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ENTREVISTA A UN MAESTRO DE LA NOVELA NEGRA

Dennis Lehane: "250 años de democracia no se van a malograr"

El autor de 'Mystic River ' recibe el Premio Carvalho con una nueva novela, 'Ese mundo desaparecido'

ELENA HEVIA / BARCELONA

Este tipo grande como un armario, de mirada azul y sonrisa burlona a desgana, muy probablemente sería seleccionado en un cásting para participar en cualquiera de las películas que han propiciado sus novelas. Dennis Lehane es el autor que está detrás de 'Mystic River' de Clint Eastwood, de 'Shutter Island' de Scorsese o de 'Adiós pequeña, adiós' y la reciente 'Vivir de noche' de Ben Affleck, y ahora visita Barcelona no solo para recoger el Premio Carvalho este jueves sino también para presentar su última novela, 'Ese mundo desaparecido' (Salamandra) con la que cierra una ambiciosa trilogía poblada de gánsteres y fantasmas del pasado. Su acento educado no hace sospechar que se crió en el inflamable Boston de los 70.

¿Esta novela tiene una mayor carga de melancolía que las anteriores por algún motivo especial? Son tres libros muy distintos. El primero, 'Cualquier otro día', es una novela histórica clásica; la segunda, 'Vivir de noche', es una novela de formación, y esta, una tragedia silenciosa. Trata sobre el hecho de hacerse mayor, algo que inevitablemente nos hace pensar en la muerte, y probablemente existe una gran conexión con lo que ocurría en mi vida mientras la escribía. Me encontré rodeado de muerte. Murieron mis padres y también mi hermano. Naturalmente, ese sentimiento se filtró.

¿Trasladó a Joe Coughlin, su personaje protagonista, de Boston a Florida aprovechando que usted ahora vive allí, o más bien por razones históricas? Bueno, básicamente fue porque después de la guerra el negocio del ron se trasladó a Florida y la mafia fue tras él. Pero, claro, mi conocimiento del lugar me fue muy útil. De todas formas, no me sentía muy a gusto. Es probable que no vuelva a escribir sobre Florida.

"Mientras escribía 'Ese mundo desaparecido' me encontré rodeado de muerte, y ese sentimiento se filtró"

¿Cree que si no hubiera nacido en Boston se hubiera convertido en el escritor de novela criminal que es? El entorno era muy difícil, sí. Había una gran variedad étnica. Y sí, quizá eso facilitara que me convirtiera en escritor.

Pero también pudo ser un delincuente. (Ríe) O profesor, o policía, o bombero, o funcionario…

¿Nunca fue un chico malo? (Vuelve a reír) 'No comment'.

En todo caso,  sabe de qué habla cuando describe la violencia. Lo que admito abiertamente y no escondo es que mi barrio por aquel tiempo era extremadamente violento, una violencia que se palpaba físicamente. No había manera de no toparse con ella a cada momento.

Su protagonista Joe Coughlin, ese exgánster irlandés perseguido por su pasado, ¿podría ser un Dennis Lehane que acabó descarriándose? Posiblemente. Joe tiene una relación complicada con su padre, un personaje corrupto pero muy bien considerado socialmente, y eso provoca en Joe una inmensa rebeldía contra la hipocresía reinante. Naturalmente, eso no tiene nada que ver con mi padre y el entorno en el que crecí, pero me reconozco en muchos de los sentimientos de Joe.

"Cada generación intenta compensar los fracasos de la anterior y descubre nuevas maneras de fracasar con sus hijos"

También es una historia de cómo afrontar la paternidad.  Si, me temo que cada generación intenta compensar los fracasos de la anterior pero descubre nuevas maneras de fracasar con respecto a sus hijos.

¿Por qué en casi todas sus novelas los niños son las víctimas o están en peligro? ¿Ha pensado en ello? Quizá tenga que ver con mi antiguo trabajo como trabajador social junto a niños que sufrieron abusos, pero también con haber tenido muy presente que me crié en un entorno seguro, en una casa segura y en una familia segura, algo que la mayoría de mis amigos no tenía.

¿El sentimiento de culpa puede ser una mina para el escritor? Suelen preguntarme mucho por ello. Yo diría que la historia de Joe Coughlin es de la un hombre que al hacerse mayor se pregunta si haciendo buenas obras va a poder compensar todas sus maldades anteriores. Y la respuesta es que no. Eso es lo que yo veo, pero, bueno, acepto que los demás lo vean de otra manera y quizá, en el fondo, me ayude a hacerme preguntas de orden filosófico y teológico.

Usted conoce bien el caso de los sacerdotes pederastas de Boston. Eso ha alimentado su literatura. Lamentablemente tuve un asiento de primera fila para ese espectáculo porque algunos de los sacerdotes que me dieron clase fueron inculpados y el principal era el cura de la parroquia de al lado de la mía. No comparto con Joe Coughlin demasiados rasgos autobiográficos pero sí una enorme desconfianza en las instituciones públicas y específicamente hacia aquellos a los que les gusta salir a la plaza pública a hablar de moralidad.

¿Su interés por las desigualdades sociales procede de ser el hijo de un sindicalista? Sí, fue una gran influencia. Mi padre era un emigrante irlandés, como mi madre, y es probable que los hijos de los emigrantes tengan una mayor empatía por los trabajadores. Mi padre siempre insistió en que tuviéramos un juicio propio y que no fuéramos demasiado duros con los que no habían tenido nuestros privilegios, aunque esos privilegios realmente fueran muy pocos.

"El Medio Oeste y el Sur han sido abandonados por los demócratas y republicanos. Lo que ha hecho la gente es demostrar su rabia en las urnas"

¿Y cómo contempla a esa clase trabajadora degradada y en paro que ha acabado votando a Trump? El Medio Oeste y el Sur han sido abandonados por los demócratas y republicanos durante años. Que no se hayan dado cuenta de eso ha sido un fracaso importante. Lo que ha hecho esa gente es demostrar su rabia en las urnas por esa incuria.

¿Cómo ha vivido personalmente la victoria de Trump? Con estupor. Creo que esto se va a poner 'interesante' y los motivos de preocupación son muy grandes, pero 250 años de democracia no se van a malograr. Vamos a sobrevivir y sabremos manejarlo.  

Clint Eastwood anunció que él votaría a Trump porque estaba "harto de tanta corrección política". Bueno, tendría que leer exactamente las palabras de Clint. Pero, en todo caso, estas elecciones son el resultado de cómo uno de los dos candidatos convenció al electorado de que les iba a dar trabajo. Y todo lo que ocurrió bajo la superficie, que fueron muchas cosas feas, no creo que contribuyera a decidir la elección en un sentido u otro. Lo que la decidió fue un deseo de esperanza; paradójicamente, el mismo que con Obama.

En todo caso, los tiempos en los que un presidente aparecía fotografiado con una novela, como ocurrió con Clinton y una de las suyas, ya son historia. No, de ninguna manera. Solo hay que esperar cuatro años.