MEMORIA HISTÓRICA

La posibilidad del perdón

Marcela Serrano regresa al Chile de la dictadura en 'La novena', donde plantea soluciones para cicatrizar las heridas abiertas por el régimen

Marcela Serrano, en su última visita a Madrid. 

Marcela Serrano, en su última visita a Madrid.  / JOSE LUIS ROCA

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JUAN FERNÁNDEZ / MADRID

La vida tiene la costumbre de cruzar los pasos de personas que no estaban llamadas a encontrarse. Se producen entonces situaciones que se cuentan mejor en las novelas que en los libros de memorias. En plena dictadura, la madre de la escritora chilena Marcela Serrano –Elisa Pérez Walker, conocida como novelista con el pseudónimo de Elisa Serrana- se topó en su finca con un opositor a Pinochet que había sido deportado hasta ese remoto lugar por manifestarse contra el régimen. Lo normal es que entre ambos se hubieran elevado muros de recelo, pero brotó el afecto y ella lo acogió en su hacienda. Veinte años después, aquel accidente biográfico ha dado pie a Serrano para poner en movimiento a los personajes de su última novela, 'La Novena', recién publicada por Alfaguara.

Como suele ser habitual en su obra, los años de la dictadura vuelven a prestar espacio, tiempo y trasfondo al relato. Pareciera una condena, pero la voz ronca de Serrano no transmite pesar cuando reconoce ese influjo inevitable, sino más bien la asunción de unas señas de identidad. "Los chilenos jóvenes ven la vida desde otra perspectiva, pero mi generación está marcada por todo lo que ocurrió en esos años. Los lugares donde viví, los estudios que cursé y hasta el hombre con el que casé estuvieron condicionados por el régimen. Es normal que necesitemos hablar de ese tiempo; no tengo ninguna intención de escribir sobre otra cosa”, reconoce.

LA CONDICIÓN HUMANA

Con todo, Marcela Serrano se apresura a advertir que su último libro no es una novela política. La dictadura provoca el encuentro con el que arranca la historia, pero a partir de ahí son las luces y sombras de la condición humana las que guían la narración.

Cuenta la autora que se sentó a escribir con la intención de hablar sobre la traición y al final acabó en la orilla contraria. "'La novena' va sobre el perdón", resume, y pone en contexto su diagnóstico: "El perdón sirve para tomar distancia y que no te duela tanto lo que antes te dolía. Para una generación como la mía, más vale que nos acerquemos al perdón, o nos va a ser imposible la convivencia", opina.

Que nadie lea claudicación en sus palabras. "Cuidado, esto no significa retocar la memoria. En eso soy rotunda. Hay que recordar. Porque cura y porque cuanto más recordamos, menos riesgo corremos de repetir el pasado”. Ella tuvo que exiliarse en Roma tras el golpe de Estado de Pinochet. ¿Ha perdonado? “Al menos lo intento. No es fácil, porque las heridas están demasiado recientes. Ustedes los españoles también necesitaron su tiempo para que cicatrizara lo suyo”, responde.

 Veinticinco años y diez novelas después de su debut literario, Marcela Serrano dice conservar la relación terapéutica y exploratoria que mantenía con la escritura cuando empezó. Autora tardía, su primera novela, 'Nosotras que nos queremos tanto' (1991) la compuso con 38 años y sin más intención que fotocopiar el manuscrito y repartirlo entre sus amigas. Luego vino el éxito, pero la finalista del premio Planeta de 2001 –con 'Lo que está en mi corazón'- confiesa que le mueven los mismos intereses literarios de entonces.

Esta vez hay una novedad importante. A diferencia de sus nueve novelas anteriores, ahora el relato no lo protagoniza una mujer sino un hombre, Miguel Flores, "el relegado" –así llamaban durante el régimen pinochetista a los condenados al destierro-. Ha sido un reto llevadero, asegura, esta suerte de travestismo: “Conozco la psique masculina porque la literatura, en su mayoría, está escrita por autores. Por otro lado, las mujeres llevamos toda la vida desentrañando la cabeza de los hombres", razona.

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No entra en sus planes cambiar a partir de ahora el punto de vista de su narrativa, pero sí conjurarse para que su literatura se libere de la etiqueta de 'femenina'. "Me parece injusto, porque no se denomina masculina a la obra escrita por hombres. Claro que tenemos otra forma diferente de mirar y manejar las emociones, y yo misma sabía que detrás de la firma de Elena Ferrante había una mujer y no un hombre, incluso antes de que se anunciara. Pero remarcar el factor género en la literatura escrita por mujeres es sencillamente discriminatorio", afirma.

Volverá a haber protagonistas femeninas en sus novelas, o masculinas si así lo demanda la historia. Porque es la historia la que manda, asegura. 'La novena' toma el nombre de la finca donde mantuvo aquel encuentro su madre, que falleció hace cuatro años. Marcela heredó el terreno y entre sus paisajes ha escrito la novela siguiendo la misma estrategia que siguió con la primera: “Pongo los personajes en movimiento y ellos me van llevando”, revela.