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RECUPERACIÓN DE UNA PIONERA DEL ARTE

Lluïsa Vidal y la mala suerte de ser mujer

El MNAC dedica una exposición a la pintora modernista, tan reconocida en vida como olvidada tras su muerte

Natàlia Farré

Imagen de la exposición con Amas de casa, a la izquierda; y La niña del gatito negro, a la derecha.

Imagen de la exposición con Amas de casa, a la izquierda; y La niña del gatito negro, a la derecha. / JOAN PUIG

Lluïsa Vidal (1876-1918) fue una gran pintora modernista, pero era mujer. Y esa condición, la de mujer, es uno de los motivos, sino el motivo, de que su producción, buena a tenor de las críticas del momento y las actuales, haya caído en el olvido. Fue una pionera: la primera mujer que logró hacer de la pintura su profesión y su modus vivendi. Expuso en numerosas ocasiones en la Sala Parés, recibió encargos de toda la burguesía de la época, tuvo taller propio e incluso se fue un año a París, en 1901, a formarse con Eugène Carrière. Hitos todos difíciles de conseguir y entender a principios del XX, tiempos en los que las mujeres pintaban en casa, como 'hobby', cuadros de flores.

Pero falleció joven, con 42 años víctima de la gripe española, y llegó el olvido. "Con su muerte desaparecieron ella y su obra. Murió soltera, la familia se separó y nadie respetó su trabajo", explica Consol Oltra, la historiadora que ha seguido su rastro hasta recuperar el personaje y su legado y que ahora comisaría la exposición que le dedica el MNAC, hasta el 15 de enero. La primera en Barcelona desde el 1919, año en que hubo una muestra  póstuma en la Parés, y con el paréntesis de la pequeña presentación que el Museu del Modernisme le dedicó en el 2014.

JOAN PUIG

'Mujer con labor', un óleo de Vida durante años atribuido a Ramon Casas.

"También se aprovechó mucha obra suya que apareció después firmada por otros autores más cotizados, inexplicable pero cierto", prosigue Oltra para justificar tanto ostracismo. Y es que Vidal era tan buena que sus piezas se mutilaron para firmarlas de forma apócrifa a pintores que daban más réditos, como Ramon Casas y Santiago Rusiñol. De estos ejemplos hay uno en la exposición (que reúne 70 piezas, 55 de ellas pinturas), se trata de 'Mujer con labor', un óleo que en 1972 entró en el Museu de Vilafranca con el legado de Manuel Trens como un trabajo de Casas. Los bocetos encontrados por Oltra no dejan ninguna duda de que se trata de una pieza de Vidal y así se ha retribuido.

Se dedicó a los retratos y a la pintura de género, raramente hizo paisajes o bodegones, y su gran aportación, a juicio de Oltra, es su "mirada del entorno femenino, de la intimidad del hogar" hasta entonces retratado siempre por hombres. "Vidal da una visión diferente porque es una mirada amiga, una mirada acostumbrada a dicho entorno", apunta la historiadora.  Pinta siempre a las mujeres en actitud dinámica, sonriendo y de forma optimista, como en 'Amas de casa', "la imagen más moderna que nadie ha mostrado nunca de una tarea tan banal como hacer la colada", concluye Oltra.

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