Ir a contenido

ENTREVISTA

Delphine de Vigan: "El peor enemigo del escritor está en su interior"

La escritora francesa que triunfó con 'Nada se opone a la noche' publica ahora 'Basada en hechos reales'

ELENA HEVIA / BARCELONA

La escritora francesa Delphine de Vigan, en el Instituto Francés de Barcelona. 

La escritora francesa Delphine de Vigan, en el Instituto Francés de Barcelona.  / ALBERT BERTRAN

Escribió un libro lacerante sobre el suicidio de su madre que arrastró un tsunami de lectores. Se diseccionó a sí misma con el bisturí de su escritura y mostró su dolor como en una autopsia. El problema para Delphine de Vigan (Boulogne - Villancourt, 1966) ha sido qué hacer después. Cómo luchar para que su gran éxito 'Nada se opone a la noche' no acabase devorándola. La respuesta es 'Basada en hechos reales' (Anagrama / Edicions 62), Premio Renaudot y Goncourt de los estudiantes, que aparece cuatro años después de aquella y en la que una escritora llamada Delphine se enfrenta a la impotencia de la hoja en blanco. Todo alrededor de esa narradora, éxito, novela confesional, hijos, pareja, se ajusta a lo que conocemos de ella pero no hay que confiar demasiado en una historia que a modo de cajas chinas obliga al lector a preguntarse por los límites de la ficción y la realidad. Especialmente cuando el personaje de L. una misteriosa fan irrumpe en la vida de Delphine y el relato se convierte en una trama a lo Hitchcock o en un trasunto del 'Misery' de Stephen King.

Este no es el libro que los lectores esperaban después de 'Nada se opone a la noche', pero en cierto modo es una respuesta, nada convencional, a él. Efectivamente existe un vínculo entre ambas novelas aunque se pueden leer de forma independiente. Escribí 'Nada se opone a la noche' muy poco tiempo después de morir mi madre en una especie de emergencia pero cuando salió al mercado me di cuenta de que no había cerrado del todo la caja negra.

¿Por qué? Porque indefectiblemente los lectores solían hacerme dos preguntas. La primera es: "¿Todo es cierto?", lo que provocó que muchos aspectos de mi vida privada y la de mi familia hoy corran libremente por internet. De haber escrito esta novela hoy, creo que desfiguraría mucho más esos datos. La otra pregunta es: "¿Qué se puede escribir después de esto?". Lo que implicaba la idea de que aquel libro pudiera ser el último.

"Hoy desfiguraría mucho más los datos de mi vida privada que aparecen en 'Nada se opone a la noche' 

En 'Basado en hechos reales', ese miedo se muestra de forma enfermiza. Conozco muy bien ese temor. Para mí, cada libro es potencialmente el último, pero en esta novela sí que sentí de una forma más acentuada no ser capaz de poder escribir otro más.

En la novela se dice que ningún escritor sale indemne del éxito de un libro. ¿Es su caso? En mí la parálisis no estuvo tan vinculada al éxito, a la recepción de los lectores, como a la naturaleza de 'Nada se opone a la noche', un libro que replanteaba de forma dolorosa mi vida familiar.

Mientras leía 'Basado en hechos reales', en un determinado momento sentí que no pisaba suelo firme, que estaba usted jugando con mis certezas. ¿No tiene miedo de provocar la desconfianza del lector? Me gusta eso de que el suelo haya temblado bajo sus pies porque es el objetivo del libro. La intención era hacer entrar al lector en una especie de fiesta, de la que ni él ni yo conociéramos las reglas del juego. Lo que hago es invitarle a descubrir cosas. Yo tenía ganas de que cuando el lector leyera esta novela se quedase atrapado por una historia terrorífica pero que también se interrogara sobre su relación con la lectura.

"Quería que el lector quedara atrapado por una historia terrorífica pero que también se preguntara por su relación con la lectura"

No es ya que hable de las fronteras entre la ficción y la realidad es que hace un endiablada mezcla de ambas. Es que creo firmemente que no hay fronteras. A menudo hablamos de pura ficción como si eso pudiera ser así, porque la ficción siempre queda impregnada de las cosas que hemos sentido y vivido. La memoria misma es una fábrica de ficción.

