EL MÁXIMO GALARDÓN DE LA LITERATURA

Dylan brilla en la ausencia

Patti Smith representó al galardonado en la entrega de los Nobel tan emocionada y nerviosa que tuvo que interrumpir su actuación

Patti Smith, en la ceremonia de los premios Nobel 2016. / SOREN ANDERSSON / NOBEL PRIZE.ORG

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Bob Dylan ha sido en Estocolmo lo más parecido a la presencia fantasmal de ‘Rebeca’, aquella vieja película de Hitchcock, en la que la titular no aparece en todo el metraje pero su ausencia despierta una expectación máxima. Nunca un vacío ha sido tan seguido por los medios de comunicación como el que ha dejado clamorosamente el cantautor de Duluth al decidir no presentarse a recoger personalmente de manos del rey de Suecia un Premio Nobel que ya de por sí desencadenó una encendida polémica.

Y al igual que en aquella película quizá lo que recordemos a la larga no sea a Dylan (aunque es difícil no hacerlo), sino la humanidad vibrante y apasionada de Patti Smith, la amiga a la que el maestro Dylan ha hecho el encargo vicarial de mostrarse en su lugar, de dar la cara en la ceremonia. Y es que en la actitud de Dylan muchos han querido ver una muestra de prepotencia, cuando no de capricho. Se desconoce si el autor de 'Blowin’ in the wind' decidió seguir la gala, estuviera donde estuviera, desde algún televisor o a través de internet. Si lo hizo, comprobó seguro que estaba en deuda con la amiga que se volcó en el encargo.

Patti Smith, con esa insólita elegancia que parece haber ganado con los años, soportó con mucha emoción y no pocos nervios la carga que supone tener que enfrentarse a la ceremonia de recogida del Nobel. Y los nervios le jugaron una mala pasada seguida en directo por las más de 1.500 personas que se congregaron en el Concert Hall. La cantante interpretó  ‘A hard rain’s a-gonna fall', tal y como estaba previsto. Pero se vio obligada a interrumpir la actuación en dos ocasiones, aunque la segunda vez consiguió reponerse muy rápidamente. "Lo siento, lo siento. Disculpadme, estoy muy nerviosa", dijo Smith después de perder el hilo de la pieza. Los asistentes a la ceremonia respondieron con aplausos de reconocimiento y apoyo.

Smith interpretó la carismática canción a partir de un arreglo preparado por Hans Ek, en una versión particularmente lenta, acompañada por guitarra acústica, y al final de los siete minutos de duración se incorporó la Orquesta Filarmónica de Estocolmo, lo que provocó no pocas lágrimas entre los asistentes, contagiados por la nerviosa Smith. Fue la única nota emocionante en una gala de entrega que contó con la presencia de los reyes, Carlos Gustavo y Silvia, así como la princesa heredera, Victoria, y su esposo, y que estuvo regida por un controladísimo protocolo en el que se hacía muy difícil imaginar al rebelde Dylan.

DEFENSA DEL GALARDONADO 

Minutos antes de la actuación y, una vez más, con vistas a llenar el potente vacío, el presidente del jurado de la Academia Sueca, Horace Endghal, leyó unas palabras que, de nuevo, cumplieron la función de defender el galardón. Para el académico, que no se quedó corto en sus valoraciones, el nuevo Premio Nobel es “un cantante que merece un lugar junto a los griegos, junto a Ovidio, junto a los visionarios románticos, junto los reyes y reinas del blues, junto a los maestros olvidados de brillante calidad”. Y recordó cómo muy pronto se pasó de compararle con músicos seminales como Woody Guthrie o Hank Williams a hacerlo con titanes literarios de la talla de Blake, Rimbaud, Whitman o Shakespeare. 

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Y por si la idea no había quedado suficientemente clara, Engdahl añadió, retador, dirigiéndose a los escépticos y detractores, que “si la gente en el mundo literario se lamenta, hay que recordarles que los dioses no escriben, sino que danzan y cantan”. Acabó citando al moralista francés Nicolas Chamfort: “¿Qué importa el rango de una obra cuando su belleza es del más alto rango?" Y es que el bardo, se quiera o no, ha cambiado la idea de lo que puede ser la poesía.

La ceremonia se inició con un discurso del presidente de la Fundación Nobel, Carl-Henrik Heldin, quien alertó de la extensión de populismo y de cómo líderes políticos de Europa y de Estados Unidos “están ganando votos con la negación del conocimiento y las verdades científicas”.