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La Cubana se da un homenaje

La compañía hace de 'Gente bien', de Rusiñol, un festivo y brillante musical con aroma a despedida

José Carlos Sorribes

Gente bien, de La Cubana.

Gente bien, de La Cubana. / DAVID RUANO

Nadie podía pensar que La Cubana, tras casi cuatro décadas de vida, iba a hacer una gran revolución con su primer musical. Porque es cierto que en ‘Gente bien’, su adaptación de la sátira de Santiago Rusiñol sobre los nuevos ricos de la burguesía modernista, se canta y se baila. Y mucho, pero nunca se renuncia a las señas de identidad que han hecho de La Cubana una marca teatral. Todos los trazos que han definido su aclamado hacer, desde su debut en 1980, están presentes en un montaje llamado a seguir el camino de ‘Campanades de boda’. Seguir ya sería más que suficiente por el eco y éxito que alcanzó su anterior propuesta.

No dejaba de tener su riesgo rescatar un sainete estrenado en 1917 y darle lógicamente una buena sacudida. Del original queda el tronco argumental que se traslada, en caprichosos saltos temporales, de 1917 a 1951, 1980 y 2017, aunque en este último caso es inexistente. Una familia de charcuteros se convierte, al amasar fortuna, en los condes de Arbucias. Sus peripecias para ganar reputación y así adaptarse al nuevo status derivan en una quincena de números musicales y momentos realmente divertidos. La dificultad para dejar el catalán y hablar en castellano está entre los más logrados.

EL GAMBERRISMO DE SIEMPRE

Nada será lo que parece, como no podía ser de otra forma, y el juego con el público cobrará pronto mayor relevancia que la propia ‘Gente bien’. El recurso metateatral convierte a Jordi Milán, el director de La Cubana, en el maestro de ceremonias del constante cubaneo, arma escénica siempre gamberra, ingeniosa y estimulante. Conviven estas interrupciones y números con personajes desperdigados por la platea con acciones brillantes en el escenario: los pasos de claqué de Toni Sans o su dúo con el coreógrafo (Oriol Burés). La música grabada de Joan Vives es un excelente complemento, igual que un vestuario de época con todo detalle o el eficacísimo vídeo 'mapping' que apoya la escenografía.

Pese a que la obra está peor resuelta en la época franquista o en las más actuales, algo apresuradas, siempre acaba seduciendo el trabajo estajanovista, por la multitud de personajes,  de 15 actores de todas las épocas de la compañía. Se hace inevitable destacar al propio Milán y a dos grandes e históricas de la compañía: Mercè Comes Mont Plans. El trío protagoniza una escena de emotivo amor al teatro, de mirada nostálgica a los viejos tiempos y que conduce a pensar en un final de trayectoria. Porque ‘Gente bien’ es un autohomenaje que se da con justicia el grupo. Y es que si Milán dice que hoy es época de “poner un musical” en nuestras vidas, mejor sería decir: “Ponga a La Cubana en su vida”. Que parece que se acaba.   

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