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EXPOSICIÓN EN BILBAO

Todo el expresionismo abstracto

El Guggenheim reúne la mayor muestra en Europa desde los 50 del arte estadounidense de posguerra

Natàlia Farré

Fragmento del gran Mural de 1943 que Jackson Pollock pintó para Peggy Guggenheim.

Fragmento del gran Mural de 1943 que Jackson Pollock pintó para Peggy Guggenheim.

Ver una gran muestra de expresionismo norteamericano en Europa no es fácil. Las últimas datan de la década de los 50 y tenían como principal promotor a la CIA. Tal cual. La agencia de inteligencia estadounidense vio en el movimiento artístico el arma perfecta para combatir el totalitarismo soviético, ya que su creación se basaba en la libertad absoluta del artista. Así que a través del Moma organizó dos exposiciones que itineraron por Europa con parada en Barcelona, en 1955. Aquí, en La Virreina, fue donde más público desfiló delante de los cuadros de Pollock y compañía: 60.000 personas. Un éxito que ocurría poco después de que el Metropolitan Museum of Art los excluyera, en 1950, de la muestra 'American painting today'. Un ninguneo que airó a Mark Rothko, Jackson Pollock, Willem de Kooning, Robert Motherwell, Barnett Newman, Clyfford Still y Hedda Sterne, y provocó una enérgica protesta además de una fotografía del grupo, llamados 'Los irascibles', inmortalizada por Nina Leen.

La imagen abre la exposición 'Expresionismo abstracto' del Guggenheim de Bilbao (hasta el 4 de junio), la mayor muestra sobre el fenómeno artístico celebrada desde entonces en Europa y que reúne a sus principales actores en lo que es "una revisión de conjunto y también una visión del lenguaje individual de cada uno de los grandes nombres", a juicio de Lucía Aguirre, su comisaria. Es además una manera de evidenciar que el expresionismo abstracto no fue solo los campos de color de Rothko y el 'action painting' de Pollock, fue también la figuración desfigurada De Kooning, las líricas voladuras de Helen Frankenthaler y las táctiles pinceladas de Joan Mitchell. 

De ahí que la exposición, patrocinada por la Fundación BBVA, reúna 30 artistas y 130 obras, entre ellas piezas tan icónicas como el 'Mural', la pieza que Pollock pintó para el hall de Peggy Guggenheim en 1943 y que además de alimentar múltiples leyendas, como la que fue recortada por grande, supone, según la tradición, el punto de partida del movimiento. La muestra recorre sus inicios, con los primeros pasos de los creadores cuando aún bebían del surrealismo y de las vanguardias europeas, y llega hasta el final, con los llamados artistas de la segunda generación con un epílogo de Philip Guston  y la vuelta a la figuración.   

ALCOHOL Y MUERTES TRÁGICAS   

Un recorrido que da para ver las diferencias entre los creadores, pero también para recordar sus coincidencias que, además de la monumentalidad y expresividad de sus trabajos, las había de componente personal: biografías tumultuosas, coqueteos con el alcohol y muertes prematuras. Y una querencia por la pobreza. Pues su entrada en los museos y en las galerías fue tardía, y sus obras no fueron siempre valoradas. 

Nada que ver con los precios astronómicos que se pagan ahora. La mujer de De Kooning explicó en numerosas ocasiones cómo malvendían su obras, si conseguían comprador, y cómo muchas veces tenían que robar la luz o decidir si comer o comprar cigarillos. En estas circunstancias, su amigo y vecino el fotógrafo Rudy Burckhardt adquirió uno de sus lienzos por no más de 200 dólares, una pequeña inversión que con los años pagó su "divorcio, una casa en Maine y un 'loft' en la calle 29" de Nueva York.

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