NUEVO LIBRO DEL AUTOR ROSELLONÉS

Patufet, superhéroe en Oceanía

Joan-Lluís Lluís publica 'El navegant', una novela que lleva a un perpiñanés con un don mágico de la Comuna de París a Nueva Caledonia

Joan-Lluís Lluís, autor de ’El navegant’, la semana pasada en un hotel de Barcelona.

Joan-Lluís Lluís, autor de ’El navegant’, la semana pasada en un hotel de Barcelona. / MONICA TUDELA

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Ernest Alós
Ernest Alós

Jefe de sección de Participación

Especialista en Cuando puedo, escribo sobre historia, literatura fantástica y de ciencia ficción, ornitología, lenguas, fotografía o Barcelona.

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Assiscle Xatot nace en Perpinyà en 1852 con una capacidad muy especial: un don de lenguas que le permite adquirirlas, o más bien devorarlas, en cuanto conoce a un hablante. Xatot, al que conocerán como Nuvolet, pasa sus primeros 18 años en la ciudad donde aún todo el mundo hablaba en catalán, se ve envuelto en la revuelta de la Comuna de París y acaba deportado a Nueva Caledonia, donde será adoptado por un clan indígena y convertido en su contador de historias. 'El navegant' (Proa), de Joan-Lluís Lluís es, pues, una novela de aventuras y formación, de juegos lingüísticos y de componentes fantásticos. Y sería una lástima que la fecha de su aparición, sin apenas tiempo para ser digerida a la hora de hacer balance de lo publicado durante el 2016, hiciera que se le escatimase el reconocimiento como una de los tres o cuatro libros más apreciables que ha deparado la ficción en lengua catalana este año.

El don de Nuvolet tiene tan poca explicación como el olfato infinito del protagonista de 'El perfume' de Süskind, por ejemplo. "No había caído hasta que me lo están apuntando en varias entrevistas; sí, tienen algo en común, además de ese don, la soledad que eso les impone, aunque yo soy más suave...". "Si la novela pasara en el siglo XXI sería una especie de superhéroe", dice Joan-Lluís Lluís. Lo fantástico no suele aparecer (o no solía) en la literatura catalana. Pero aquí, esos escasos referentes, como Joan Perucho o Pere Calders, son los primeros que vienen a la mente. "'Les històries naturals' y el 'Llibre de cavalleries' de Perucho son dos de las novelas que fueron importantes en mis primeras lecturas, cuando en mi juventud, bastante tarde, descubrí lo que podía llegar a ser la literatura catalana, que podía ser tan diversa como otras literaturas. Y 'Invasió subtil i altres contes' de Pere Calders fue el primer libro en catalán que leí", explica el escritor norcatalán. A los 19 años y con dificultad para entenderlo. "Yo, en Perpinyà, ignoraba que se podía escribir en catalán. No había visto nunca ni un diccionario ni un libro, solo algún disco de Llach o de Raimon, hasta que nos dieron la posibilidad de estudiar una hora optativa de catalán".

FINAL ATRAVESADO

'El navegant' está compuesto de tres 'quaderns' (Perpinyà, París, Nueva Caledonia) que podrían haber sido libros independientes. En el primero, el catalán es objeto de persecución escolar. En el tercero aparece el genocidio cultural de un pueblo que se va disolviendo por la acción del colono. Los polinesios son aquí un poco un reflejo de los norcatalanes. "Sí, evidentemente. De hecho, cómo desaparecen o se mantienen las lenguas son fenómenos universales, normalmente es por la violencia o por la persuasión/violencia. Raramente es solo persuasión y buenas formas, en general hay alguien que impone por potencia militar o económica su lengua a los otros, que por supervivencia se adaptan. En Perpinya, Francia lo hizo de forma despiadada, pero ofreciendo el bastón y la zanahoria, que era el acceso al pequeño funcionariado, mientras que en Nueva Caledonia fue masacre y se acabó".

En 'El navegant', como también en 'Les cròniques del déu coix', aparece un uso mesurado pero brillante del humor, con un pasaje que destaca por encima de todos: el momento en que los canacos le piden a Nuvolet que les explique más historias del Patufet, y el narrador decide convertirlo, gracias a su barretina mágica, en el protagonista de todas las grandes historias de la tradición occidental: Patufet Sansón, Patufet contra los franceses, Patufet con botas, Patufet y el último mohicano, Patufet en el centro de la tierra... "Es de mis momento preferidos de la novela", reconoce. Y el final fue el más difícil. Inicialmente tenía pensado un final “en plan Errol Flynn y Olivia de Havilland" que hizo que la novela le quedase atravesada durante 20 años hasta que decidió eliminar "ese final equivocado" y la acabó reescribiendo sin final feliz.

"FASCINACIÓN Y FRUICIÓN" POR EL 'PROCÉS'

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Respeto al uso de las particularidades rosellonesas del catalán, Lluís dice tomar una opción distinta en cada  novela: "Aquí hay un poco más en la parte que pasa en el Rosselló, en los diálogos entre roselloneses, incluso un poco exagerado, porque no es difícil de entender. En general, utilizo un catalán estándar con algunos toques aquí y allí, a veces inconscientes y otros deseados, por motivos sentimentales. 'Sem' en lugar de 'som', o 'berenar' que para mí es una palabra extranjera”.

Desde su punto de vista independentista, Joan-Lluís Lluís sigue con "fascinación y fruición" el 'procés'. “Lo que pasa en Catalunya es bastante único en el mundo, esta capacidad de movilización de forma absolutamente pacífica y con una base profundamente democrática. Después vienen los altibajos, las mezquindades puntuales, cosas que dan pena y otras que generan admiración... pero yo espero que la gente acabe votando", dice. Allí arriba, la discusión es otra: la movilización para que el nombre 'Pays Catalan' aparezca en la nueva región en que queda englobada la Catalunya Nord. "Algo se ha removido. En la Catalunya Nord hay una gran pasividad, la gente no cuestiona nunca el hecho de ser franceses, pero hay un substrato que de vez en cuando se mueve un poco. Lo que me sabe mal es que no se haya movido antes. Para mí el gran escándalo de las regiones francesas no es el nombre sino lo que son. Nadie cuestionó que las dibujase un funcionario desde un ministerio de París sin consultar a las poblaciones concernidas. Encontré patético que la gente no se organizase entonces".