28 nov 2020

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Rosario, con la ayuda de la familia

La cantante combinó energía y emotividad en un recital de presentación de 'Gloria a ti' en el Palau salpicado por citas a sus padres, Lola Flores y El Pescaílla, y a su hermano Antonio

Jordi Bianciotto

Rosario, en el Palau de la Música.

Rosario, en el Palau de la Música. / FERRAN SENDRA

El efecto de la euforia es más poderoso cuando se pone en contraste con estados de ánimo más templados, y el concierto de Rosario, este jueves en el Palau, fue más allá de la habitual exhibición energética a través del material emotivo de su nuevo disco, recién publicado, ‘Gloria a ti’Un trabajo dominado por composiciones propias en el que la madrileña parece cantar a la luz de sus ancestros, bañada por una suave melancolía.

Sin dejar de ser la Rosario cañón que se destapó hace 24 años con ‘De ley’: esa canción agitó un apertura vigorosa, con cita rapera a su madre, Lola Flores, en ‘Como me las maravillaría yo’, y metales (virtuales) soul rumbo a ‘Estoy aquí’ y ‘Gypsy funky’. Rosario en su versión fibrosa de rigor, un cliché en sí mismo, la figura espigada que corretea por el escenario exhibiendo largas piernas, alabando el lugar, ese “templo de la música”, y expresando una idea de entrega. “Aquí estoy yo para regalar todo mi arte y toda mi música”.

COLORES TENUES

Con ‘Y sin darme cuenta’ el concierto evolucionó hacia territorios más contenidos, un ‘downtempo’ envolvente, una Rosario de colores tenues. Como en otras tres canciones nuevas, ‘Gloria a ti’, que abordó con vestido blanco flamenco (“y yo subiré / a las estrellas cuando tú me llames / Y ahí te esperaré / toda la vida hasta mi muerte”), ‘Por un beso’ y el préstamo de Leiva, ‘Y qué le importa a nadie’. Del flamenquito a la rumbita, y de ahí a la canción intimista, fundiendo tonos confesionales y cadencias ligeras a media luz.

Rosario, a las antípodas del recital lineal, invocando ruidosamente a su padre, El Pescaílla, en ‘Al son del tambor’, y dialogando con su hermano Antonio en una pieza inédita recuperada, ‘Hace tiempo’, introducida por su voz original. Sí, mucha ayuda de la familia: rumba con tejidos cubanos en ‘Ay mamasota’, en honor a la matriarca Lola. Y temperamento desatado en ‘Los tangos de mi abuela’, camino de ‘Muchas flores’, más conocida como ‘Marcha, marcha’.

Y el sentimiento acabó imponiéndose al ritmo en los bises, culminados con ‘No dudaría’, de Antonio, y esa ‘bluesy’ ‘Quiero cantar’, reflejo de una Rosario iluminada por los suyos, los que están y los que ya no. “Cantar a la vida / Cantar al amor / Cantar a los seres que me miran / y que me dan calor”.