La pregunta es: ¿se puede ser sincera como autora sin que lo que se explique sea cierto? Por supuesto. Le voy a dar un ejemplo. Yo recuerdo el patio de mi colegio como un espacio inmenso con árboles enormes que me daba un poco de miedo. Si hubiera tenido que describirlo en una novela hubiera sido así. Hace poco acompañé a un periodista que quiso seguir el rastro de mi infancia en la ciudad de provincias en la que viví, cerca de París, y vi ese colegio. ¡Era minúsculo, muy íntimo y para nada intimidante! La literatura juega constantemente con esas cosas. Afirma una especie de verdad que surge de la subjetividad, es una suerte de reinvención que es más cierta que lo real y que permite aceptar otra forma de verdad.

¿Qué ocurre con los escritores franceses -pienso también en Emmanuel Carrère y en Annie Ernaux- que han transformado radicalmente el concepto de novela?  Hoy en Francia novela no quiere decir ficción. Es verdad, Carrère es alguien que nos ha abierto las puertas a todos. Es un pionero que explora las cosas de manera especial en cada libro. Ernaux, en otro género distinto, también es muy buena. Ambos nos marcan un camino para reinventar otra forma de novela, para liberarnos de las etiquetas.

El libro es un homenaje a Stephen King, que a priori no es un autor que habría relacionado con usted. Yo quería escribir una historia de miedo y para mí el maestro es Stephen King. Le considero un grandísimo escritor. 'Dolores Clairbone', por ejemplo, un libro inspirado en su madre, es un texto extraordinario sobre el amor materno y el incesto. Además él ha cultivado mucho el tema del doble, que es crucial en 'Basada en hechos reales'. En las novelas de King siempre hay una reflexión sobre la creación y la condición del escritor que da mucha profundidad a su trabajo.

Entre las dos mujeres protagonistas, Delphine y L., hay un ambigüedad sexual. ¿Era necesaria? Yo quería que hubiera una fuerte seducción entre ambas porque si no, su relación de amistad y más tarde de dependencia no funciona. Pero la sexualidad no es el tema del libro, solo quería que estuviera presente como algo que impregna el conjunto de la novela. Sin esa seducción no se entendería el proceso de vampirización que se produce.

El lector interpreta que usted es la narradora del libro, Delphine, pero acabada la novela impera la sensación de que en realidad usted ha acabado identificándose mucho más con la sibilina L. (Ríe). Yo soy un poco las dos. Lo que me interesa es que el lector se pregunte quién es quién y finalmente quién realmente es el que escribe. Todo forma parte del juego. Cuando ambas mujeres contrastan sus respectivas infancias se produce el auténtico encuentro entre ambas. ¿No buscaba la verdad? Ahí está la verdad.

"La frontera entre razón y locura ha impregnado muchos de mis libros. Tiene que ver con mi experiencia"

Antes hablábamos de miedos, ¿en esta novela se refleja el temor de Delphine de Vigan, de la Delphine de Vigan real, a la bipolaridad de su madre? Si es así, yo díría que fue inconscientemente. Pero en todo caso, para mí es una manera de explorar un tema que me resulta cercano y que ha impregnado muchos de mis libros: la frontera entre la razón y la locura, ese momento en que podemos pasar de una a otra sin darnos cuenta. Eso es algo importante en mi vida porque lo he experimentado personalmente a través de mi madre. Y también lo es en mi trabajo, porque con toda seguridad volveré a él más adelante.

¿Ha disfrutado escribiendo esta novela? No, en absoluto. El libro es muy lúdico. Es una especie de juego y por eso la gente tiende a creer que me divertí.

Es verdad. Fue muy complicado para mí, porque descansa en una construcción muy precisa y cuando empecé a escribirlo tenía muchas dudas. Era como si tuviera un demonio encima de mi hombro mirando lo que escribía y riéndose de mi trabajo. Creo que el peor enemigo del escritor siempre está en su interior y eso es lo que me estaba pasando. Yo, al contrario que la protagonista de mi novela, no tuve que luchar contra la página en blanco sino con la idea de que lo que estaba escribiendo era directamente malo. Solo al final me di cuenta que el edificio que había construido se sostenía porque es una escritura que se parece a un guion de cine.

Y de ahí a interesar a un director de cine, un paso. Y a Roman Polanski nada menos, que acaba de escribir el guion con Olivier Assayas. La esposa de Polanski, Emmanuelle Seigner será Delphine y Eva Green, L. Cuando él me propuso hacer la película, casi me desmayé de alegría. No me podía imaginar a nadie que pudiera comprender mejor esta historia. Empezarán a rodarla dentro de un mes. 

Temas: Libros