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Voces unidas por el Mediterráneo

El concierto incluyó duetos inéditos como los de Lluís Llach con Manolo García y Serrat con Judit Neddermann

El Palau Sant Jordi expresó su solidaridad con los refugiados entre críticas a la inactividad política

JORDI BIANCIOTTO
BARCELONA

Concierto Volem acollir a favor de las personas refugiadas en el Palau Sant Jordi. / FERRAN SENDRA

Concierto Volem acollir a favor de las personas refugiadas en el Palau Sant Jordi.
 Concert Volem Acollir

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El Palau Sant Jordi no lo tomó ayer ninguna estrella pop, sino una causa humanitaria que lleva ya casi seis años tiñendo de dramatismo el Mediterráneo y sacudiendo conciencias. Frente a la parálisis política y plantando cara a la hipótesis de la insensibilidad, 15.000 personas acudieron a la llamada de la campaña Casa nostra, casa vostra en una noche de las que en los últimos tiempos no abundan y donde las canciones se fundieron con los llamamientos a la solidaridad y a la acción de instituciones y gobiernos.

Música, mensajes comprometidos y un guion escénico de contornos teatrales a cargo de Carlus Padrissa y La Fura dels Baus, con un metafórico muro levantado a ambos lados del escenario que se derrumbó dando paso a la marea de refugiados sobre las tablas. Un pórtico severo para la noche envuelto en la obertura de La creación, de Haydn, simbolizando el caos y la oscuridad, y donde emergieron dos voces con autoridad, Roger Mas, barítono del abismo, y Núria Graham, dando luego la réplica y cantando suspendida desde las alturas. Tomó la palabra Gemma Nierga para recordar que nuestra guerra civil también causó desplazamientos forzosos masivos y que «esto está pasando ahora en Siria». Presentó a una chica de ese país, Meera, que «tocaba el piano y jugaba a tenis hasta que oyó las bombas estallando cerca de la escuela».

DEL NORTE Y DEL SUR / El piano de cola estaba listo para que Lluís Llach entonara el «canto a la libertad», anunció Nierga, de Venim del nord, venim de sud, en cuya segunda estrofa entró Manolo García imprimiendo su talante aflamencado mientras el ritmo crecía y la instrumentación de Xavi Lloses miraba delicadamente a Oriente. El que fuera cantante de El Último de la Fila completó la escena acudiendo a sus Pájaros de barro.

Otro dueto de altos vuelos, el formado por Marina Rossell y Paco Ibáñez, en torno a Quanta guerra! y alzando luego el tono en A galopar, con el inagotable texto de Alberti. «Una canción que nos da ánimos y ganas de enterrar a toda esa gente, los criminales, que han provocado esta situación», anunció Ibáñez, que se despidió dando las gracias a Catalunya, que, con este concierto, « ha demostrado una vez más que es un pueblo civilizado y solidario».

Músicas y parlamentos fueron alternándose en un guion razonablemente ágil, si bien fue acumulando retrasos. Un espectáculo con intención de ser más que eso y al que acudieron personalidades políticas como la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, el conseller Raül Romeva y la alcaldesa Ada Colau.

Entre los llamamientos de denuncia, el de Toni Borrell, de la plataforma Stop Mare Mortum, que se refirió a la frontera meridional europea que representan Ceuta y Melilla. Ritmo mestizo en la voz de Macaco, Con la mano levantá, con denuncias de «la hipocresía de los políticos». Gemma Nierga apuntó que el drama de los refugiados afecta también a países como Afganistán, Irak y Somalia, en los que «la violencia y el crimen se ha generalizado», y recordó que hay en el mundo 290 millones de personas consideradas migrantes o refugiadas. Las voces corales de In Crescendo y del African Gospel Choir tomaron luego el relevo con una adaptación frondosa de Que tinguem sort, de Llach. La canción de autor más austera se hizo oír a través de la voz y la guitarra del madrileño Ismael Serrano, que recuperó uno de sus primeros éxitos, Papá cuéntame otra vez, en la que rendía cuentas con la generación de Mayo del 68. Joan Dausà acudió al lenguaje metafórico en su intimista Com plora el mar.

Y llegó Jordi Évole, causando revuelo cuando, mirando al flanco izquierdo del Sant Jordi, señaló que en un concierto como aquel «no debería haber palco reservado a las autoridades» porque de su «incapacidad» deriva la dificultad de «resolver el problema». Celebró el éxito de convocatoria y miró un poco más allá. «Hoy somos 15.000, pero el día 18 tenemos que ser muchos más», dijo aludiendo a la manifestación prevista para el próximo sábado.

Antonio Orozco contó con Manu Guix en Mi héroe, y Sopa de Cabra se adentró en sus Camins. Llegó Serrat, excusando a Sílvia Pérez Cruz, «que està malalteta», baja de última hora. Una oportunidad para Judit Neddermann, que fue su cómplice en Plany al mar y en un Mediterráneo coral, con Santi Balmes (Love of Lesbian), Lucrecia, Sílvia Comes... Serrat animó al público a «seguir implicado mañana, y pasado mañana, y el próximo sábado». Volvió Llach con unas Corrandes d'exili que, sin Pérez Cruz, compartió con Elena Gadel y que remató el verbo trágico de Sílvia Bel.

CLÍMAX CON SISA / Versos de choque con Ovidi 3 (la guitarra de Borja Penalba) y Fermin Muguruza, y rumba y ensaladas multiculturales con Los Chichos, la saharaui Aziza Brahim, Txarango y Cheb Balowski. Y cerrando, el reencontrado Sisa con su Qualsevol nit pot sortir el sol, compartiendo sus estrofas, que contienen el eslogan de la campaña, Casa nostra, casa vostra, con voces jóvenes como las de Andrea Motis, Ivette Nadal, Clara Peya... Un final fresco, con un toque de fantasía, para una larga noche con peso e intención política.

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