CRÍTICA DE CINE
'Silencio': Scorsese y la fe religiosa
El director ofrece en su última película una inteligente dialéctica entre dos formas de entender la religión, la fe y la vida
Silencio ★★★★
Si bien es cierto que la obra de Martin ScorseseMartin Scorsese se ha caracterizado por el retrato de personajes criminales ('Malas calles', 'Uno de los nuestros', 'Casino', 'Gangs of New York', 'Infiltrados') y que dos de sus películas más importantes ('Taxi Driver' y 'Toro salvaje') muestran otro tipo de violencia menos institucionalizada y más desclasada, es indudable que la religión (otra forma de violencia), por la propia experiencia de Scorsese como seminarista, juega un papel importante en su manera de concebir el mundo.
'Silencio' vendría a cerrar una hipotética trilogía sobre la fe que se inició en 1988 con su visión de Jesucristo y el cristianismo, 'La última tentación de Cristo', y se prolongó en 1997 con su interpretación del budismo y la formación del Dalai Lama, 'Kundun'. Si la primera vuelca en un contexto distinto al de la América contemporánea algunas de las obsesiones del director -el guión lo firmaba el calvinista Paul Schrader-, la segunda mezclaba mal antropología con visión turística de la religión.
'Silencio' filma y opone dos mundos en el fondo igual de atávicos, el de los jesuitas que pretenden colonizar religiosamente el Japón feudal del siglo XVII y el de los japoneses que se niegan a ello -están en su perfecto derecho, viene a decirnos Scorsese-, aunque lo hagan utilizando la tortura como instrumento.

No hay mártires, aunque pueda parecerlo, en la película. Scorsese regresa al hiperrealismo oscuro (las grutas en las que se esconden los dos jóvenes jesuitas portugueses, la tortura en el pozo, las crucifixiones, los cuerpos llagados con el agua hirviendo de las fuentes termales, las misas clandestinas) y ofrece una inteligente dialéctica entre dos formas de entender la religión, la fe y la vida.
El filme adapta una novela del escritor japonés y cristiano Shûsaku Endo, ya llevada al cine por Masahiro Shinoda en 1971. En esta versión de Scorsese, el otro personaje capital del relato, el jesuita que apostató (Liam Neeson), adquiere unas resonancias casi míticas dignas del Kurtz de 'El corazón de las tinieblas' y 'Apocalypse Now'.
Los dos sacerdotes viajan desde Portugal a Japón, remontan el río y cruzan la selva en busca de este personaje sobre el que, finalmente, bascula toda la tesis de la película. Scorsese cree, pero las creencias pueden doblegarse, cuestionarse y modificarse. El único problema es la elección de sus dos actores principales. Andrew Garfield ('Spider-Man', 'La red social') y Adam Driver ('Paterson) representan un modelo de inocencia, pero aquí resulta poco adecuado y provoca una cierta distancia dramática.
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