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ARTE CONTEMPORÁNEO

Los traseros de Yoko Ono y más arte empoderado, en la Fundació Miró

La exposición 'Autogestión' reúne prácticas 'do it yourself' desde los años 60 hasta hoy de artistas como Gustav Metzger, Pistoletto o Esther Ferrer

Anna Abella

Tela quemada 1, de Joan Miró, en la exposición Autogestión, en la Fundació Miró, con el comisario de la misma, el artista Antonio Ortega. / CÉSAR CID

Tela quemada 1, de Joan Miró, en la exposición Autogestión, en la Fundació Miró, con el comisario de la misma, el artista Antonio Ortega.
Al fondo, tras la ventana, Mini ampliado al 135%, de Elizabeth Wright, y en primer plano, parte de la obra Creatividad: cambio de mobiliario, de Franz West, en la exposición Autogestión, en la Fundació Miró.
Instalación de Adam Nankervis con diferentes objetos del Museum Man, en la exposición Autogestión, en la Fundació Miró.
En primer plano, The Minus Objects. Estructura para hablar de pie, de Michelangelo Pistoletto; detrás pinturas de Siegfried Anzinger, en la exposición Autogestión, en la Fundació Miró.
Instalación Cien cosas qeu no son arte en absoluto, de Cesare Pietroiusti, coordinadas y reunidas puerta por puerta entre vecinos del Poble Sec por Celeste Marí y Blanca Utrillas, en la exposición Autogestión, en la Fundació Miró.

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Un Joan Miró de 80 años quemando sus lienzos con soplete y gasolina, ejerciendo su voluntad como artista, no como vándalo, o Gustav Metzger, pintando con ácido sus telas y, por tanto destruyéndolas al mismo tiempo. Son claros ejemplos de la potestad y "el control que los propios artistas han tomado sobre lo que crean". La Fundació Miró acoge hasta el 21 de mayo 'Autogestión', un recorrido por ese empoderamiento a través de unas 60 obras de creadores como Yoko Ono, Esther Ferrer, Joan Hernández Pijuan, Michelangelo Pistoletto, Hank Peeters, François Curlet o Sílvia Gubern. 

Instalaciones, pinturas, esculturas, dibujos, fotos, vídeos y un cómic de Carla Fernández sobre Metzger, precursor de la autogestión, conforman una exposicion, comisariada por el artista Antonio Ortega, que refleja diversas prácticas 'do it yourself' desde los años 60, con movimientos como Fluxus, hasta hoy.

Difícil le resulta al visitante apartar la mirada de un hipnótico vídeo realizado por Yoko Ono, que por azar ha quedado estratégicamente situado entre la arquitectura de las salas de la Miró. En él se suceden los planos cortos de diversos traseros andando. "Ella pone los límites, con el enfoque evita ver cómo el modelo". La icónica artista tampoco pone límites a su otra aportación a la muestra, 'Pintura para ver el cielo', situada frente a un ventanal, a mitad de la escalera. También sorprenderán las cartelas manuscritas a lápiz en la pared que acompañan algunas piezas, obra de Mariona Moncunill, con explicaciones alternativas a las del comisario.

 

Introducen el concepto de la autogestión los proyectos espaciales de Ferrer o la instalación de Cesare Pietroiusti, ejecutada y coordinada por las jóvenes artistas Celeste Marí y Blanca Utrillas, para explorar los límites del arte: sobre una plataforma descansan multitud de dispares objetos domésticos -una lámpara de Aladino, unos calcetines usados, un DVD de 'El talento de Mr. Ripley', una bombilla, una botella de cerveza, una cuna desmontada, una garrafa de plástico de agua, un dólar...- que han recolectado puerta a puerta entre vecinos del Poble Sec pidiéndoles algo que nunca considerarían arte. 

LOS ARTISTAS DE HOY

Los artistas de hoy, apunta Ortega, han llegado a la autogestión de “forma natural, un 60% de ellos trabajan así”. Con la crisis económica y la de la institución artística, las nuevas tecnologías e internet del siglo XXI les permiten difundir directamente su obra; todo el mundo puede hacer arte y las fronteras entre lo profesional y lo 'amateur' se difuminan. De ahí el ejemplo de Robert Ryman, que durante años fue guardia del MoMA y pensó que él también podía hacer aquellas obras. Y se convirtió en uno de aquellos artistas cuyas piezas custodiaba. Ante la imposibilidad de traer a la muestra una obra suya por los costes de traslado y seguro, Marí y Utrillas improvisaron una 'miniperformance'.

Avanzando por la segunda sala, el comisario señala a artistas consagrados que, como Miró con su 'Tela quemada', “aunque vivían una situación de confort tomaron decisiones repentinas y decidieron hacer cambios”, reivindicando el derecho a la transgresión. En ella encajan también Hernández Pijuan o Pistoletto, quien ha cedido una réplica de 'The Minus Objects. Estructura para hablar de pie' (de 1965), título con el que invita explícitamente a apoyarse en ella para charlar u observar sin dejar opción a la interpretación, controlando así el uso que se hace de su obra.      

CÉSAR CID 

Detalle de la instalación de Nankervis con objetos del Museum Man.

Un tercer ámbito destaca la idea de “inclusividad”. “Si tras Duchamp cualquier cosa puede ser arte y después de Beuys cualquiera puede ser artista -recuerda el comisario-, aquí hay artistas que renuncian a posiciones excluyentes” que ponen barreras al acceso a su producción y gobiernan así ellos mismos cómo esta llega al público. En ella se enmarca Adam Nankervis, que aporta un conjunto de objetos de diversos artistas de la colección del desaparecido y ecléctico Museum MAN, ejemplo de autogestión.

Cierran la muestra, patrocinada por la Fundació Banc Sabadell, las reproducciones al óleo de Pere Llobera que ilustran el catálogo e instalaciones como 'Creatividad: cambio de mobiliario', de Franz West, que invitó al público en 1999 a usar las dos sillas, la mesa, y la lámpara como muebles y a pegar cintas de colores en ellos. Desde esta pieza, tras el cristal de la ventana, en el exterior, un coche verde: 'Mini ampliado al 135%', de Elizabeth Wright, comportándose como “una fotocopiadora que ampliaba o reducía objetos”. 

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