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LOS ENTRESIJOS DEL PROGRAMA REVELACIÓN

En la cocina de 'First dates'

Un millón y medio de fieles siguen, cada noche, de lunes a sábado, el programa de citas de 'Cuatro' presentado por Carlos Sobera

Juan Fernández

Una de las parejas participantes en First dates.

Una de las parejas participantes en First dates.

El amor suele provocar en quien lo vive arrebatos solo comparables al rubor ajeno que despierta en los que asisten a su manifestación en calidad de testigos. Pocas situaciones hay más íntimas y privadas que las declaraciones amorosas, ni que queden tan ridículas cuando son sacadas de contexto o se exponen a ojos extraños. Sin embargo, cada día una media de 100 personas escribe a 'First dates', el programa de citas de Cuatro, para ofrecerse a flirtear en público después de ver cómo otras 1.000 parejas han hecho lo propio delante de todo el país en los siete meses transcurridos desde su estreno. ¿Podemos dar por difunto el pudor en la era de la transparencia y la ‘tele verité’, o hay otra razón que explique el éxito de este espacio basado en la exhibición sentimental?

Entre el centenar de personas que hace realidad cada día el programa revelación de la temporada existe el convencimiento de que todo se debe a “la magia de la tele”, una suerte de encantamiento que lleva a los protagonistas de los encuentros amorosos a olvidar que están siendo espiados por cámaras de televisión y les hace abrir sus corazones como si se encontraran en la más estricta intimidad. A este lado de la pantalla, el invento provoca grandiosos momentos televisivos, como sabe bien el millón y medio de fieles seguidores que cada noche, de lunes a sábado, da cuenta de su dosis diaria de cotilleo amoroso.

La fórmula es la misma de la que beben todos los 'realities,' pero en el caso de 'First dates' se añade un factor escénico que aporta claves de su éxito: “Aquí los invitados sienten que se encuentran en un restaurante de verdad y se olvidan de los nervios y de que están en la tele”, explica Carlos Sobera, presentador y celestino mayor del programa.

Estudio de realización de 'First dates'.

Pero los nervios, existen. Son la salsa del directo, y aunque las citas se graban un mes antes de la emisión, lo que suceda ante las cámaras quedará registrado para siempre. El pasado martes a media mañana, Diop, un senegalés llegado desde Valencia, era un flan a la espera de que lo pasan al bar de los flechazos. El entorno tampoco invitaba a la confianza. El sótano de un antiguo local de muebles con aspecto de abandono no es el lugar más idílico para vivir la vigilia de un cortejo, pero 'First dates' no escapa a esa costumbre de las productoras de ubicar sus platós en lugares cuya cochambre exterior es el reverso del glamur que ofrecen en pantalla. Esto también forma parte de ‘la magia de la tele’.

Hasta este edificio del extrarradio de San Sebastián de los Reyes (Madrid), cuyas tres plantas están enteramente dedicadas al programa, llegan cada día entre 18 y 20 aspirantes al idilio. Chicas y chicos se comen las uñas en zonas separadas para que el 'shock' al conocerse sea sincero. Y lo es, realmente. Los nervios alcanzan su clímax en el momento del paseíllo, cuando Carlos Sobera da la bienvenida a cada invitado y lo sienta a la mesa de su pareja. Tienen por delante algo más de una hora para mirarse, conocerse y comprobar si salta la chispa mientras dan cuenta de un menú que ofrece platos con nombres como ‘Alma afrodisíaca’, ‘Enroque del amor’ o ‘Furia templada’.

Para darle más realismo al encuentro, el coste de la cena corre a cargo de los tórtolos, quienes por participar en el programa solo reciben 100 euros a modo de compensación por las molestias de viajar a Madrid desde toda España. Aquí no se viene buscando fama, solo apaño.

La redacción de 'First dates'.

Al entrar al restaurante, la sensación es extraña. Nada hace pensar que en realidad estamos en un plató de televisión disfrazado de local gastronómico, pero la falta de música, el escaso trasiego de personal y las 36 cámaras que hay repartidas sin disimulo por todos los rincones recuerdan que este no es un bar cualquiera. De caldear el ambiente se encarga Carlos Sobera, quien de vez en cuando irrumpe entre las mesas para proponer algún jueguecito con el que romper el hielo. Hoy toca agarrar las manos del partenaire y acariciar sus mejillas.

Disciplinadas, las tres parejas protagonistas, así como las otras cinco que hacen de decorado -estas formadas por personal de figuración-, se entregan al toqueteo. “Parece una tontería, pero estos detalles sirven para desbloquear las citas y que la confianza fluya. Otro truco es proponerles temas de conversación. Un día tuvimos una pareja que apenas se hablaba, pero sabíamos que ambos eran fans del Primavera Sound, así que le dije al oído al chico que hablara del concierto y de pronto todo cambió”, relata Sobera.

