CRÍTICA DE CINE

'Belleza oculta': ¡Peligro, material tóxico!

El filme de David Franken es una fétida mezcla de postureo 'new age', ñoñería mágico-realista e ínfulas de trascendencia

Tráiler de ’Belleza oculta (2016)’.

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Nando Salvà

Cada cierto tiempo ve la luz una película tan falta de gusto y tan equivocada de raíz que hay que verla para creerla -aunque en realidad lo mejor sea mantenerse alejado de ella-. 'Belleza oculta' es una de esas películas, una fétida mezcla de postureo 'new age', ñoñería mágico-realista e ínfulas de trascendencia que tan solo necesita de su sinopsis corta para ponerse verde a sí misma: es la historia de un publicista tan paralizado por el dolor tras la muerte de su hija que sus socios deciden contratar a unos actores para que lo acosen en público haciéndose pasar por la Muerte, el Tiempo y el Amor; el objetivo del engaño es que el hombre sea declarado mentalmente incapaz, y así ellos puedan vender la empresa.

El director David Franken trata la conspiración central no como la sádica y monstruosa traición que es sino como una encantadora oportunidad para suministrar reconfortantes lecciones vitales y llorosas reconciliaciones. Y con ese fin se sumerge en las profundidades de la pornografía emocional y la melancolía onanista, tan torpe en su intento de hacernos llorar que inspira lástima.

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El colofón, en todo caso, lo proporcionan un par de giros argumentales finales cuya pretensión es adentrar el relato en territorio mágico pero que en cambio lo elevan al estratosférico grado de absurdo que muy pocas películas, al menos hasta donde alcanza la memoria, han logrado. Cualquier -improbable- implicación que pudiéramos haber generado con la historia se evapora mientras contemplamos maravillados la pantalla y descubrimos incrédulos que tanta ridiculez sí es posible.

Belleza oculta ★

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