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Bertín Osborne, rodar y rodar

El cantante madrileño lució voz y personaje en el Liceu, en la apertura del Suite Festival, sobreponiéndose a una gripe y arropado por una 'big band' y un grupo de mariachis

Jordi Bianciotto

Bertín Osborne, en el concierto que ofreció el lunes por la noche en el Liceu, dentro del Suite Festival.

Bertín Osborne, en el concierto que ofreció el lunes por la noche en el Liceu, dentro del Suite Festival. / FERRAN SENDRA

Comenzó carraspeando y compartiendo cierta intranquilidad. “Es un milagro que esté aquí”, resopló Bertín Osborne en alusión al “trancazo” que le había confinado en la cama desde hacía días, hasta ese mismo lunes. “A las seis de la tarde estuve a punto de suspender”, confesó. Pero, por lo visto, fue entrar en el Liceu, contemplar sus contornos dorados y decidirse. “Pensé: ‘¡hay que cantar aunque sea mudo!’”. Y terminó creciéndose, domando la garganta a golpe de lingotazos de ‘bourbon’ y cerrando la noche poco menos que a hombros con la ranchera ‘El rey’.

Osborne fue en el Liceu, apertura del Suite Festival, la figura cordial y campechana que podemos ver en televisión y el cantante que juega con sus sueños de ‘crooner’ y estrella del mariachi como queriendo ser a la vez Frank Sinatra y Jorge Negrete. En realidad, no es ni una cosa ni la otra, sino el cantante melódico reconocido por los ‘hits’ de los 80, ‘Amor mediterráneo’ y ‘Como un vagabundo’, que cantó con amorosa caligrafía acompañándose tan solo del pianista. Pero el ingrediente más vistoso del concierto fue esa AP Big Band (“no es un partido político, se llama así”, bromeó), que le arropó para empezar con un ‘Tú me acostumbraste’ con una suave cadencia de swing.

RECUERDO A HUMET

El argumento de su nuevo disco, ‘Va por ellas’, canciones con nombre de mujer, se expresó primero con ‘Clara’, de Joan Baptista Humet, que dedicó a su viuda, sentada en la platea. La solución de la ‘big band’ fue estilizada y elegante, aunque un poco lineal: a ‘Sweet Caroline’, de Neil Diamond, le faltó fuerza y ‘Gloria’, de Umberto Tozzi, es una graciosa canción pop que no necesita ese despliegue de metales para parecer más importante de lo que es.

Pero la estrella fue el Bertín personaje, hablando con el público en un tono de tú a tú, regañando a una pareja que entró tarde (“vaya horitas…”) y compartiendo recuerdos de juventud, aquellos años en que encadenó, dijo, “rodando, rodando”, empleos a cual más calamitoso, con jefes que acababan en la cárcel por desfalco o tráfico de drogas y en empresas intervenidas (trabajó un tiempo en Rumasa). En ese registro de ‘storyteller’ tragicómico se puso al público en el bolsillo a medida que su voz iba recuperando volumen y seguridad, y que se permitía cierto grado de desdramatización de su vocación perdida como cantante country: esas estrofas de ‘This land is your land’ recorridas con una mezcla de sentimiento y guasa.

SEDUCIDO POR MÉXICO

Concierto de ‘tempo’ y ánimo ligeros, amables, con humor y apenas una escena de introspección en los dolidos versos de ‘Agárrate a mí, María’, del malogrado Enrique Urquijo (Los Secretos), que cantó apoyado en el pianista. Su paulatina recuperación vocal le permitió afrontar todo un ‘My way’ sin descarrilar, aunque cuando le vimos más a gusto y en su lugar fue poniéndose las canciones rancheras por montera, rodeado de cinco mariachis, en su papel de seductor y conquistador, haciendo suyas las estrofas de ‘México lindo’, ‘Ay, Jalisco’ y ‘El rey’.

Sin “trono ni reina”, pues, pero tratando de hacer su palabra la ley, Osborne completó el recital sin permitir que un episodio de gripe controlara su destino y dejando al público con una sonrisa de oreja a oreja. “No sabéis lo que hemos sufrido”, aseguró. Nosotros también.

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