CRÓNICA

Un notable 'Requiem' de Mozart en el Liceu

Josep Pons dirige con buen pulso a las formaciones de la casa y al pianista Ignasi Cambra en su debut en el Gran Teatre

La orquesta y el coro del Gran Teatre del Liceu interpretan el ’Requiem’ de Mozart’. 

La orquesta y el coro del Gran Teatre del Liceu interpretan el ’Requiem’ de Mozart’. 

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César López Rosell
César López Rosell

Periodista

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Pleno de Mozart en el Liceu. La interpretación del universal ‘Requiem’ del genio de Salzburgo, con la orquesta y coro de la casa y cuatro destacados solistas, y el debut en el Gran Teatre de Ignasi Cambra con el ‘Concierto para piano, número 23’ eran alicientes más que sobrados para el brillo de este programa, que se repetirá el jueves 17, en el coliseo de la Rambla y después viajará a la Atlántida de Vic (el 18) y al Auditori de Sant Cugat del Vallès (el 26). La velada se completó con ‘Música para un funeral masónico’, bella y expresiva pieza concebida como ceremonia fúnebre en memoria de dos hermanos integrantes de la logia vienesa.

Aunque hemos disfrutado de mejores versiones de la popular misa mozartiana, obra como se sabe inacabada y completada por su discipulo Franz Xaver Süssmayr, el resultado conjunto de su interpretación fue más que notable, con una buena ligazón entre todos los participantes. La precisión de la batuta de Josep Pons, atento a todos lo detalles, contribuyó no solo a la buena conjunción de músicos y coral, sino a la integración del cuarteto de primeros solistas de nuestra lírica formado por la luminosa soprano Elena Copons, la sólida messo Gemma Coma-Alabert, el colorista tenor David Alegret y el gran barítono José Antonio López, una de las mejores y más poderosas voces en su cuerda del país.

La exigencia de dar respuesta a la ortodoxia, sin desviarse ni de fondo ni en la forma de la partitura original, restó en algún momento espontaneidad. Ello se reflejó en una cierta irregularidad en el rendimiento en las siete secciones de la obra maestra, pero sin, como queda dicho, perjudicar más allá de algunos matices al conjunto. Faltó por ejemplo más contundencia en el ’Rex tremendae majestatis’ y un poco más de emoción en el ‘Lacrimosa’, pero fue excelente el ‘Tuba mirum’ o el ‘rush’ final con el ‘Sanctus’, ‘Benedictus’, ‘Agnus Dei’ y ‘Lux aeterna’.

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El debut en la sala de Ignasi Cambra (Barcelona, 1989) después de haberlo hecho ya en el Auditori y Palau y actuado de la mano de su padrino musical Valery Gergiev en el Mariinski de San Petersburgo entre otras salas internacionales, se saldó con una más que buena acogida. Recibido con cariño por el público, el pianista invidente barcelonés, integrado en el proyecto ‘Partitura’ de Maria Joao Pires, acreditó que su trayectoria formativa y su experiencia en los escenarios lo están convirtiendo en un solista con futuro que está superando la fase del diamante por pulir.

El artista se mostró maduro y sensible en la interpretación del ‘Concierto para piano, número 23’ transmitiendo la alegría, teñida por momentos de melancolía, del ‘Allegro’, y la pasión y el carácter onírico, con un buen tratamiento de las dinámicas, del ‘Adagio’. El ‘Allegro assai’ final, un rondo de cambiantes tonalidades, remató una aclamada actuación que coronó con un bis de Scarlatti.

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