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CRÓNICA DE MÚSICA

'DisPLACE', lo que hay detrás de los desahucios

La ópera de Raquel García-Tomás y Joan Magrané conmueve en el Arts Santa Mònica

César López Rosell

Sébastien Soules y Elena Copons, en la representación de DisPLACE.

Sébastien Soules y Elena Copons, en la representación de DisPLACE. / JOSEP AZNAR

Las oportunidades para la ópera contemporánea siguen siendo escasas, pero la tenacidad de impulsores como Ópera de Butxaca i Nova Creació y el festival Musiktheaterage de Viena ayudan a dar salida a proyectos tan interesantes como ‘disPLACE’. La producción, estrenada en la capital austriaca el 2015, ha desembarcado con muy buena acogida en Arts Santa Mònica y en febrero lo hará en Madrid dentro de la temporada al Teatro Real. Los jóvenes compositores Raquel García-Tomàs y Joan Magrané, de cada vez más asentada trayectoria internacional, son los autores de cada una de las dos partes de la obra que nace del libreto de la dramaturga Helena Tornero, actualmente responsable de la producción ‘Kalimat’ en el TNC.

El montaje de Peter Pawlik, con dirección musical de Benedik Nagy al frente del Ensemble Phace vienés, responde a la exigencia de la trama. En ella se abordan temas tan candentes como los desahucios y la gentrificación de las ciudades (cambio en las condiciones y equipamiento de un barrio por la intervención de inversores) a partir de dos historias ambientadas en un mismo piso de Barcelona protagonizadas por los anteriores y actuales inquilinos.

La soprano catalana Elena Copons, que desplegó todas sus cualidades vocales y una excelente vis dramática, y el sólido barítono francés Sébastien Soules se desdoblan encarnando a las dos parejas de la historia. El texto de Tornero sirve de base para la composición de las dos secuencias de la obra. En la primera, Magrané demuestra haber estudiado las posibilidades vocales de la exquisita Copons para vestir de tono straussiano sus arias y  acentuar el lado más cómico de Soules.

LUZ CEGADORA Y ABISMO

La música acompaña como un guante a una acción que pone el foco en la nostalgia y desencanto de María, una profesora de Historia que añora la antigua vida del barrio que conoció la primera vez que vino a la ciudad de vacaciones. La zona ha cambiado por la acción especulativa de, entre otros, Henry, un ejecutivo que trabaja para una multinacional de proyectos inmobiliarios. El directivo compró el piso para arreglarlo y ofrecérselo a su pareja, pero ella descubre la trágica historia que hay detrás de esta operación y se distancia de su compañero al que acaba abandonando.

García-Tomás, enlazando con el estilo narrativo de Magrané, alienta una creación interpretada en catalán y muy a tono con el mayor dramatismo de la peripecia de los anteriores y desahuciados inquilinos. La escena cambia, con montones de cajas embaladas en las que se amontonan tanto lo enseres como los recuerdos de una vida. La desesperación de los protagonistas, en presencia del un mudo ejecutor de la sentencia (Benedek Nagy), se pone de manifiesto. Conmueve la angustiosa situación de los personajes e impacta el final con la luz cegadora de ese balcón abierto en el que se adivina el abismo. Una lúcida propuesta que merece un más amplio recorrido por el excelente trabajo de creadores e intérpretes.
 

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