CITA CON LA CULTURA NIPONA

Banana Yoshimoto: "A los 5 años ya escribía sobre la muerte"

Referente de la literatura japonesa, la autora de 'Kitchen', 'Tsugumi' y 'Sueño profundo' visita el Salón del Manga

Banana Yoshimoto, este lunes en el Salón del Manga, sonriendo junto a dos aficionados a la gastronomía japonesa. 

Banana Yoshimoto, este lunes en el Salón del Manga, sonriendo junto a dos aficionados a la gastronomía japonesa.  / JORDI COTRINA

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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Tras una apariencia de otaku, con pestañas bicolores y camiseta negra de dibujo manga recién comprada en el Salón, se halla Banana Yoshimoto (Tokio, 1964), todo un referente de la literatura de su país, con más de dos millones de ejemplares vendidos de novelas y relatos como 'Kitchen' (su premiado y aclamado debut, de 1988), 'Tsugumi', 'Amrita', 'NP', 'Sueño profundo''Recuerdos de un callejón sin salida' (todas en Tusquets) o su libro de recuerdos 'Un viaje llamado vida' (Satori). Con su nombre inspirado en las flores del banano (en realidad se llama Mahoko), es una veterana en las librerías españolas con una obra introspectiva, depurada, que prima los sentimientos sobre la trama.   

El sueño envuelve siempre a sus personajes. ¿Es una terapia para afrontar la tristeza, lo que les ocurre? Sí. Es así. Mi obra no muestra la realidad sino que está siempre en un territorio fronterizo entre la realidad y el delirio y lo onírico. Y mis personajes tampoco son reales, son como salidos de un sueño. 

En esa frontera aparecen fantasmas inquietantes pero que no suelen dar miedo. ¿Los ha sentido cerca? He sentido pocas veces la presencia de alguien que ya no está. Pero las novelas, situadas en ese terreno de más allá, son el lugar ideal para que esas presencias tengan más peso, igual que el sueño y el inconsciente. Esos espíritus son los que conectan lo real con lo que no los es. En nuestra vida diaria siempre pasan cosas que escapan a la lógica y son inexplicables. Deben canalizarse por algún lugar y es cuando nos damos cuenta del mundo inconsciente que hay dentro de nosotros. En las novelas de misterio la gente mata con una facilidad increíble, creo son más increíbles que los espíritus de mis novelas.    

Esa introspección -la psicología de los personajes, sus reflexiones y su mundo interior- también la define. Deseo que los lectores reconozcan las heridas invisibles de las que a menudo no somos conscientes y que las curen para llevar una vida auténtica. Que piensen: ¿qué haría yo si me pasara lo mismo que al personaje? Invitarles a la introspección. 

La muerte (de la pareja, una abuela, una amiga, suicidio...) rodea a sus personajes. ¿Son sus propias reacciones a sus pérdidas? No se me da bien escribir historias de amor ni novelas históricas pero sí hacerlo sobre la muerte, así que me concentro en ello. Reflexionar sobre la pérdida se me da bien. No he perdido a nadie en particular que haya hecho que la muerte sea una obsesión. Pero siempre ha estado muy presente en mi vida. Desde muy pequeña, ya a los cinco años, escribía historias que hablaban de la muerte. Siempre leía libros y mangas y mis gustos quedaron fijados muy temprano.

"Deseo que los lectores reconozcan en mis personajes las heridas invisibles de las que a menudo no somos conscientes y las curen"

¿Teme a la muerte? Morir como tal no me da miedo. Sí me da miedo sufrir, el dolor. No estoy convencida de que haya vida tras la muerte. Creo que en nuestro interior hay un sistema que nos hace pensar que nuestra existencia trascenderá a la muerte. Igual que tenemos la necesidad de creer que las personas que nos han dejado siguen de alguna forma a nuestro lado, a nuestro alrededor.  

Sus protagonistas son mayoritariamente mujeres. Para mí me es más fácil escribir sobre mujeres porque soy mujer. Si no tuvieran parte de mí no podrían ser protagonistas, pero algunas piensan de forma antagónica a mí. 

Pertenece a una generación de escritores que no miran tanto la tradición japonesa sino que hablan de su generación, de urbanitas que buscan su lugar en el mundo. Sí, hubo un punto de inflexión en los 80, cuando Japón hizo un esfuerzo por hacer una novela que tuviera una proyección internacional. Mi obra no muestra la realidad pero sí que en las últimas novelas reflejo algo de lo que ocurre en el Japón contemporáneo, cosas como la pobreza, la crisis o el maltrato infantil, pero siempre de una forma abstracta.  

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