas, acababan en necrópolis especiales para cada especie, como las Saqqara, Tuna el Gebel o Sharuna. En esta última, la misión de la Fundació Arqueológica Clos viene trabajando desde el 2006 junto con la Universidad alemana de Tübingen y sus arqueólogos hallaron, recuerda su presidente, Jordi Clos, más de 500 momias de halcón e ibis en unas intrincadas galerías subterráneas.        

UN IBIS QUE COMIÓ CARACOLES

Precisamente, entre las piezas más destacadas se alza un sarcófago de madera de pan de oro y bronce que adopta la forma de un ibis. En su interior, los estudios radiológicos encargados por el museo, que pueden seguirse en un documental, permiten observar la momia y distinguir los caracoles que probablemente fueron su última comida o se introdujeron como ofrenda. 

RICARD CUGAT

Maixaixa Taulé, directora del Museu Egipci, ante un sarcófago de Ibis, con la momia del ave en su interior.

Otros animales descansaban en ataúdes de madera decorados, otros aparecen simplemente vendados, como varios ejemplares de gatos, animal sagrado de la diosa Bastet. Según Gonzálvez, tenía dos caras, “una pacífica y protectora, y otra feroz y agresiva en la que adoptaba el aspecto de leona y se convertía en Sekhmet”, la poderosa, que “ayudaba al faraón en las batallas” pero también podía propagar desastres naturales, y cuyo rostro destaca en un busto de granito de Asuán. 

RICARD CUGAT

Tres ejemplares de gatos momificados junto una estatuilla de la diosa Bastet.

EL HUMOR DE HATHOR

En gata y leona podía transformarse también, según su humor, la diosa Hathor, representada como una vaca o con una cabeza de mujer con orejas de vaca, como se aprecia en un capitel tolemaico). “Cuando Ra creó a los humanos y vio que le perdían el respeto envió a su hija Hathor para darles un toque de atención -explica el comisario-. Y ella llevó el aviso hasta el extremo de hacer una matanza y su cara se convirtió en la de Sekhmet. Para apaciguarla Ra encargó a otros dioses que la emborrachasen con cerveza y que la calmasen con sistros (sonajeros que se exponen con su doble imagen). Su cara se transformaba entonces en la de una mansa gata”. 

LA MAGIA

Una magia transformadora que los egipcios atribuían especialmente a las ranas, una de las cuales se distingue en una estela de Cleopatra. “Era el primer animal que se oía y que aparecía cuando se retiraban las aguas del Nilo tras la época de inundación. Se le asocia con la fertilidad y la vida”. 

Destacan además una gran testa de babuino de piedra calcárea, que encarnaba al dios Tot, cuya figura entera debía medir unos dos metros de alto, y una esfinge del mismo material, con el cuerpo de león y la cabeza de cerdo (animal vinculado con el poderoso dios Amón) que recuerda a las de gran tamaño que flanqueaban las avenidas procesionales de templos como los de Karnak y Luxor.

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