CRÓNICA DE ÓPERA

Una 'Traviata' más de Valentino que de Coppola

El hiperclásico montaje de la cineasta en el Palau de les Arts luce más por el lujoso vestuario y las ambientaciones que por su tratamiento dramático

Marina Rebecca, encarnando a Violeta, y Plácido Domingo, como Giorgio Germont, fueron los grandes triunfadores de la noche

Un momento de la representación de ’La Traviata’ en Valencia, con Plácido Domingo y Marina Rebeka.

Un momento de la representación de ’La Traviata’ en Valencia, con Plácido Domingo y Marina Rebeka. / MIGUEL LORENZO

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César López Rosell
César López Rosell

Periodista

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Ópera de alta  costura en el Palau de les Arts.  El estreno en España, el jueves, de la versión de Sofia Coppola de ‘La traviata’ de Verdi, con producción de Valentino Garavani y su socio Giancarlo Giammetti , volvió a demostrar (tal como  ocurrió en la ‘première’ de la  pasada primavera en Roma), que el modisto es el que ha llevado las riendas de  este espectáculo operístico. El fastuoso vestuario y las ambientaciones del escenógrafo  Nathan Crowley  (‘Batman Begins'), con lujosos y aristocráticos salones y la espectacular y floreada galería  de la casa de campo de Violetta ,dominan la función  y dejan al margen el limitado tratamiento dramático de una cineasta de talento supeditada a la concepción estética retro del diseñador.

Fue una noche de glamur en el teatro de Calatrava con un notable desfile de personalidades por la alfombra roja encabezado por la reina Sofía, la actriz Monica Bellucci, la princesa María de Hohenlohe, el Duque de Alba, Luis Alfonso de Borbón  y numerosos personajes del mundo de la política y el empresarial. Entre los asistentes figuraban los 50 invitados de Valentino, que llegó a Valencia el pasado lunes para controlar la puesta en escena y los retoques de sus cuatro modelos lucidos por  Marina Rebeka (Violetta), la gran triunfadora de la representación junto al incombustible  Plácido Domingo (Giorgio Germont).

MIGUEL LORENZO

Plácido Domingo, Giancarlo Giammetti, Monica Bellucci y Valentino Garavani, a las puertas del Palau de les Arts.

Precisamente una de las grandes ausentes fue la directora de ‘Lost in translation’. Coppola aceptó hacer una versión alejada de la vanguardia y pegada al clásico y a la época pero buscando un enfoque que potenciara las emociones de la protagonista. El resultado de su intervención alejada de toda innovación es el de un montaje anacrónico que devuelve la obra a los años de Zeffirelli o Visconti. Ese era el sueño de Valentino y lo ha hecho realidad con la complacencia de un público que acabó aplaudiendo a los artistas puesto en pie.

PARÍS, SIGLO XIX

El inicio, con Violetta situada en lo alto de la escalinata de mármol de un salón del París del siglo XIX, jalonado por lámparas de araña y amplias vidrieras, marcó la línea a seguir. La  protagonista lucía un espectacular vestido largo negro con lentejuelas y cola verde esmeralda. Rebeka supo desenvolverse  con soltura y sentido dramático dentro del corsé de sus modelos. Con su loable entrega se adaptó igualmente  al terno blanco del segundo acto, al ‘rojo Valentino’ de la fiesta en casa de  Flora y al vaporoso camisón de las escenas previas a su muerte junto a su amado Alfredo Germont (Arturo Chacón-Cruz, tenor de voz sólida y brillantes agudos, pero carente de expresividad).

La soprano  acabó arrasando gracias a su temperamento  y sus magníficas cualidades vocales. Brilló en los momentos de mayor lirismo y en otros como en su fantástico dúo con Domingo. Este volvió a exhibir su absoluto dominio de la escena con una completa actuación  y bordó como baritenor en el aria ‘Di Provenza il mar’. “¡Artista!”, le gritó desde la platea su colega José Manuel Zapata  El resto del reparto y el estupendo coro se unieron al dominante planteamiento estético , vestidos por  los creadores Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli, con la discreta  Anna Bychkova (Flora Bervoix) como figura dominante.

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En una función plana en lo dramático, a pesar de la ejemplar implicación de los intérpretes, sobresalió el excelente nivel musical alcanzado por la orquesta de la casa, dirigida con sensible pulso por el valenciano Ramón Tébar  El impacto mediático conseguido con esta apuesta ha hecho que las entradas de las seis funciones restantes estén ya agotadas. 

 

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