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FESTIVAL DE CINE DE BERLÍN

La causa transgénero, en la Berlinale

Sebastián Lelio intenta repetir la fórmula de 'Gloria', sin conseguirlo, en 'Una mujer fantástica'

Nando Salvà

Sebastián Lelio y Paloma Vega, en Berlín.

Sebastián Lelio y Paloma Vega, en Berlín. / JOHN MACDOUGALL

Hay tantos cineastas ahí afuera que pasan la vida buscando en vano la fórmula del éxito que sería injusto culpar a aquellos que tras encontrarla intentan sacarle todo el jugo. Dicho de otro modo, da lo mismo que la última película del chileno Sebastián Lelio'Una mujer fantástica' (presentada hoy a competición en la Berlinale), tenga similitudes tan obvias con la que hizo justo antes, 'Gloria' (2013), que lo dio a conocer y además se llevó un par de premios en este festival. O al menos daría lo mismo si la fórmula le hubiera funcionado igual de bien.

En el fondo, ambas películas relatan el viaje más o menos traumático de una mujer de la luz a la oscuridad o de la crisis de identidad a la aceptación personal. Las circunstancias, eso sí, son muy distintas: si la protagonista de 'Gloria' debía aprender que la soltería pasados los 50 no es el fin del mundo, la de 'Una mujer fantástica' es una transexual que lucha por salir de la prisión en la que los prejuicios sociales la han encerrado.

En todo caso Lelio se ha puesto el listón más alto: aquí no se limita a observar cómo su protagonista afronta algunos momentos cómicos y otros deprimentes. Aquí por un lado se atreve a abordar un asunto social lleno de controversia y intolerancia institucionalizada, y por otro trata de sacar músculo como narrador echando mano de escenas oníricas, 'macguffins', cambios bruscos de tono y coqueteos con el 'thriller'.

Y, lástima, no le sale: para denunciar la discriminación que sufre su heroína la enfrenta a villanos de tebeo, y las vueltas que le da al relato no logran disimular su poca hondura aunque solo existan para eso. Dicho esto, visto lo visto hasta ahora hay que contar con la presencia en el palmarés de la película y en concreto con la de su protagonista, Daniela Vega. La posibilidad de premiar a una actriz transgénero tiene demasiado potencial reivindicativo como para dejarla pasar.

‘THRILLER' DE BOQUILLA

Mucho más crudo cara a los premios lo tiene el 'thriller' 'Pokot' aunque su directora, Agnieszka Holland, también tiene enchufe (es cabeza visible de la Academia del Cine Europeo, que nació y tiene su sede en Berlín). De hecho, sin esa conexión difícilmente podría explicarse la presencia en la competición de una película que podría equipararse a la mezcla de un episodio de 'Se ha escrito un crimen' con uno de 'Doctor en Alaska' de no ser porque eso la haría parecer mucho más interesante de lo que es.

'Pokot' se sitúa en un pueblecito de montaña en el que el rimo de vida se estructura en función de la temporada de caza, y en concreto acompaña a una anciana animalista en guerra con buena parte de sus vecinos. Desde que se descubre la primera de una sucesión de misteriosas muertes, la película se dedica de forma desganada a efectuar los gestos mínimos necesarios para poder ponerle la etiqueta de intriga criminal a lo que más bien es un tedioso retrato costumbrista de personajes excéntricos.

Después de pasar hora y media de metraje sin tomarse la molestia de generar tensión alguna o elaborar una galería de posibles sospechosos, Holland echa mano de tramposos 'flashbacks' para revelar la identidad de un asesino al que ya teníamos del todo calado (de nuevo, no había más candidatos), y al que no tiene reparos en convertir en héroe romántico con el fin de darnos lecciones sobre el respeto a la vida. Es tan disparatado como suena.