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ENTREVISTA

William Finnegan: "Escribir no es muy diferente de surfear"

El reportero norteamericano publica sus memorias, 'Años salvajes', con las que obtuvo el Premio Pulitzer

ELENA HEVIA / BARCELONA

Poca gente hay que no solo tenga la intimidad y comprensión del mar de William Finnegan (Nueva York, 1952) sino también la capacidad de contarlo. Una leyenda dice que hay 40 palabras con las que los esquimales nombran la nieve, pero este periodista y surfista sabe cómo describir los mil matices en lo que el resto solo verían montañas de agua en movimiento. Para él en una ola cabe el mundo. Sus memorias, ‘Años salvajes’ (Periférica) relatan la juventud errante en busca de la perfección acuática de este hijo de productores de Hollywood, más conocido por ser uno de los reporteros bélicos más respetados y miembro del staff (una especie de Olimpo) del ‘New Yorker’. Con el libro ganó el Pulitzer e hizo que a muchos lectores a quienes el surf les interesa menos que cero quedaran atrapados.

El jurado del Pulitzer dijo que su libro era "una extraordinaria exploración en un arte exigente pero poco entendido". ¿Por qué entonces ha conectado con tantos lectores? Es verdad que el surf es casi una teología, un mundo cerrado con su propio lenguaje. Pero creo que el jurado se refería más bien  a que el libro consigue hacer entender las fuerzas ocultas del océano y a entender la intimidad con la que el surfista entiende el mar y capta su belleza. Eso es algo universal.

En Estados Unidos, el gran público apenas sabía nada de sus andanzas como surfista. ¿Por qué se decidió a revelarlas pasados los 60? Escribí un artículo para el 'New Yorker' sobre Mark Renneker un gran surfista que brilló en los 90 y mi editor me dijo que allí había un libro. Pero no me convencía escribir sobre una sola persona y pensé que lo que realmente me gustaría es contar mis propias experiencias. sobre la gente que me acompañó y los lugares que visité. Luego mi trabajo como periodista parecía más urgente y este era un proyecto que podía esperar.

Al rebuscar en sus recuerdos, ¿qué sentimientos guarda hacia el jovencito que era usted? Me siento muy cercano porque soy reportero, sigo arriesgándome. La construcción de estas memorias partió de los diarios que llevaba entonces y de una caja que me envió un gran amigo de mi infancia en California repleta de las cartas que le envié desde Hawái, donde mi familia se trasladó cuando yo tenía 13 años. El estilo era muy malo pero estaban cargadas de detalles y eran la puerta de entrada a mi juventud.

"El día a día del surf es frustrante. Una vez al año se consigue un momento trascendente y solo por eso se soporta" 

El libro muestra muy bien esa sensación de plenitud e inmortalidad que solo se da en la juventud. Y el surf es una imagen perfecta para eso. Visto desde fuera, el surf da la sensación de libertad, de éxtasis en el sentido de iluminación mística, pero eso no es real. En realidad, el día a día es aburrido y también se siente miedo. Esos momentos de trascendencia son muy pocos, apenas uno al año, pero solo por ellos se soporta toda esa frustración.

¿Puede describirme uno? Yo tenía 20 años y estaba en las Fiyi, en una isla deshabitada en la que un amigo y yo encontramos una ola magnífica, pero muy difícil porque el lugar no era profundo, y peligrosa porque rompía sobre el coral. Estuvimos meses allí estudiando la ola, aprendiendo a leer su rapidez para cogerla de espaldas, lo que le añadía dificultad. No compartíamos aquel momento con nadie y sentí que no había otro lugar en el mundo donde quisiera estar.

¿Se puso límite a la hora de contar los detalles íntimos de su vida, drogas incluidas? No tanto por mí como por los demás. En todos los casos consulté a las personas interesadas sí querían relatara aquellas experiencias y quité material, primero conscientemente, después a petición de ellos.

¿Cree que existe una relación íntima entre el surf y la escritura? Creo que escribir no es muy diferente de surfear. Cuando bajas una ola, haces un uso inteligente de ella, lo que quiere decir que aprovechas al máximo los materiales que la ola te está dando en bruto, dependiendo de su velocidad, de su pendiente, de su rapidez para lograr el descenso perfecto. Cuando eres periodista no haces otra cosa que recoger los materiales y presentarlos con fluidez e inteligencia para que el artículo se muestre con el mejor estilo posible.

"Nuestra crisis política se llama Trump. En Estados Unidos la información ya no está basada en hechos sino en opiniones" 

Usted ha venido al CCCB de Barcelona a hablar de la relación entre periodismo y democracia en Estados Unidos. ¿Que el periodismo esté pasando por una crisis es un síntoma de que la democracia norteamericana también lo está? Nuestra crisis política se llama Trump. El periodismo norteamericano se ha transformado porque la información política, que lo domina todo, ya no está basada en hechos sino en opiniones con un importante protagonismo de la  radio, la televisión e internet, que mayoritariamente son medios de derechas.

¿Eso es lo que ha posibilitado el ascenso de Trump? Sí, un ejemplo claro es Fox News, un canal donde no existe el cambio climático o la ciencia. Ese tipo de periodismo es muy rentable. Pero incluso para Fox News, Trump es demasiado lamentable. Lo apoyan sencillamente porque no quieren a Clinton y todo acaba siendo parte de un magma en el que se mezcla la opinión y el espectáculo.

¿Cree que Trump está desactivado? Todavía faltan unos días y todo puede pasar. Tiene a los rusos y a wikileaks trabajando para él. Y si pierde tampoco hay que desdeñar al partido republicano que aunque está fracturado podría resurgir con fuerza con un candidato menos histriónico. El maestro de Trump es Steve Bannon, su jefe de campaña, dueño de la web conspiranoide 'Breibart News', que tiene grandes planes y conexiones fuertes con la Inglaterra que produjo el 'brexit', con Le Pen en Francia y la ultraderecha alemana.

¿Como una especie de internacional neofascista? Eso es.Y da bastante miedo porque Bannon es bastante más listo que Trump. 

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