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HASTA EL 15 DE ENERO

Un USB, ¿icono artístico de la paz tras ETA?

La Fundación Tàpies constata el fin de la violencia en la sociedad civil en la exposición '1989. Tras las Conversaciones de Argel. Delirio y tregua'

Anna Abella

Exposición 1989. Tras las conversaciones de Argel. Delirio y tregua en la Fundació Antoni Tàpies. / ALBERT BERTRAN

Exhibido en una vitrina, el USB que ETA envió al diario ‘Berria’ el 20 de octubre del 2011, en el que la banda terrorista anunciaba el cese definitivo de su actividad armada, bien podría ser el icono artístico de la paz en el País Vasco, que aún carece de él. También podría serlo el 'Puppy' de Jeff Koons, la enorme escultura de un perro floral que recibe a los visitantes del Museo Guggenheim de Bilbao, y contra la que tres etarras intentaron atentar con granadas en 1997 en un ataque en el que resultó herido el ertzaina que los sorprendió. Ese objeto y otro ‘Puppy’, blanco y de tamaño casero, del artista estadounidense, forman parte de la exposición ‘1989. Tras las Conversaciones de Argel. Delirio y tregua’, que puede visitarse en la Fundació Tàpies, comisariada por su director, Carles Guerra.

Está pensada como una maqueta con imágenes, objetos, documentos, fotos y obras -entre otros, de Miró, Oteiza, Chillida y el propio Tàpies- que forman un mosaico que intenta “celebrar la paz civil en una sociedad que desde hace cinco años viene demostrando que tiene ganas de concluir este proceso, la gente ha asumido la paz aunque aún no haya un acuerdo político del Gobierno que la rubrique”, explica Guerra, que con esta muestra no quiere "ilustrar la violencia y el drama sino empoderar a la imaginación civil que lo ha vivido para escribir la historia que ella desea”. Porque, añade, no existe aún un relato en las instituciones de la historia reciente del País Vasco y necesitamos “entender”. Por ello, a pesar de que el tema aún es extremadamente “sensible” (hay artistas que han declinado participar), aboga por “el derecho a poder hablar del conflicto”, huyendo de la parte “traumática” que “nos ha dejado mudos”. 

EL COMPROMISO DE TÀPIES

ETA fue un delirio, un monstruo que asesinó a casi 900 personas, pero en sus orígenes demostró cierto grado de sofisticación y articulación internacional”. Y lo aclara mostrando unas fotos de Pasolini en una manifestación en 1970 en solidaridad con los etarras condenados a muerte en el proceso sumarísimo de Burgos. Contra ello también se rebeló Antoni Tàpies, a través de un lienzo que luce en el piso de arriba de la Fundació hecho con una diana a la que su hijo disparaba con balines. Al lado se observa 'Composición con números' (1976), que según Guerra “podríamos creer una obra abstracta hasta que nos fijamos en los detalles”: se refiere a la muerte a tiros a manos de la Guardia Civil del anarquista Oriol Solé Sugranyes, durante la fuga de presos de ETA y del FRAP de la cárcel de Segovia. Pintó 29 números por cada fugado y solo uno sobre rojo sangre.  

Muy cerca figura, por primera vez en el centro, su pintura 'L’esperit català' (1971), prestada por el Museo Universidad de Navarra, símbolo del compromiso político, donde refleja alrededor de 'les quatre barres' reivindicaciones de la época en Catalunya como “la soberanía popular”, “la igualdad social” y en el trabajo o “el derecho al tiranicidio”, que ligaría con el atentado de ETA contra Carrero Blanco.

PUIG ANTICH

De nuevo en el centro de la exposición, otro Tàpies, ‘A la memoria de Salvador Puig Antich’ (1974), realizado tras la ejecución del líder antifranquista, compañero de Sugranyes. A su derecha, la pieza ‘Étnicos’ (1998), de Ibon Aranberri. Es un despliegue de objetos cotidianos -pilas, mecheros, cables de batería, una baraja de cartas, 'tetrabriks' de leche, una botella y dos bombonas de butano cortadas por la mitad-, que “nos proyectan la idea de un secuestro en un zulo o de la fabricación de una bomba casera”.  

ALBERT BERTRAN

'Étnicos', de Ibon Aranberri. 

“No tenemos el perfil humano del terrorista, eso no significa que no sea un criminal, pero son gente y debemos conocerla. Por eso hemos redimido del escándalo algunas de las fotos que Clemente Bernad hizo en Pamplona, San Sebastián y Hernani y que desataron en el 2007 la polémica cuando se expusieron en el Guggenheim. Entre otras escenas, aparecen los efectos de la 'kale borroka', el llanto de una madre ante su hijo muerto manipulando explosivos o el rostro de la familia de un 'ertzaina' asesinado. 

También una foto, esta de Manel Armengol, muestra al teléfono, contactando con un comando de ETA, al desaparecido periodista Xavier Vinader, célebre por sus reportajes de investigación sobre la extrema derecha, el GAL y ETA en las páginas de 'Interviú'. De él también se expone un anónimo que le enviaron los terroristas para quedar y las preguntas manuscritas del reportero catalán para una entrevista al histórico de la banda Antton Etxebeste. Como todos los de la exposición, objetos cuya biografía se ha visto afectada por la violencia. 

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