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PATRIMONIO EN DISPUTA

Poca puerta para tanta pintura

Los murales de Sijena del MNAC no pasan por ninguno de los accesos a la sala capitular del monasterio aragonés

Natàlia Farré

La sala del MNAC donde se exponen las pinturas murales de Sijena.

La sala del MNAC donde se exponen las pinturas murales de Sijena. / JULIO CARBÓ

El museo insiste en que el traslado dañaría la obra y pide permiso a la jueza para inspeccionar el cenobio

En el hipotético caso de un traslado a Aragón, a todas luces temerario y con seguros daños irreparables, de las pinturas murales del monasterio de Sijena depositadas en el MNAC, la mejor opción, una mudanza manteniendo las estructuras de madera actuales, es imposible. No hay transporte lo suficientemente grande para llevarlas, ni acceso a la sala capitular del cenobio, su destino, lo suficientemente ancho y alto para ingresarlas. Aun así, de conseguir lo imposible, entrar, se incurriría en una incongruencia geométrica, ya que las estructuras de madera reproducen exactamente el espacio original. O sea, para encajar los soportes a los arcos existentes se debería aumentar el volumen de la estructura y las pinturas se verían irremediablemente alteradas.

Así que se intuye que lo suyo sería separarlas de los soportes de madera tanto para su traslado como para su montaje en el cenobio. En el mejor de los casos, la operación "agravaría las condiciones de vulnerabilidad de la pintura, de manera permanente", afirma en un informe la internacionalmente reconocida especialista en el tema Simona Sajeva. En el peor, supondría su desaparición, pues la película original solo tiene medio milímetro de espesor en las partes más gruesas; el resto se mide en micras. Y además, los murales acarrean un incendio que los dejó en precario. En resumen: "La condición de las pinturas no permite la separación de las telas de las estructuras de madera sin que esto tenga consecuencias graves en su ya frágil estado", afirma la experta.

CONTENEDOR A MEDIDA

El informe, largo y detallado, ahonda en la necesidad de construir un contenedor a medida para su traslado que sobrepasaría las medidas máximas para vehículos pesados y que no está claro que pudiera sortear los posibles accidentes del trayecto, como los pasos superiores. Y en la inviabilidad de la restitución de las pinturas a una sala, la capitular, con unos muros con presencia de bacterias y sales minerales debido a la humedad del lugar y a la intemperie vivida durante decenios, desde que se quemó el monasterio en 1936 hasta que se techó de nuevo en 1990. Para ilustrar tal desatino, Sajeva recuerda lo sucedido con las pinturas de San Baudelio de Berlanga (Soria), un caso muy similar al de Sijena con un resultado nada ejemplar.

De momento, la razón judicial en primera instancia es para la parte demandante, es decir, la comunidad aragonesa. La sentencia dicta que las piezas deben restituirse a su lugar de origen, y un auto del 2 de noviembre del juzgado oscense que lleva el caso resuelve que el fallo se ejecute provisionalmente. Vamos, que las pinturas marchen hacia Sijena, y si las instancias superiores fallan a favor de Catalunya, ya desharán el camino. El auto en cuestión no fijaba fecha de ejecución, antes invitaba a las partes en litigio a informar en qué condiciones se halla la sala capitular del cenobio, la que debe acoger las piezas, y cómo se ejecutaría el traslado. Y a eso respondió el martes el MNAC. Y lo hizo poniendo énfasis en lo desaconsejable que es moverlas, según advierten tanto Sajeva como otros informes; y pidiendo autorización para que sus técnicos puedan entrar en el monasterio y acceder a toda la documentación sobre las intervenciones hechas hasta la fecha en el espacio. Además de invitar a la jueza que instruye el caso a realizar una inspección in situ de cómo se encuentran conservados los murales en el Palau Nacional.

PÉRDIDAS DE PINTURA Y HONGOS

El museo tiene derecho a esta demanda, argumenta, dado que el hipotético traslado sería provisional, ya que las pinturas podrían tener que volver si hay un fallo de la Audiencia Provincial o del Tribunal Supremo favorable a Catalunya; por lo tanto, arguye, es potestad suya asegurarse de que las pinturas no sufrirán ningún daño. Y que no acabaran como las de Berlanga, con pérdidas de pintura y colonias biológicas, o sea, hongos.