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AVENTURA MUSICAL

Ocho días en Jamaica

El octeto barcelonés Soweto cumple su sueño de actuar en la patria del ska

Nando Cruz

En 2009, el cantante jamaicano BB Seaton aterrizó en Barcelona para actuar en un concierto del grupo barcelonés de ska Soweto. Lo primero que hizo en la ciudad fue… accidentarse un brazo. Lo curaron en el CAP de la calle Manso y al salir dijo a los músicos: “Un día os llevaré a Jamaica”. Hace un par de años se lo volvió a soltar y los Soweto empezaron a pensar que Seaton iba en serio. Les dijo que estaba colaborando en un festival de ska y que quería que tocasen allí.

Hoy el octeto catalán ya puede decir que ha cumplido su sueño de viajar a Jamaica, actuar en Jamaica, grabar en los estudios más famosos de Jamaica, fumar en Jamaica y pasar una mañana con los alumnos de la escuela de música más famosa de Jamaica, la Alpha Boys’ School. Parece mentira que les diera tiempo de hacer tantísimas cosas. Sobre todo, porque cuatro días antes de volar a Kingston no tenían ni siquiera los billetes de avión.

“Salíamos un martes y la confirmación nos llegó el sábado por la noche”, explica Pep Albalat, mánager del grupo. “De hecho, íbamos a pasar cuatro días en Jamaica y cuando llegaron los billetes vimos que estaríamos ocho. ¡Y que salíamos un día antes de lo previsto!”, añade el cantante Oriol Rovira. Todo lo que rodeaba este viaje era tan poco seguro que el grupo nunca se atrevió a anunciar su inminente aventura en Facebook por si se iba al traste.

UNA MISIÓN DOBLE

La misión de Soweto en Jamaica era doble: tocar en la primera edición del Ska & Rocksteady Music Festival, evento creado para potenciar el turismo cultural de Kingston, y ejercer de banda de apoyo de Seaton y sus Gaylads. Llegaban a la capital días antes para ensayar con Seaton y sus canarios del rocksteady y pronto empezaron a encadenarse las casualidades. Un fotógrafo español tenía un contacto en Tuff Gong, el estudio de grabación de la familia Marley, y les gestionó una sesión allí. “Es el mejor estudio de Jamaica y estaba tiradísimo de precio: cuatro horas por 90 euros”, revela Rovira, asombrado.

¿Más casualidades? Alguien les recomendó ir a ver a Earl Chinna Smith, el sexagenario guitarrista de Marley, Lee Perry y hasta Lauryn Hill. “Nos dijeron que nos presentásemos en su casa sin avisar, que le gusta recibir a músicos y tocar con ellos”, cuentan. Y así lo hicieron. Los ocho blancos se plantaron en el patio de su casa y pasaron una mañana tocando. Hasta les prestó el contrabajo con el que grabarían al día siguiente en Tuff Gong. Sí, en Jamaica todo parece muy complicado hasta que se resuelve de la forma más inesperada y natural.

Otra de las escalas más inolvidables de la aventura jamaicana de Soweto fue en la Alpha Boys’ School. Fundada a final del siglo XIX, ha sido el orfanato en el que se formaron los grandes de la música jamaicana y aún hoy acoge en régimen abierto a jóvenes de familias con escasos ingresos. “La embajadora de España colabora con ellos y nos invitó a tocar por la mañana mientras los alumnos entraban”, explica Albalat. “Al llegar no sabíamos dónde teníamos que ir y a lo lejos oímos a un niño tocando el Freedom sounds de los Skatalites con el trombón. Le seguimos y así llegamos a la entrada”, evoca Rovira emocionado. Aquella melodía que le hizo enamorarse del ska le estaba guiando de nuevo.

BLANCOS TOCANDO SKA

Hay que remarcar que para el público jamaicano descubrir a un grupo de blancos que toca ska ha sido una revelación. Allí el ska está casi enterrado y solo lo recuerdan y disfrutan los más viejos del lugar. De ahí la heroicidad de montar un festival de ska y rocksteady en una ciudad tomada por el dancehall. Ya en el recinto, a los ocho de Soweto no les dieron ni pase de acceso a la zona de camerinos. “Éramos los únicos blancos; el vigilante nos reconocía sin problema”, bromea Rovira. Y una vez dentro, el paraíso. “Mirabas a un lado y estaba Stranger Cole, mirabas a otro y había uno de los Heptones”, recuerdan.

Juran que actuaron después de Toots & the Maytals y que causaron gran sensación, pero, sin ni siquiera un pase de camerino, ¿cómo demostrar que todo esto no es fruto de su imaginación? Ya en el aeropuerto, en la cola del avión que los devolvía a España, un periodista que había visto el concierto les abordó y les entrevistó. Días después, un artículo titulado 'Soweto’s uprising' (El alzamiento de Soweto) ocupaba una página entera del Jamaica Observer.

Temas: Jamaica

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