Si se aguza el oído se pueden escuchar las conversaciones, pero donde realmente se viven con intensidad las confidencias amorosas es en la sala de control, situada una planta más abajo. Desde esta habitación estanca llena de pantallas, diez personas siguen minuto a minuto, a través de auriculares, lo que van diciéndose los pretendientes. “A veces, llegamos a llorar de la emoción, sobre todo cuando la cita va regular o mal y al final estalla el amor”, cuenta Yolanda Martín, directora del programa.

Carlos Sobera (derecha), presentador de 'First dates'.

Hoy está contenta. “Ha sido un buen día”, dice. Un buen día es aquél en el que la mayoría de las citas terminan con éxito y esta mañana, de los cuatro duetos que han pasado por el restaurante, tres han salido con ganas de volver a encontrarse. Después de casi 200 programas, estas cámaras han visto de todo: desde parejas que empiezan a darse besos en el fotomatón y se lanzan a meterse mano en el reservado, a invitadas que no quisieron pasar de la entrada al ver el aspecto del ligue que le habían propuesto.

Y es que los caminos del amor son insondables, pero el equipo de casting de First Dates ha aprendido a encontrarle atajos. “Somos el algoritmo de Meetic en persona”, dice Martín sonriente, consciente de que el éxito o el fracaso del intento de apareamiento dependerá del olfato que tengan a la hora de cruzar a los candidatos.

En la sala de redacción, una planta más arriba del plató-restaurante, seis personas se dedican a estudiar al milímetro los historiales de los corazones solitarios en busca de coincidencias. En ocasiones es el factor geográfico el que sugiere el emparejamiento; otras veces son las aficiones comunes las que invitan a juntar a unos con otras. “Nuestro objetivo es que surja el romance, no montar un espectáculo, y para lograrlo hemos acabado siendo expertos en el amor”, señala Carlos Sobera. Tienen un índice de aciertos del 50%, del que sacan pecho. Al final, dicen, esta cifra les ilusiona tanto como la del share.

Entre el experimento antropológico y el muestrario de frikis

La idea parecía una locura: convertir en diario el programa semanal de citas del canal británico Chanel 4 y salir airosos del envite. El Bafta conseguido por el original 'First dates' inspiraba confianza, pero había serios riesgos de que tanto ligoteo televisado pudiera acabar aburriendo al público. Sin embargo, no iban desencaminados los programadores de Cuatro que lanzaron su apuesta: desde el debut del espacio a mediados de abril, los índices de audiencia no han parado de crecer.

Cada noche, una media de 1,5 millones de espectadores se entretiene espiando el cortejo de parejas de desconocidos, aunque el programa ha llegado a rozar los dos millones de seguidores algunas veladas. El 8,7% de share que suelen alcanzar, que en Catalunya llega al 10%, está muy por encima de la media de la cadena, así que entre el equipo que hace realidad el espacio diariamente a ritmo de factoría –de lunes a viernes, de 11 de la mañana a 7 de la tarde, cada jornada ventilan entre nueve y diez citas amorosas- se respira entusiasmo.

A la vista de estas cifras, la cadena decidió sacarle provecho al invento a la vuelta del verano y desde septiembre también emite resúmenes semanales los sábados y programas especiales donde se ofrecen segundas oportunidades a participantes que tras su primer intento volvieron a casa tan solos como salieron.

Buena parte del éxito del programa recae en su acierto a la hora de seleccionar a los candidatos. Entre el experimento antropológico y el muestrario de frikis, por el casting de 'First dates' ha desfilado un variopinto plantel de perfiles humanos formado por albañiles, profesores de instituto, 'heavies', modernos, agricultores, gogós de discoteca, católicos recalcitrantes, ex concursantes de otros programas y particulares de todo pelaje cuya mezcla dio lugar a divertidos momentos televisivos.

Carlos Sobera, con Leticia Sabater.

Aplaudido por colectivos homosexuales por la marcada presencia de parejas gais y lesbianas, el espacio ha llegado a juntar en la misma mesa a bisexuales con partidarios del poliamor y a un transexual al lado de un intersexual. Se trata de provocar la chispa sea como sea, o al menos de epatar al espectador y hacer ruido en las redes sociales, y rara es la noche que alguna frase chocante de un concursante no ha acabado protagonizando las conversaciones digitales.

Si con anónimos no se consigue, siempre existe el recurso del famoso. Se cuentan por decenas los rostros populares que han vistiado el programa en calidad de asesores afectivos, aunque en octubre Pocholo Martínez Bordiú también intentó ligarse a una ucraniana como un concursante más y este sábado Leticia Sabater se plantó en el restaurante del amor a la caza de un marido.

En siete meses, las 1.000 parejas que han pasado por el local de Sobera han generado más situaciones estrambóticas que la colección completa de Mortadelo y Filemón, pero entre el personal que hace posible cada noche 'First dates' se quedan con dos momentos gloriosos: el encuentro de dos sordomudos solteros que organizaron hace dos semanas y la boda que a principios de noviembre celebraron Cristian y Cristina: se conocieron en verano en el programa y acabaron pasando por el altar. 

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